Por qué importa Colorado | Letras Libres
artículo no publicado

Por qué importa Colorado

Viajar a Denver, la capital de Colorado, inevitablemente conlleva la admonición de colegas estadounidenses de que hay que tomar en cuenta la elevación a la que se encuentra esa ciudad. La llamada “Mile-High City” (a 1,609 metros sobre el nivel del mar) efectivamente atestigua los mareos y desmayos constantes de quienes la visitan provenientes de otras partes del territorio estadounidense. Para quienes somos oriundos de la ciudad de México, acostumbrados a una altura de 2,250 metros sobre el nivel del mar, se trata apenas de un cosquilleo. Sin embargo, a primera vista pareciera que sí hay algo en su aire rarificado que ha logrado que en años recientes sus políticas públicas sean un tubo de ensayo, haciendo de Colorado un baremo del estado de ánimo de la sociedad estadounidense y de las aspiraciones y fortunas de los dos partidos políticos del país.

En Colorado, todo tema relevante de la agenda pública en Estados Unidos tiene una expresión local viva, dinámica y a veces polarizante y que poéticamente quizá refleja la topografía contrastante, típica del estado, entre los altos picos y las planicies. Colorado es hoy el nuevo Ohio –un barómetro de la fortuna política de los dos partidos políticos y de sus aspirantes presidenciales–, pero también es la nueva California: durante la última década, es el estado que ha lanzado los globos sonda sobre los temas de política pública más importantes para la nación. En gran medida esto se debe a que los votantes en Colorado están divididos entre demócratas, republicanos e independientes en partes prácticamente iguales. No hay predominio de uno u otro partido como suele suceder en otros estados y por ende muchas de las iniciativas que son presentadas a debate y consideración de la asamblea estatal reflejan ese amplio abanico y equilibrio ideológicos. Adicionalmente, el porcentaje de quienes votaron a favor de Obama en el estado, tanto en 2008 como en 2012, refleja con una precisión casi milimétrica el porcentaje de quienes lo hicieron a nivel nacional.

Pero además, Colorado posee una característica adicional que explica por qué un estado que había votado históricamente a favor del Partido Republicano en las elecciones presidenciales se convirtió en uno de los estados bisagra que le otorgó la victoria al Partido Demócrata en los dos recientes comicios. Ese factor es el peso electoral hispano y su creciente empoderamiento político, económico y social. Junto con Nevada, Virginia y Carolina del Norte, Colorado es uno de los estados que registran el mayor crecimiento de nuevos votantes y de esos la gran mayoría es hispana. Y son precisamente esa tendencia –los hispanos ya representan el 20% del total de la población de Colorado– y ese patrón los que explican por qué el voto hispano fue el que marcó la diferencia en estos cuatro estados y le dio el triunfo a Obama en 2008 y 2012.

Esto a su vez acredita en gran medida el perfil y la personalidad de quienes detentan cargos de elección popular en Colorado, empezando por John Hickenlooper, su gobernador y exalcalde de Denver. Hickenlooper, un exgeólogo, exempresario y demócrata centrista –y que podría ser un candidato idóneo como compañero de fórmula de Hillary Clinton o, incluso, si ella decidiese no buscar la nominación, un candidato potencial a la candidatura presidencial–, apoya la reforma migratoria integral y toma clases de español. Uno de los senadores por Colorado, el demócrata Michael Bennet, además de haber hecho un gran trabajo con la comunidad hispana y mexicoamericana de Colorado, fue uno de los ocho senadores que promovió e introdujo la ley bipartidista para una reforma migratoria integral aprobada por el Senado en diciembre de 2013, y que se pasó todo el 2014 durmiendo el sueño de los justos en la Cámara de Representantes como resultado de la incapacidad y falta de liderazgo republicanos para debatirla y votarla. Y uno de los congresistas republicanos que logró su reelección en los comicios legislativos del 4 de noviembre, Mike Coffman, modificó radicalmente sus posiciones con respecto al inglés como único idioma oficial (ahora toma clases de español) y su oposición a otorgar ciudadanía automática a los niños nacidos en Estados Unidos pero de padres extranjeros. Por otro lado, su rival demócrata Andrew Romanoff habla español a la perfección.

Lo ocurrido en la elección legislativa de este año en Colorado encierra varias lecturas clave para el futuro político de Estados Unidos. Primero, la elección ha acentuado el carácter bisagra del estado. Hickenlooper, quien hasta hace poco menos de medio año parecía tener la reelección en el bolsillo, acabó enfrentando un reto republicano serio que casi le cuesta la gubernatura. El senador demócrata Tom Udall, que buscaba reelegirse, perdió su escaño, en parte como reflejo de un voto de rechazo en contra del presidente Obama. A pesar de que los demócratas ganaron el estado en 2008 y 2012, hoy el 65% de los votantes considera que el país va en la dirección incorrecta (solo el 27% cree lo contario). Incluso, cuando Obama visitó el estado a hacer campaña a favor de Udall, este mantuvo una sana distancia. Pero también es evidente que la decisión de Obama de posponer acciones ejecutivas para mitigar los costos de un sistema migratorio disfuncional, si bien buscó blindar a los senadores demócratas vulnerables (los seis terminaron derrotados por la oposición), justamente le pudo haber costado a Udall su reelección al no movilizar al creciente voto hispano en el estado. Segundo, Colorado será de nuevo un campo de batalla clave para determinar la contienda presidencial en 2016. Si el Partido Demócrata no logra mantener su predominio en este estado, la ruta a la Casa Blanca, debido a la aritmética del Colegio Electoral en Estados Unidos, se le complicará. Por ello, en el escenario de una eventual candidatura de Hillary Clinton, tener a Hickenlooper en la fórmula para vicepresidente podría ser la diferencia entre retener o no Colorado, sin contar que el estado será una pieza clave de la estrategia electoral presidencial de los republicanos. Y tercero, ambos partidos tendrán que trabajar arduamente para cortejar y obtener el voto hispano, que ha demostrado no ser un voto cautivo.

En muchos sentidos Colorado se ha convertido en un microcosmos del país y un espejo en el que hoy Estados Unidos se mira a sí mismo. No solo tendrá una presencia fundamental en el debate de temas medulares para el futuro económico, político y social del país sino que la fortuna de uno y otro partido en este estado definirá lo que ocurra en la contienda presidencial de 2016. ~