Trump lleva las de perder: esta es su estrategia para ganar | Letras Libres
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Foto: Yuri Gripas/CNP via ZUMA Wire

Trump lleva las de perder: esta es su estrategia para ganar

Aunque la crisis de la covid-19 ha ensombrecido el panorama de su reelección, es claro que no se quedará de brazos cruzados, y ya ha empezado a dar señales de la dirección que tomará su campaña.

En la política, un semestre es un mundo. En la época del coronavirus, es un abismo. Aun así, a poco menos de seis meses de la elección presidencial de noviembre, Donald Trump está en serios problemas. La economía que planeaba presumir no existe más. Su impopularidad personal no cede ni en tiempos de crisis. Las encuestas nacionales otorgan a Joe Biden una ventaja promedio de seis puntos. Biden también supera a Trump en la gran mayoría de los estados cruciales de la elección, incluidos los seis estados que ganó por un puñado de votos para derrotar a Hillary Clinton. Si la tendencia se mantiene, Biden probablemente ganará la elección de manera contundente. Todo esto, mientras Biden no hace más que permanecer en el sótano de su casa, desde donde da entrevistas y graba podcasts.

Está claro, por lo demás, que Trump no se quedará de brazos cruzados. En los últimos días ha comenzado a ofrecer algunas pistas de los que serán los ejes de su campaña.

La recuperación económica: Primero que nada, Trump necesita al menos los primeros atisbos de una recuperación económica. De ahí su prisa malsana por impulsar la reapertura total de la economía estadounidense, cueste lo que cueste. Sin números que respalden su discurso de repunte, Trump se quedará sin argumentos para solicitar su reelección. Por ahora, se ve complicado. Después de registrar índices reducidos de desempleo históricos –que Trump ciertamente pudo haber presumido en campaña– la economía estadounidense está deshecha. Casi 40 millones de estadounidenses han solicitado beneficios de desempleo. Uno de cada cuatro hogares de bajos recursos han perdido puestos de trabajo. El proceso de reapertura ha sido desigual y los resultados inciertos. ¿Cuánto tiempo tardarán en reactivarse sectores torales de la economía? Hasta ahora, parece poco probable que ocurra lo suficientemente pronto como para que Trump pueda aprovecharlo como argumento rumbo a la elección.

La culpa es de China: En vista de lo anterior, Trump necesita un chivo expiatorio. El candidato ideal es China. La campaña de Trump y sus aliados en los medios ya ha comenzado a concentrarse en la responsabilidad china en la pandemia. El argumento irá más o menos así: la economía de Estados Unidos crecía de manera notable y el rumbo era el correcto hasta que llegó un factor externo, producto de un gobierno hostil, a echar todo por tierra. Trump culpará a China de todo lo posible, desde falta de transparencia y contubernio con la OMS hasta por el origen del coronavirus. Le escucharemos elucubrar teorías de la conspiración que seguramente encontrarán eco entre sus aliados propagandísticos. Habrá que ver cuánta gente le cree. Por lo pronto, Biden ha encontrado una frase que desarticula, idealmente, esa parte de la estrategia de Trump: el virus podrá no ser responsabilidad de Trump, pero la catastrófica respuesta del gobierno sí lo es. Esto, claro está, es completamente cierto. Si los electores así lo asumen, Trump tendrá muchas dificultades en campaña. Es improbable que gane en noviembre si la elección se vuelve un referendo sobre su gobierno. De ahí que Trump ya comience a considerar la tercera parte de su estrategia.

Hundir a Biden: Trump y sus asesores deben saber que, desprovisto del argumento del buen rumbo económico y exhibido como un pésimo administrador de la pandemia, el presidente necesita que la elección se concentre en su rival. Para eso ya ha comenzado a concebir una campaña negativa de notable virulencia. Para empezar, Trump se sacó de la chistera una descocada teoría de la conspiración llamada “Obamagate”, que sugiere que Obama y Biden trataron de sabotear a su gobierno usando al FBI. La evidencia no existe, pero Trump apuesta que un número suficiente de electores crean que Biden es corrupto. También necesita que la imagen de Biden sea la de un hombre senil, rebasado por la responsabilidad de la presidencia estadounidense. Los titubeos verbales de Biden no ayudan, aunque muchos sean atribuibles su lucha con la tartamudez que ha sufrido desde la infancia. Trump lo sabe y ya comienza a explotarlo en el principio de la campaña. Si Trump logra enfocar los reflectores en Biden y consigue definirlo en la percepción pública como un anciano inestable y balbuceante, sus probabilidades de reelección mejorarán. La campaña de Biden tendrá que estar atenta para contrarrestar este intento de modificación narrativa. Biden mismo debe hacer un esfuerzo por presentarse con mayor disciplina y la campaña debe rodearlo de figuras que ofrezcan un claro contrapeso a lo que Trump dice y dirá, figuras jóvenes que transmitan no solo energía sino lucidez absoluta.

Por ahora, las circunstancias están del lado de Biden y los demócratas. El tiempo, esa otra gran variable, podría beneficiar a cualquiera de los dos. Lo cierto, sin embargo, es que, conforme pasen las semanas y el virus siga entre nosotros, Donald Trump enfrentará retos cada vez mayores rumbo a la reelección. Una cosa es segura: su desesperación lo hará cada vez más peligroso. Habrá que estar preparados.