Venezuela: ¿el destino más reciente de la tecnología de vigilancia de China? | Letras Libres
artículo no publicado

Venezuela: ¿el destino más reciente de la tecnología de vigilancia de China?

Las exportaciones de tecnologías de monitoreo y vigilancia a países con regímenes autoritarios son un motivo de preocupación por las posibilidades de manipulación política y vulneración de la privacidad que traen consigo. Y para muestra, el caso del gobierno de Nicolás Maduro.

Computadoras, teléfonos, repuestos de automóviles y maquinaria, acero. China es un gigante de la manufactura y exporta una lista prácticamente interminable de productos a países de todo el mundo. Ahora, además, comercializa productos un poco más cuestionables: herramientas de alta tecnología para monitorear y llevar un registro del comportamiento de las personas. Herramientas que, en opinión de sus detractores, están pensadas para ser vehículos del autoritarismo y la opresión.

Así parece suceder en Venezuela, cuyo gobierno autocrático ha estado recibiendo ayuda de la empresa de telecomunicaciones china ZTE para diseñar un programa avanzado de vigilancia ciudadana, tal como revela una investigación de Reuters publicada hace unos días.

El informe de Reuters brinda un panorama detallado del desarrollo y la implementación del nuevo documento de identidad inteligente de Venezuela, llamado “carnet de la patria”, que fue lanzado en 2016 por el presidente Nicolás Maduro con la asistencia de ZTE. El informe también explora las maneras en que el gobierno vincula cada vez más el carnet —que más de la mitad de los 31 millones de ciudadanos del país ya posee— con registros electorales, programas sociales (de entrega de alimentos subsidiados y atención de salud, por ejemplo) y otros datos relacionados con el comportamiento de cada persona, todo lo cual se almacena en la “base de datos de la patria”, también diseñada por ZTE.

Este carnet no es una réplica exacta del infame sistema de crédito social de China, una red muy avanzada de herramientas de vigilancia que asigna a cada ciudadano una especie de puntaje de crédito y, dado que ese puntaje varía, se usa para incentivar o penar ciertos comportamientos. Sin embargo, según Reuters, el sistema chino sí habría servido de inspiración y habría brindado parte de la infraestructura para desarrollar un proyecto de características similares en Venezuela.

Lamentablemente, Venezuela no es el único país de destino de la innovadora tecnología china para uso autoritario.

Como explican Daniel Benaim y Hollie Russon Gilman en un artículo publicado en agosto en Slate, otros gobiernos también han estado trabajando con empresas chinas para desarrollar programas de tecnología de punta con el fin de recopilar datos de sus ciudadanos: ya están en marcha proyectos de reconocimiento facial a gran escala en Zimbabue, cámaras con tecnología de reconocimiento facial impulsada por IA que los agentes policiales pueden llevar incorporadas al cuerpo en Malasia y una ciudad inteligente vigilada de cerca en Egipto.

Si bien en todos estos proyectos hay involucradas corporaciones chinas que apoyan mediante sus negocios a los regímenes autoritarios de esos países, no se pueden pasar por alto las conexiones que mantienen con el gobierno chino. Analicemos el caso de ZTE, la empresa de telecomunicaciones que está detrás del carnet venezolano. A pesar de que técnicamente es una empresa de capital abierto, tiene vínculos importantes con el régimen chino, al igual que otras empresas con sede en ese país. Como señala Reuters, “su principal accionista es una empresa estatal china y el gobierno es un cliente clave”. En Estados Unidos, la empresa ZTE también provocó controversia por vender tecnología a Irán y Corea del Norte en contra de las sanciones y leyes de exportación que pesan sobre esos países, por lo cual fue fuertemente multada.

El sistema de carnets y la asociación de Venezuela con China era algo que se conocía desde hace tiempo. Según el informe de Reuters, funcionarios del gobierno venezolano se reunieron por primera vez con representantes de ZTE en abril de 2008, durante el mandato del presidente Hugo Chávez. En esa ocasión pudieron conocer el sistema que China había implementado para hacer un seguimiento del comportamiento de sus ciudadanos, y lo que vieron, según un miembro de la delegación cuyas palabras se citan en el informe, “cambió todo”.

Después de años de deliberaciones y de algunos escollos en el proceso, vieron la luz el “carnet de la patria” y la correspondiente base de datos para almacenar la información que este recopila.

Actualmente, un equipo de empleados de ZTE trabaja dentro de la empresa estatal de telecomunicaciones para administrar la base de datos y el sistema. Al ser entrevistado por Reuters, un representante de ZTE dijo que la empresa no apoya al gobierno venezolano y que solo actúa por interés de negocio.

