Los sondeos de opinión alientan el optimismo de quienes rechazamos la indecencia de Trump | Letras Libres
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Los sondeos de opinión alientan el optimismo de quienes rechazamos la indecencia de Trump

Por favor, no se entusiasme todavía. Sí, es cierto que la mayoría de las encuestas de agosto muestran que el futuro de Donald Trump se enrarece y el de Hillary se ilumina pero, de aquí a noviembre falta un largo trecho.

Por favor, no se entusiasme todavía. Sí, es cierto que la mayoría de las encuestas de agosto muestran que el futuro de Donald Trump se enrarece y el de Hillary se ilumina pero, de aquí a noviembre falta un largo trecho.

Por lo pronto, regocijémonos con los sondeos de opinión que alientan el optimismo de quienes rechazamos la indecencia de Trump. Según la encuesta de la Universidad del Sur de California y Los Angeles Timesutilizando un panel3,200 votantes, Trump ha perdido apoyo entre los votantes blancos mientras que el apoyo de los votantes no blancos a Hillary Clinton ha aumentado en las últimas seis semanas. La ventaja que Trump le llevaba a Clinton entre los blancos sin educación universitaria se ha encogido mientras que la ventaja de Clinton sobre su oponente entre los votantes con educación universitaria ha subido. Entre los hombres, la ventaja de Trump se achica mientras que la de Hillary entre las mujeres se expande.

De acuerdo con el New York Times, la ventaja de Hillary tanto a nivel nacional como en los estados cruciales para ganar la elección es grande y consistente. Por otro lado, escribe el gurú de los analistas Nate Cohn refiriéndose a Trump: “Ningún candidato que va en desventaja por tanto tiempo a pocas semanas de las convenciones ha podido ganar la presidencia.” Esto, aclara Cohn, no significa que ya se decidió la elección “pero sí que la Sra. Clinton tiene un 88% de probabilidades de ganarla”. La ventaja de Hillary, concluye Cohn, “es real y duradera”.

En el sitio web RealClearPolitics, Clinton va adelante en las preferencias de los votantes en los estados clave e inclusive empieza a ser competitiva en bastiones tradicionalmente republicanos como Georgia y Arizona. Y el Washington Post reporta que el equipo de Clinton ya está preparando una agenda de gobierno para redondear con apoyo bipartidista temas como el de reforma migratoria integral y planes para reconstruir caminos, puentes, aeropuertos, ferrocarriles y puertos. En resumen, lo que las encuestas predicen es que de continuar esta tendencia no solo Hilary ganaría la presidencia sino que Trump podría arruinar las aspiraciones de senadores y representantes republicanos que contienden en estados competitivos. Algo que les llevaría a perder su mayoría en el Senado y ver disminuida su mayoría en la Cámara de Representantes.

Otro factor que documenta el declive de Trump es la confusión reinante en su equipo de campaña, debida al desaseo con el que Trump escoge a la gente que le rodea. De la larga lista de horrores asociados al candidato destaco a su ex asesor y maestro en el arte de negociar –con ventaja y sin escrúpulos–, Roy Cohn, el abogado consejero de Joseph McCarthy. Cohn y McCarthy fueron los principales hacedores de uno de los períodos más siniestros de la historia de Estados Unidos. (Entre este Cohn bribón y el Cohn del NYT no hay relación de parentesco)

Su primer jefe de campaña, Corey Lewandowski es un cabildero que se hizo famoso por defender a un cliente que solicitaba fondos federales del programa de estímulo y al mismo tiempo representaba a otro grupo que se oponía al mismo programa. Durante la campaña se distinguió por agredir a una periodista y fue despedido por ineficaz cuando las encuestas revelaron que siete de cada diez ciudadanos detestan a Trump.

Su sustituto fue Paul Manafort, otro cabildero que representó a dictadores como el congoleño Mobutu Sese Seko, el filipino Ferdinand Marcos y el ucraniano Viktor Yanukóvich. La causa del despido de Manafort fue el descubrimiento de que el gobierno de Ucrania le pagó más de doce millones de dólares por debajo de la mesa. Él, por supuesto, niega el pago, pero entre que son peras o son manzanas, Trump lo despidió y contrató a Stephen Bannon, un hombre a quien uno de sus amigos describió como “el Leni Riefenstahl del Tea Party”, aunque “sin el talento” dijeron otros al oír la comparación.  Riefenstahl fue la mayor propagandista de Adolf Hitler; Bannon, según Bloomberg Business Week, “es el agente más peligroso de la política americana”, dada su predilección por inventar “conspiraciones” sensacionalistas.

¿Podrá Bannon enderezar la nave? Lo dudo, y digo esto porque la materia prima, el candidato, es un compendio de ineptitudes. En el mundo de los negocios Trump tiene fama de ser un estafador y conforme los periodistas serios avanzan en sus investigaciones sobre los candidatos, vamos descubriendo que, como dice el New York Times, “el imperio de Trump es un laberinto de deudas y lazos opacos”.

En términos de seguridad nacional, cincuenta oficiales republicanos del más alto nivel, incluyendo al ex director de la CIA Michael V. Hayden, a John Negroponte, primer director de inteligencia nacional y ex embajador de EUA en México, y Robert Zoellick, ex presidente del Banco Mundial, firmaron una carta declarando que Trump “carece del carácter, la experiencia y los valores necesarios para ser presidente. Tanto que pondría en riesgo nuestra seguridad nacional”.

Trump tiene la habilidad del embaucador que manipula los sentimientos de la gente que se siente desplazada por las minorías y por la gente con educación universitaria. Atrae a los desesperados que sienten un enorme rencor contra todo y no saben como resolver su situación. Afortunadamente para Estados Unidos y para el resto del mundo, la probabilidad de que Trump llegue a la presidencia es de una en diez. Esperamos que así siga.