“Tear down this wall!”: el poder de una frase en la historia de un discurso | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: Reagan White House Photographs [Public domain]

“Tear down this wall!”: el poder de una frase en la historia de un discurso

La política de Reagan respecto a la URSS siempre fue clara y firme. Tras la caída del muro de Berlín, en 1989, una frase que había pronunciado dos años antes en esa ciudad fue revalorada y se convirtió en un emblema retórico e ideológico de su administración.

En noviembre de 2019 se conmemoraron los 30 años de la caída del Muro de Berlín. Muchos recuerdan, en este contexto, el famoso discurso que el presidente Ronald Reagan dio en 1987 en la Puerta de Brandeburgo, durante la ceremonia conmemorativa de los 750 años de la fundación de la capital alemana.

Este discurso tiene una historia interesante. Robert Schlesinger Jr. cuenta que los redactores de discursos del presidente Reagan tenían la idea de referirse al tema de la división de la capital del Alemania durante esa gira. En cambio, los diplomáticos y los asesores presidenciales en seguridad estaban completamente en contra de cualquier mención al tema, pues pensaban que podía generar irritación en el establishment soviético y pondría una presión innecesaria sobre Mijaíl Gorbachov, quien entonces trataba de reformar su país en lo económico (perestroika) y en lo político (glasnost).

Los redactores buscaban una frase que hiciera titulares, un soundbite, que fuera tan poderoso como el famoso “Ich bin ein Berliner” (“Yo soy berlinés”) del discurso pronunciado por John F. Kennedy en 1963. Como Reagan iba a dar el discurso en la Puerta de Brandeburgo, una idea era que el presidente se dirigiera directamente a su homólogo soviético –quien no iba a estar ahí– y le dijera: “Herr Gorbachev, machen Sie diesses Tor auf”, algo así como: “Señor Gorbachov, abra esta puerta”. Pero el redactor del discurso, Peter Robinson, quería usar una frase que escuchó de viva voz de los berlineses. Él cuenta que, en un viaje previo a la gira de Reagan, escuchó historias sobre el dolor que los habitantes de la ciudad sentían todos los días al recordar a familiares y amigos del otro lado del muro. Su anfitriona en una cena, Ingenborg Elz, le dijo a Robinson: “Si Gorbachov habla en serio acerca de perestroika y glasnost, que lo demuestre. Que se deshaga del muro”. Robinson entonces añadió una frase en alemán: “Herr Gorbachev, reissen Sie diese Mauer nieder!”, o “Sr. Gorbachov, ¡derribe este muro!”.

El director de la oficina de discursos presidenciales, Anthony Dolan, no estaba impresionado con el extranjerismo a la Kennedy y le pidió a Robinson sacar la frase en alemán y ponerla en inglés. En una sucesión de borradores, que hoy están disponibles digitalmente, se ve que la frase fue tachada y regresada al discurso en alemán y en inglés varias veces, reflejo de las discusiones internas en el staff presidencial. Cuando Reagan revisó el borrador del discurso no hizo mención a la frase, y cuando el equipo de discursos le preguntó su opinión, simplemente dijo que “le había gustado esa parte de derribar el muro”. A quienes no les gustó nada fue al director del Consejo de Seguridad Nacional –el ya entonces influyente general Colin Powell– y al secretario de Estado, George Shultz. Ellos sugirieron borrar esa poco diplomática orden a Gorbachov y sustituirla por un deseo: “Algún día, este horrible muro desaparecerá”.

Como siempre, por más redactores y asesores que rodeen a una persona que va a dar un discurso, quien tiene la última palabra es quien lo va a pronunciar. Ella o él siempre serán los dueños del discurso. En este caso, como lo recuerda Dolan, Reagan dijo que le gustaba la frase de derribar el muro, y así se quedó. El borrador final muestra las pausas y énfasis en las frases que Reagan marcó de puño y letra durante su revisión definitiva.

Las palabras de Reagan no fueron bien recibidas en su momento. Tal como lo temían Powell y Shultz, en la URSS el discurso fue considerado un mensaje “provocador, belicoso y que ignora que el muro existe para proteger la seguridad de Alemania Oriental por las actividades hostiles de parte de Berlín Occidental”. Y Gorbachov mismo recordaría años después que él y sus camaradas soviéticos no estaban “particularmente impresionados, pues sabíamos que la primera profesión del señor Reagan fue la de actor”.

A pesar de ello, la política de Reagan respecto a la URSS siempre fue clara y firme. Y si originalmente sus palabras no tuvieron el impacto deseado, la caída del muro en 1989 sí fue, en mayor o menor medida, resultado de esas acciones. Cuando esto ocurrió, el mundo recordó que, dos años antes, el presidente Reagan había pedido con claridad y fuerza retórica que el muro fuera derribado. En una especie de revaloración retrospectiva, la frase “Tear down this wall!” se convirtió en un emblema retórico e ideológico de la administración Reagan, y fue desde entonces recordada como una especie de primer gran mazazo al Muro de Berlín. Este es el poder de la palabra.