Casi al fin del mundo | Letras Libres
artículo no publicado

Casi al fin del mundo

Amy Liptrot

Islas extremas

Traducción de María Fernández Ruiz

Madrid, Volcano, 2019, 262 pp.

Cerca de la península de Escocia, al norte, hay un archipiélago. Las islas que lo forman se llaman Orcadas y estuvieron a punto de despoblarse completamente entre los sesenta y setenta. Sin embargo, de vez en cuando llegaban sureños (casi todo el que llega allí lo es: las islas están a la misma latitud que Oslo y San Petersburgo) a establecerse allí. Ese fue el caso de los padres de Amy Liptrot, la escritora escocesa que debuta con las memorias En islas extremas, un relato de sus dos primeros años como exalcohólica en el que caben reflexiones sobre el mundo contemporáneo, la idea de pertenencia a un lugar o cómo han cambiado las relaciones con las redes sociales. Tiene una manera hipnótica de capturar la atmósfera de las islas del norte de Escocia y esa vida en la granja o en las playas mirando al cielo en busca de especies raras de pájaros.

“Mis padres querían comprar una granja y viajaron cada vez más hacia el norte hasta que encontraron una que podían permitirse”, escribe. Y: “Los orcadianos ya habían visto a muchos sureños idealistas mudarse a las islas y marcharse después de un par de inviernos.” Los padres de Liptrot aguantaron y criaron allí a sus dos hijos. El libro arranca con una espectacular escena (la única efectista del libro, por cierto, y se deja entrever que material para el efectismo, el tremendismo y la tragedia no le falta). “En medio de las palas de un helicóptero, por la pista del aeropuerto de la isla, llevan en una silla de ruedas a una joven con su bebé recién nacido en brazos hacia un hombre en camisa de fuerza, al que empujan en otra silla de ruedas desde la dirección opuesta. [...] Mi madre le presenta al hombre –mi padre– a su diminuta hija y me coloca un segundo en su regazo antes de que lo suban al avión y se lo lleven.” El padre de Liptrot tiene un trastorno maníaco depresivo que ha marcado su vida con las fluctuaciones, los cambios de carácter y la euforia desatada cuyas señales la escritora aprendió pronto a distinguir. La madre se refugió en la religión y se entregó a los evangelistas. El matrimonio está roto cuando Liptrot vuelve a la isla, después de pasar diez años en Londres, después de una ruptura sentimental especialmente dolorosa y un descenso agónico a los infiernos de la soledad y el alcoholismo. Liptrot vuelve a su casa, que ha sido vendida, para trabajar con su padre en la granja, que está a punto de venderse, para terminar de curarse, para mantenerse sobria y porque a pesar de sus expectativas sobre una vida de fiestas, risas y alcohol, los acantilados nunca dejaron de llamarla.

La autora hace un repaso de su vida: sus padres, su adolescencia y Londres. Fue perdiendo trabajos y alejándose de sus sueños de escribir. Fue perdiendo amigos y casi todo para entregarse al alcohol con desesperación. Hasta que al final decidió entrar en un programa de rehabilitación. Este libro, por cierto, es un reconocimiento a los programas públicos de ayuda a los adictos: gracias a uno de ellos, Liptrot pudo curarse.

Podría parecer que En islas extremas es otra de esas crónicas intensas desde las entrañas del dolor y la miseria y el regodeo en eso. Nada más lejos: los episodios alcohólicos que se cuentan solo sirven para dar fe de hasta dónde había llegado. Liptrot decide recorrer otro camino mucho más interesante para el lector y mucho más enriquecedor para ella como escritora, alejado de los relatos de superación. Habla de las islas, de cómo es la vida allí, de la mitología y de las leyendas que lo pueblan todo, de cómo es bañarse en el agua fría y de cómo se ha hecho adicta a la cocacola (ha cambiado una adicción por otra). Es como si no fuera de ningún sitio en realidad: creció en las Orcadas, pero sus padres no eran de allí; cuando estaba en Londres pensaba en las islas, en las islas añora su vida londinense. La acción está difuminada a propósito, porque lo importante no es solo lo que nos sucede, también todo lo demás: el contexto, las reflexiones, los olores, el paisaje y las lecturas. En islas extremas es el relato de la destrucción y la reconstrucción de Liptrot. ~


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