Lo bueno, lo malo y lo feo del segundo debate | Letras Libres
artículo no publicado
Imagen: Youtube / C-SPAN

Lo bueno, lo malo y lo feo del segundo debate

En el debate de anoche, Biden dejó ir la oportunidad de noquear a Trump en el tema de la pandemia, mientras que este dio una conferencia magistral en el uso de las falacias retóricas.

Lo bueno: Hubo civilidad. La conducta de Trump en el primer debate fue tan salvaje, que verlo contenido, hablando y no gritando y respetuoso de la moderadora y de las reglas fue toda una novedad. Tal vez sus asesores lo convencieron de que comportarse como un patán ya no le iba a ganar más adeptos. Tal vez vimos un intento desesperado por detener a los votantes republicanos moderados que ya no quieren cuatro años más de un presidente que no sabe ser presidente. O tal vez Trump dejó hablar a Biden no por respeto, sino para que tartamudeara y perdiera el hilo de sus argumentos. El caso es que hubo civilidad y pudimos escuchar a ambos candidatos. Biden, por su parte, se mantuvo apegado a su guión y no dio ninguna sorpresa respecto al primer debate. Muchos dicen que, al empatar, el demócrata sale ganando

Lo malo: Biden olvidó que a un debate no se va a explicar, sino a comunicar. Si algo sabe Trump es que, en un debate, el que explica pierde. Por eso, logró eludir exitosamente el tema de la pandemia, hablando con frases cortas, directas, contundentes y fáciles de entender, aunque, claro, completamente falsas y carentes de ética. Trump culpó a China por la propagación del virus; culpó a Anthony Fauci por ser simpatizante del Partido Demócrata; culpó a los gobernadores de la oposición por imponer cuarentenas extremas y dañar la economía. Biden tuvo aquí la oportunidad de fulminar a Trump y hacerlo responsable por las más de 200 mil vidas que ha costado la falta de estrategia para contener la enfermedad. Debió increparlo con más indignación y determinación, centrándose en ese costo humano inaceptable, pero el exvicepresidente repitió cerebralmente sus líneas del primer debate, dejando ir otra vez la mejor oportunidad para noquear a Trump.

Por otra parte, en el tema racial, Trump dio cátedra de propaganda demagógica. El racismo es un tema en el que Trump debería quedar completamente derrotado en cualquier debate. Pero anoche, el presidente dio toda una conferencia magistral de cómo los demagogos usan las falacias retóricas. Ante las preguntas sobre el conflicto racial en Estados Unidos, Trump acusó a Biden de haber impulsado como legislador en los años noventa una ley anticrimen que endureció al sistema de justicia penal, lo que tuvo como consecuencia no deseada el encarcelamiento de miles de personas, principalmente afroamericanos y latinos. “¿Por qué no hiciste algo para cambiar esa ley en los ocho años que fuiste vicepresidente?”, fue la incisiva pregunta que le recetó Trump a Biden. Esto en retórica es una falacia tu quoque, o en inglés whataboutism, muy usada por los demagogos: cuando son acusados de algo (en este caso, Trump acusado de racismo) lanzan un contraataque para demostrar que la persona que los cuestiona también puede ser acusada de lo mismo o de algo peor. Esto también es una falacia de falsa equivalencia, pues la criticable ley que impulsó Biden hace 26 años no se compara con el discurso de odio que Trump difunde desde el podio presidencial aquí y ahora. Para rematar, Trump usó la hipérbole para llevarse los reflectores, con las frases: “con la posible excepción de Abraham Lincoln, soy el presidente que más ha hecho por los afroamericanos” y “soy la persona menos racista de esta sala”. Esas son exactamente la clase de mentiras escandalosas que llegan a los titulares, llevándose la discusión a donde Trump quiere, claro, con la ayuda de los medios.

Lo feo: El tema migratorio. Como ocurrió con la pandemia, la crisis humanitaria creada por las políticas migratorias de Donald Trump quedó completamente perdida entre las diatribas del presidente y los lugares comunes de Biden. Este se vio lento de reflejos e incapaz de responder al ataque de Trump, quien acusó al gobierno de Obama de haber instalado las infames jaulas de las estaciones migratorias, confundiendo al público sobre su responsabilidad en llenar esas jaulas de personas. Biden hizo bien en decir que la separación de niños y padres es inhumana, pero pudo ser más ambicioso en las propuestas de solución. En general, el demócrata se limitó a cumplir con el ritual de los candidatos de su partido de prometer un camino a la ciudadanía para los inmigrantes sin documentos, promesa desgastada que escuchamos cada cuatro años.

Lo mejor: En su breve discurso final, Biden cerró bien el debate marcando el contraste entre él y Trump en términos éticos: “lo que está en la boleta es el carácter de este país. Decencia, honor, respeto. Tratar a la gente con dignidad, asegurarse de que todos tengan una oportunidad justa. Ustedes van a tener eso, porque no lo han tenido en los últimos cuatro años”. Biden tiene razón. Como lo he explicado en este espacio, el antídoto contra la demagogia no es la democracia, sino la decencia, y Joe Biden es, con todos sus defectos y limitaciones, el único candidato que hoy puede ofrecer eso a Estados Unidos.