Lunes otra vez | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: Francisco Arias/ZUMA Wire

Lunes otra vez

Tras la jornada electoral del fin de semana, en la que Chile eligió a los integrantes de la Convención Constituyente, llega el momento para dejar de razonar desde la ilusión y trabajar en conjunto para construir un mejor país.

La cabeza del optimista ilusorio funciona así: “no me molestan demasiado los lunes, aunque prefiero los martes en la tarde, ya que a esa altura es casi miércoles y el día siguiente es jueves y, ¡ya está!, es viernes de nuevo”.

El optimismo realista, por su parte, ve las cosas de modo muy distinto. De acuerdo con su enfoque, la gracia que tienen los lunes es que son siempre un “baño de realidad”. Atrás quedan las ilusiones y fiestas del fin de semana. Por delante solo se avizora trabajo y más trabajo.

Como bien sabemos (y sufrimos por ello), el deseo siempre choca con la realidad, no existe escapatoria a esa ecuación fundamental de la existencia humana. Lo que se anhela, lo que se exige, sueña o vocifera, si no se traduce en rigor, planificación, esfuerzo, compromiso y trabajo, enormes dosis de trabajo, se queda en la superficialidad de las consignas y la estridencia de la muchedumbre.

Los lunes obligan a aterrizar teorías y expectativas meramente desiderativas, dejando frente a nosotros el vasto camino que aún queda por recorrer. Más allá de las consecuencias del éxtasis y de los espejismos de fin de semana, lo cierto es que no podemos evitar que estos lleguen. Todo fin de fiesta conduce a una tarde de domingo, para una gran mayoría, angustiosas y temibles, por lo que se sabe despuntará a la mañana siguiente. A veces los lunes también contienen resaca y “cruda moral” (nada más inútil que ella). La culpa no sirve de nada si no se transforma en responsabilidad con el pasado y en aprendizaje para el futuro. Los grandes proyectos individuales y colectivos requieren lucidez para asumir el costo que implican, resiliencia para administrar la energía que requieren y compromiso para no desfallecer en el camino.

Ya es lunes otra vez, y todo lo que vivimos el pasado fin de semana se comenzará a clarificar. Algunos al despertar se sentirán felices y aliviados, otros frustrados, también los habrá enojados y asustados. Lo cierto es que, disipadas las fantasías del fin de semana, si queremos en verdad tomar la oportunidad que hemos elegido como ciudadanos, deberemos dejar de razonar desde la ilusión y trabajar en conjunto para construir un mejor país, donde no sobre nadie; contemos con un Estado moderno y dinámico; un empresariado sin miedo a la transformaciones; intelectuales que contribuyan desde la creatividad, las ideas y la ciencia a estar a la altura del siglo por el transitamos y una ciudadanía con espíritu cívico que entienda que, para ocupar el lugar que la historia le ofrece, deberá trabajar consistentemente en dejar atrás la adolescencia y, como todo adulto, tomar en forma responsable las riendas de sus destino y asumir las consecuencias de sus actos.


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