Varados: refugiados cubanos en la frontera (segunda y última parte) | Letras Libres
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Varados: refugiados cubanos en la frontera (segunda y última parte)

El repentino final a una política migratoria que operaba desde la Guerra Fría en Estados Unidos ha cambiado la vida de miles de exiliados cubanos.

A escasos metros de Nuevo Laredo, cuatro puentes conectan México con Estados Unidos. Desde el lado mexicano de la frontera, incluso a una mínima distancia, la falta de oportunidades hace que Estados Unidos se sienta lejano. Las historias de los cubanos que no alcanzaron a llegar a aquel país antes de la cancelación de “Pies secos, pies mojados” [Wet foot, dry foot] nos lo recuerdan.

Laredo, Texas ha sido el punto de partida de muchos cubanos que llegaron a Estados Unidos después de realizar el peligroso viaje para solicitar asilo a los norteamericanos. Del otro lado, aquellos que tuvieron suerte como para obtener un estatus migratorio legal ahora Texas es su hogar, pero las cicatrices psicológicas permanecen, al mismo tiempo que se sienten mal por aquellos cubanos varados en el lado sur de la frontera.

Jeans Millán, de 34 años, fue mecánico de aviación, trabajó para Air France en La Habana. Él siempre procuró estar alejado de cualquier actividad política que pudiera meterlo en problemas, dice. Sin embargo, es hijo de un disidente político bien conocido, que ha entrado y salido de prisión en 12 ocasiones distintas, siempre acusado de conspiración política. En Cuba, a Milián le gustaba salir a de fiesta y a bailar. “Pero por ser hijo de mi padre, empezaron a ir tras de mí también,” dijo. “La policía llegaba y me hacían preguntas solo para meterse en mi vida.” Sentía que había gente que lo perseguía por las noches, y siempre reconocía a las mismas dos o tres personas que lo miraban en diferentes lugares durante la misma noche.

Después de un proceso largo y angustiante, a Milián y a algunos miembros de su familia se les concedió estatus de refugiados en la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, una pequeña oficina que estuvo dentro de la embajada de Suiza desde 1977 hasta 2015. En abril de 2010, abordaron un avión desde La Habana hacia la Ciudad de México, después a Miami y de ahí a Dallas, donde los recibieron oficiales del gobierno estadounidense y les concedieron la residencia legal.

La ciudad que terminarían llamando su hogar llegó de manera inesperada. A Milián, su padre, madrastra, hermanastra, dos hermanos, y un sobrino se les había dicho en Cuba que vivirían en Las Vegas, pero al llegar se les avisó que vivirían en Austin, Texas. “Ahora creo que fue una buena decisión, porque realmente me gusta Austin,” dijo. Milián se siente aliviado de tener una buena vida en Texas, pero no puede evitar sentirse mal por aquellos que no lograron llegar a Estados Unidos antes de que terminara “Pies secos, pies mojados” [Wet foot, dry foot]. “Fue inesperado. Los que tenían planeado venir, que ya habían vendido todo para pagar el viaje, los que están en la frontera de México, ellos son quienes más están sufriendo, ¿sabes? Son gente que tenía todas sus esperanzas en esto,” dijo.

Incluso conoce personalmente a quienes se vieron enredados en esto. “Oh, papá,” me dice con un marcado acento cubano y un tono nostálgico, “Tengo un amigo que pagó para traer a su hermana de Cuba. Pagó casi 15,000 dólares para traerla de frontera a frontera… Todos sabemos que ese viaje es peligroso, y entre más pagas, es más seguro. Su hermana estaba en México cuando se enteró de que la política había terminado, y tuvo que volverse a Cuba.”

Una persona que se va de Cuba y regresa es normalmente llamada “gusano,” un término altamente ofensivo para quienes se acusa de traición al gobierno cubano por irse a Estados Unidos. “¡Ahora la llaman gusano!”, dice con tristeza. Pero Milián piensa que lo cubanos seguirán llegando a Estados Unidos, a pesar de la cancelación de “pies secos, pies mojados.” “Si yo estuviera en la frontera y tuviera la posibilidad de brincarme o regresar… Yo no regresaría ni para coger impulso,” dice, riendo.

Después de la cancelación de “pies secos, pies mojados,” algunos cubanos han cruzado la frontera para buscar estatus de refugiado, pero ahora tienen que tramitar el proceso como los ciudadanos de cualquier otra ciudadanía. Esto significa que, al ser aprehendidos cerca de la frontera, se les encierra en alguno de los muchos centros de detención existentes en Texas en lo que se resuelve su caso, lo cual puede tomar hasta seis meses.

En junio de 2017, el presidente Donald Trump, en otro de sus numerosos esfuerzos para distanciarse de las políticas impuestas por Barack Obama, reinstaló las restricciones para que los estadounidenses viajen a Cuba, al mismo tiempo que impuso nuevos obstáculos para hacer negocios con la isla. Trump acusó al régimen comunista de no respetar los derechos humanos y no tolerar voces disidentes en la isla. Por su parte, el gobierno cubano, a través de un comunicado, declaró que los Estados Unidos no son un referente para la protección de los derechos humanos, acusando a Trump de intentar dejar a 23 millones de sus ciudadanos sin seguro médico. Las relaciones diplomáticas siguen en pie, sin embargo, las confrontaciones a las que nos tenían acostumbrados se reaniman nuevamente.