Quo vadis, Israel? (segunda parte) | Letras Libres
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Foto: Oliver Weiken/TNS/Newscom/EFEVISUAL

Quo vadis, Israel? (segunda parte)

Tras la reciente contienda electoral, en la que Benjamin Netanyahu obtuvo una victoria más personal que ideológica, se abren horizontes inquietantes para el país.

En un artículo anterior adelanté algunas reflexiones en torno al reciente torneo electoral en Israel. Conviene ahora estimar algunos de sus resultados. Juzgo que la ya descrita gravitación militar y tecnológica de este pequeño país en el marco regional e internacional justifica con amplitud esta tarea.

Netanyahu obtuvo en este duelo una victoria más personal que ideológica. Con entregada atención a los canales digitales que interactuaron sin tregua en la contienda, logró articular una inteligente ofensiva en contra de la izquierda presuntamente movida por el maligno propósito de rebajar los logros económicos y militares que habría cosechado durante una década. Dos de sus mensajes sobresalieron: a) las denuncias oficiales y públicas por actos de corrupción personal y familiar carecen de fundamento; b) es viable y cercana la anexión de los territorios palestinos hoy militarmente ocupados y en los cuales residen medio millón de israelíes.

Bibi (así le llaman sus fervorosos partidarios) acertó en sacar ventajas de eventos que propició al aproximarse el duelo electoral. Entre otros: el encuentro en Washington con Trump a quien estampó un beso por apoyar la anexión a Israel de las alturas del Golán; la oración al lado de Bolsonaro en las murallas de Jerusalén; el abrazo a Putin por devolver en emotiva ceremonia el cadáver de un soldado muerto hace 37 años, y la puntual trayectoria de la sonda espacial Génesis hacia la luna.

Sin embargo y para su sorpresa, la oposición dirigida por el paracaidista Benny Gantz obtuvo amplio apoyo en sectores inquietos desde hace años por el ascendente deterioro del quehacer gubernamental y público y el menoscabo del carácter secular de la sociedad.

Contabilizados finalmente los votos, Bibi y su esposa Sara encabezaron a miles de sus partidarios para festejar la victoria lograda. Y pocas horas más tarde proliferaron las especulaciones en torno a los probables libretos que modelarían a la futura coalición gubernamental.

Un escenario se abrió casi de inmediato, con Netanyahu y Gantz, que en total controlan 71 escaños de los 120 que componen el parlamento israelí, como principales actores. Este libreto es alentador y factible considerando que ambos proyectan un perfil secular, comparten los valores e intereses de las clases medias, tienen cercanos lazos con las diásporas judía e israelí, y conocen bien los dilemas militares del país. En suma, un acertado y puntual entendimiento que suministraría los equilibrios y la estabilidad que este país necesita para afrontar no pocos retos políticos y militares.

No pocos consideran que si la negociación avanza con este rumbo la imagen política y personal de Netanyahu ganará subido valor. Y más aún si en el curso de este año logra probar frente a jueces y a la pública opinión que las denuncias en su contra por actos de corrupción carecen de fundamentos. Siguiendo esta ruta, Bibi tendrá un distinguido lugar en la historiografía nacional a la par de un Ben Gurión.

Sin embargo, las distancias entre ambos líderes y sus respectivas agrupaciones se antojan de momento insalvables. Gravita en particular la resistencia de Netanyahu a asumir cualquier riesgo ante los tribunales, factor que le impulsa a preferir un entendimiento con la extrema derecha rabínica y kahanista.

Deberá en tal caso lidiar con dos de las demandas principales de los rabinos fundamentalistas: liberar a los jóvenes ortodoxos del servicio militar obligatorio y prohibir cualquier actividad –comercio, transportes, espectáculos públicos– que viole el descanso sabático y las festividades religiosas. Reclamaciones que, de ser puestas en vigor por la coalición gubernamental, lesionarán gravemente la fluida convivencia ciudadana y la igualdad de derechos y obligaciones de los ciudadanos de origen judío.

No menos le abrumarán las probables exigencias de la fracción neokahanista que reclama la anexión –sin concesión alguna– de todos los territorios conquistados en la Guerra de los Seis Días, acto al que deberá seguir la expulsión masiva de las poblaciones árabes a Jordania y Siria. Una agrupación que aspira además a restringir los derechos de los ciudadanos israelíes de origen musulmán y cristiano y adelantar en la construcción del Tercer Templo en Jerusalén.

Es probable que Netanyahu procurará moderar estas reclamaciones. Sin embargo, se verá obligado a ceder a rabinos y a kahanistas carteras ministeriales en importantes asuntos como educación, justicia y cultura. Dichos actos trastornarán sustancialmente el equilibrio indispensable en los tribunales y, en particular, la fuerza y el prestigio de la Suprema Corte. Por añadidura, la libertad y la calidad de las escuelas y de la vida universitaria se verán menoscabadas.

La factibilidad de este escenario depende en última instancia de la fracción encabezada por el diputado Avigdor Lieberman que representa a los israelíes de origen ruso. Cuenta con apenas cinco escaños que sin embargo resultan decisivos para orquestar la coalición que Netanyahu parece preferir. Las condiciones de Lieberman para integrarse a la coalición son absolutamente contrarias a las de la derecha rabínica. Postulan libertad ciudadana y comercial tanto en sábado como en las festividades religiosas; el servicio militar obligatorio de todos los ciudadanos judíos sin distinción alguna; la franca libertad en las preferencias sexuales; y el matrimonio civil para los que así prefieran. Y al señalar estas exigencias Lieberman no esconde su personal aspiración: la cartera de defensa en el gabinete.

En suma: Netanyahu encara en estos días difíciles dilemas en su intento de eludir la aparición ante los tribunales. Las concesiones a la extrema derecha rabínica y kahanista afectarán negativamente el régimen democrático de Israel y alentarán la resistencia civil y armada en Gaza y en Ramallah. Y, por añadidura, la legítima actividad y los márgenes de libertad de las diásporas judía e israelí podrían conocer restricciones de índole desigual. Son horizontes que inquietan a un país de reducidas dimensiones pero de dilatada capacidad tecnológica y militar.

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