Según Reuters, ZTE sigue asistiendo al gobierno de Venezuela en el armado de la base de datos, que ya “almacena datos como fechas de cumpleaños, información familiar, datos de empleo e ingresos, inmuebles propios, historial médico, beneficios estatales recibidos y presencia en redes sociales, así como si la persona pertenece a un partido político y si votó en las elecciones”. El gobierno también contrató a ZTE para, por un lado, diseñar un sistema de pago móvil vinculado al carnet de la patria con el fin de crear un sistema estatal centralizado de vigilancia por video, y, por el otro, para construir seis centros de respuesta ante emergencias destinados a monitorear las principales ciudades del país, informa Reuters.

Todavía no se sabe cuánto poder pueden acumular los regímenes autocráticos gracias a estas exportaciones de vigilancia de alta tecnología, pero Venezuela ofrece algunas pistas. En octubre, luego de lanzar el carnet de la patria entre la población, hubo elecciones regionales en el país. Michael Penfold explicó lo siguiente en un informe para el Wilson Center:

“En el contexto de una competencia política reñida, el gobierno se dio cuenta de que tenía que movilizar sus bases y atraer a quienes simpatizaban con la oposición. Por eso fue que decidió relacionar las elecciones con algo que garantizara la movilización de gran parte de la población: la actualización del carnet de la patria. Los días previos a las elecciones, el gobierno colocó estaciones (“puntos rojos”) para renovar el subsidio alimentario cerca de los lugares de votación. Esas estaciones tenían conexión inalámbrica a Internet que permitía a los votantes renovar su carnet de la patria o su permiso [para recibir raciones alimentarias] mientras iban a votar. Al estar dispuestas así, daban la impresión a los votantes de que ir a votar era la condición para renovar su carnet, a pesar de que el voto no es obligatorio en Venezuela”.

Siete meses después, en las elecciones presidenciales de mayo de 2018, Maduro prometió “un premio bien bueno” a aquellos votantes que registraran sus carnets en unas estaciones dispuestas de manera similar. Parece que el premio no fue otra cosa que una treta que logró su propósito de movilizar a los ciudadanos para que fueran a votar; sobre todo, a los miles de venezolanos que se encuentran en una situación económica desesperada debido a la crisis que atraviesa el país.

El gobierno no solo ofreció incentivos, sino que difundió amenazas relacionadas con los documentos de identidad. En agosto, Maduro anunció que solo aquellos venezolanos que tuvieran los carnets seguirían recibiendo subsidios al combustible. Reuters también informa que hay indicios de que el gobierno ha comenzado a denegar el acceso a alimentos subsidiados a los ciudadanos que no tienen el carnet.

Los venezolanos —y, en realidad, cualquiera que defienda los derechos humanos— tienen muchas razones para preocuparse por que China exporte este tipo de tecnologías de control. Benaim y Russon Gilman explican lo siguiente:

“China está exportando al mundo entero un conjunto de herramientas de vigilancia, reconocimiento facial y recopilación de información de las que se valen los gobiernos para reprimir ciudadanos a una escala y con un nivel de eficacia algorítmica con los que gobiernos autocráticos anteriores solo podrían haber soñado. [...] Mientras que los gobiernos autocráticos del pasado se limitaban a usar informantes individuales y a hacer un seguimiento caso por caso, en el futuro podrán, como hace China, identificar de forma remota a miles de individuos a través de cámaras, rastrearlos de manera ininterrumpida y usar el poder sin precedentes de la inteligencia artificial y la informática para procesar los datos obtenidos mediante la vigilancia y explotarlos en tiempo real. Este tipo de tecnologías aún no se aplica de manera sistemática y a la perfección, pero China está trabajando para lograrlo. Se ha demostrado que incluso el hecho de sospechar que puede existir cierto grado de vigilancia, aunque no sea el caso, modifica el comportamiento de las personas”.

A lo largo de su camino por el mundo, este tipo de herramientas seguirán perfeccionándose y tentando a potenciales gobiernos autoritarios.

Hace unos días, Maduro publicó en su cuenta de Twitter que el carnet había servido para “impulsar la protección, la igualdad social, la solidaridad, el socialismo, la felicidad y la paz del pueblo venezolano”.

Pero en realidad, esta clase de tecnología de vigilancia parece estar diseñada para impulsar la protección y la felicidad de una sola persona en Venezuela: el mismo Maduro.

Este artículo es publicado gracias a una colaboración de Letras Libres con Future Tense, un proyecto de SlateNew America, y Arizona State University.

logofuturetense