Castoriadis: biografía de un viejo conocido | Letras Libres
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Castoriadis: biografía de un viejo conocido

La relación del filósofo (1922-1997) con México pasa en primer lugar por su amistad con Octavio Paz, heredada por su compatriota griego, el también filósofo Kostas Papaioannou, con quien Paz solía hablar en los cafés de París “de Zapata y su caballo y de la cubierta Deméter”, según lo recordó Kostas en un famoso poema. (Ambos habían llegado en el mismo barco como inmigrantes a Francia en 1945 tras la debacle de su país por la ocupación nazi.) Además de Paz, que desde 1980 difundió una decena de artículos de Castoriadis en Vuelta y que lo trajo en 1990 al encuentro “La experiencia de la libertad” –donde desconcertó a más de uno por su implacable crítica a las oligarquías liberales–, el autor de Las encrucijadas del laberinto (1978) trató con Julián Meza, quien también fuera su editor. En sus seminarios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en París tuvo alumnos mexicanos, entre ellos Rafael Miranda y Conrado Tostado. Finalmente, durante sus visitas a México, conocieron y trataron a este “Aristóteles apasionado” los filósofos Juliana González, Enrique Hülsz y el sociólogo Guillermo Díaz Muñoz, entre otros. Algunos de sus lectores o traductores en México han sido Gabriel Zaid, Ulalume González de León y Gerardo Deniz.

Por lo que toca a su obra, la revista anarco-libertaria Caos de Héctor Subirats y José Luis Rivas publicó en 1979, acaso gracias a Fernando Savater, una entrevista con Castoriadis llamada “Ante la guerra”, donde advertía contra “las versiones más estúpidas del marxismo más primario”, tan pronta y duraderamente trasplantadas a América Latina. Gracias a las traducciones de Tusquets y posteriormente de Eudeba, Trotta, el Fondo de Cultura Económica y Siglo xxi, la obra de Castoriadis ha sido leída y compartida en Iberoamérica como un secreto a voces entre los que creen que la verdadera revolución no pasa necesariamente por círculos de lectura de El capital, partidos providenciales, guerrillas, lealtades sectarias, dogmas ideológicos, teorías charlatanas sobre el poder, expedientes simplistas como el imperialismo norteamericano, y ni siquiera por las izquierdas biempensantes, sino por la autonomía (mezcla de responsabilidad y lucidez) y sobre todo por la democracia directa.

Aparecida en francés en 2014 y en español en 2018, la biografía Castoriadis. Una vida de François Dosse nos revela no solo el trayecto particular del hombre, sino el bullente medio intelectual europeo de mitad del siglo xx: entre más devastadora se tornara la vida al compás de las guerras mundiales, las dictaduras militares y la censura ideológica, con más pasión surgían las ideas y reflexiones encaminadas a buscar asideros de la libertad. El París de la posguerra era el medio semiderruido donde las afinidades (lejos del Estado, las universidades y sus sedantes: becas, infraestructura, compromisos, etc.) tomaban cuerpo de revistas y proyectos adelantados espontáneamente. Así, Socialismo o Barbarie, Textures, Esprit, entre otras, fueron las tentativas políticas y editoriales de las que Castoriadis estuvo cerca con sucesivos compañeros de ruta como Claude Lefort, Edgar Morin y Pierre Vidal-Naquet. (Por cierto que los jóvenes del famoso mayo francés no leían a los intelectuales althusserianos ni estructuralistas –como sigue creyéndose en México–, sino Socialismo o Barbarie, fundada y dirigida por Castoriadis, según ha declarado el propio Daniel Cohn-Bendit.)

“Pensar lo que se hace y saber lo que se piensa.” En esta frase, mucho más exigente de lo que parece a primera vista, solía resumir Castoriadis su experiencia y reflexión como psicoanalista y filósofo político a lo largo de las décadas. En otro sentido, la indagación a la que se entregó sistemáticamente sobre la democracia ateniense (con la probidad intelectual de quien investiga directamente en las fuentes originales) lo llevó a la certidumbre de que la libertad, entendida como el cuestionamiento efectivo de instituciones y creencias, es una abrumadora excepción en la historia de la humanidad y aun en la vida particular de los individuos. Por supuesto, a despecho del multiculturalismo actual, supo que la política y el imaginario que conlleva (ciudadanía, derechos, autodeterminación del démos) es una creación exclusiva de una sociedad (la de Atenas entre los siglos VIII y V a. C.) y el legado de Europa reactivado especialmente en la Revolución francesa: estamos lejos del despotismo oriental, del monoteísmo, de las cosmovisiones mistificadoras de las sociedades primitivas y del “pensamiento débil” de la actualidad.

El autor de La institución imaginaria de la sociedad (1975) abrió caminos todavía insospechados para pensar y ejercer la característica que él reconoció como primordial del ser humano: la imaginación creadora. Fue además un hombre cultísimo, lector de varias tradiciones literarias en su lengua original (de Safo a Rilke y Proust); pianista y compositor; el feroz enemigo del conformismo posmoderno; el joven que tradujo a Max Weber del alemán al griego en sus años de preparatoria; el exiliado que escribió el grueso de su obra en francés; el teórico cercano a Christopher Lasch y finalmente uno de los lectores más apasionados de Aristóteles, Marx, Freud y Tucídides.

La biografía de François Dosse (de sobra reconocido en el género por trabajos como el que dedicó a Paul Ricoeur) ha agotado las fuentes documentales y testimoniales, y representa en última instancia una contribución notable para propiciar una reflexión sobre las ideas de Castoriadis a la luz de su trayecto, emblemático del siglo xx por haberlo vivido a lo largo de todos sus registros, del nazismo y el totalitarismo soviético al oprobioso dominio del capitalismo con su imaginario de la banalidad, la producción y el consumo ilimitados; una vida excepcional –como lo es la libertad misma– en su búsqueda y ejercicio de la independencia, la pasión intelectual y la lucidez política. “Cornelius Castoriadis –ha dicho uno de sus amigos– era un ateniense de los días de Pericles que caminaba, veinte siglos después, entre nosotros.” ~


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