Los militares no deben hacer propaganda política | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: Presidencia de la república

Los militares no deben hacer propaganda política

Con la presencia en el desfile del 16 de septiembre de carros alegóricos que representaban las "tres transformaciones" de México, las fuerzas armadas, una institución permanente del Estado, comparten y difunden el relato propagandístico creado por el gobierno actual.

El desfile militar del 16 de septiembre es un evento que sirve como un instrumento de comunicación para consolidar una imagen positiva del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea ante la sociedad. A través del desfile se comunica que tenemos mujeres y hombres de armas leales a las instituciones democráticas, al servicio de la sociedad y que cuentan con la capacidad humana, técnica y material para desempeñar las funciones que la Constitución y las leyes les ordenan cumplir. Aunque ahora son mucho más comunes los eventos y exhibiciones de las Fuerzas Armadas abiertos al público, debemos recordar que, durante décadas, el desfile del día de la Independencia fue el único momento en el que los civiles entraban en contacto cercano y directo con los militares en la Ciudad de México y en otras capitales estatales.

Sabedores del poder de comunicación del desfile y de la expectativa que genera, las Fuerzas Armadas mexicanas se han abierto más para mostrar los preparativos de este evento. Este año, recibió especial difusión mediática el hecho de que, por primera vez, dos mujeres pilotos de la Fuerza Aérea formarían parte del desfile, una de ellas en un avión supersónico de combate F-5. Esto, junto con la selección de mujeres como abanderadas de la cabeza del desfile, es un ejemplo de comunicación institucional positivo, pues se trata de mensajes simbólicos que difunden valores que la institución promueve, como la igualdad de género.

Pero este 16 de septiembre también se mandaron dos mensajes muy negativos y preocupantes. Durante el desfile se presentaron carros alegóricos con militares disfrazados de personajes de la historia. Cada carro, se dijo, representaba una de las “tres transformaciones” que México ha vivido: la Independencia, la Reforma y la Revolución. Al usar este lenguaje, se entiende entonces que las Fuerzas Armadas comparten y difunden la propaganda política que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador está usando para crear un mito de gobierno: el suyo no es un sexenio más, es “La Cuarta Transformación”, es decir, un evento histórico de cambios profundos, a la altura de tres guerras civiles que marcaron a México en los siglos XIX y XX.

Que el presidente de México se considere a sí mismo en vida y en funciones como un personaje a la altura de Madero, Juárez, Morelos o Cárdenas es ya de por sí extraño y preocupante. Pero que las Fuerzas Armadas le sigan la corriente y le hagan creer que es verdad, que sí estamos viviendo una “cuarta transformación”, es algo que se acerca peligrosamente a los límites de la institucionalidad que la Constitución les exige a los militares. No debemos olvidar que las Fuerzas Armadas son una institución permanente del Estado mexicano al servicio de toda la sociedad, y no de un movimiento o partido político. Al fortalecer la idea de que el presidente es un nuevo héroe patrio que encabeza una gesta histórica, en realidad le ayudan a afianzar el culto a la personalidad y a deslegitimar a la oposición y a la crítica.

El segundo hecho preocupante fue que durante el desfile se presentó a la Guardia Nacional como si fuera una cuarta rama de las Fuerzas Armadas, a la altura del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada. Parece banal, pero que el presidente de México esté creando una nueva rama militar con el mismo logotipo de su partido político y, sobre todo, con una doctrina y composición que aún no quedan claras, es otro hecho sumamente alarmante. Meses atrás, en su discurso durante la “inauguración” de la Guardia Nacional, el presidente les dijo a los militares, ahora uniformados de blanco, que “no olviden que del trabajo de ustedes va a depender mucho el que llevemos a cabo entre todos los mexicanos la Cuarta Transformación de la vida pública de México.” Si todo esto no ha encendido alarmas es tal vez porque no estamos poniendo atención donde debemos.

Mientras nuestros militares desfilaban disfrazados de héroes patrios de otras épocas, del otro lado del mundo ocurría un importante hecho de armas, de esos que anuncian la llegada de una nueva era en el arte de la guerra. Rebeldes yemeníes atacaron la mayor refinería de Arabia Saudita con aeronaves no tripuladas, llamadas coloquialmente “drones”. No es poca cosa: estamos ante la primera operación internacional de guerra asimétrica a gran escala ejecutada exitosamente por robots y que ha puesto en jaque a una potencia regional fuertemente armada.

Militarmente, el mundo ya está en el futuro, pero las Fuerzas Armadas mexicanas desfilan mirando al pasado y usando nuestra historia como instrumento de propaganda al servicio de los intereses de un movimiento político alérgico al progreso. México se libró de una dictadura militar al mantener a sus soldados y marinos dentro de un cuerpo profesional ajeno a la lucha por el poder. Los militares deben ser y parecer apartidistas y no deben hacer propaganda política. Sería mejor verlos completamente ocupados en adquirir, absorber y desarrollar la tecnología que necesitamos para enfrentar las amenazas de los tiempos que corren. Esa sí sería una transformación muy bienvenida.