Cristóbal y el niño | Letras Libres
artículo no publicado

Cristóbal y el niño

Cuenta la Leyenda dorada

que el bondadoso fortachón

trepó al niño en sus hombros

y comenzó a cruzar el río.

Al tiempo que crecía el peso

del niño, aumentó el nivel de las aguas,

como si su cuerpo fuera de plomo.

Hacia la mitad del cauce

Cristóbal creyó que no podría

soportar el ímpetu del río

ni aquella carga enorme, intolerable.

Sus pies se hundían en el fango.

Pero se sobrepuso y cruzó.

“Cristóbal –dijo el niño entonces–,

no te extrañe ese peso terrible

porque sobre tus hombros cargabas

al mundo entero y al dolor del mundo.”

Y es cierto. Este mediodía los vi.

Bajaban juntos la cuesta

empedrada del cerro, rumbo al lago.

El niñito, ahora adolescente, trastabillaba;

era visible su dificultad al andar, su lucha

por hacer los más simples movimientos.

El hombre lo tomaba del brazo,

lo soltaba, volvía a sostenerlo.

Llegaron al final, donde el talud

se convierte en una escalera.

“¿Y ahora?”, pensé.

Pues nada: el hombre le ayudó a subir

sobre su espalda, a caballo.

Descendieron, paso a paso,

escalón tras escalón.

Atravesaron la carretera

bajo el sol del verano

–yo diría que contentos–

hacia el lago impasible. ~