Las propuestas trasnochadas de Sanders | Letras Libres
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Las propuestas trasnochadas de Sanders

Aunque el senador por Vermont va adelante en las primarias Demócratas, los votantes de ese partido aún están a tiempo de escoger a un candidato sensato para la elección presidencial.

Comparto el desencanto de los jóvenes estadounidenses con el sistema político y económico actual, y su queja por la falta de oportunidades en el empleo y por el crecimiento de la desigualdad. Entiendo su desaliento porque el gobierno no escucha la alarma de la comunidad científica con el calentamiento global; por que se doblega ante los cabilderos de la venta de armas; por el desproporcionado costo del cuidado médico y de las colegiaturas en la educación superior. Pero me preocupa que fijen su esperanza en el candidato presidencial demócrata que promete darle una cara humana al capitalismo con ideas que hace décadas fracasaron.

Me preocupa la posibilidad de que Bernie Sanders gane la nominación demócrata a la presidencia porque mi prioridad es evitar que Trump se reelija, y dudo mucho que un autoproclamado “socialista” pueda ganar la presidencia de un país en el que el 37% de los votantes se identifica como conservadores, el 35% como moderados y solo el 24% como liberales.

También me preocupa la rigidez ideológica de Sanders, quien a un año del colapso del régimen soviético y sus satélites en Europa Oriental decidió pasar su luna de miel en la URSS para celebrar el triunfo del marxismo soviético. ¿Acaso no sabía lo que todo el mundo sabía que estaba a punto de suceder?

Aparentemente no. Un año después, mientras los alemanes del este y el oeste derribaban el muro de Berlín, Sanders viajaba a Cuba para intentar conocer a su ídolo, el dictador Fidel Castro. Una admiración que no fue un pecadillo de juventud, sino devoción que se mostró inquebrantable la semana pasada, al argumentar que “no es justo decir que todo lo que sucede en la Cuba comunista ha sido malo. Cuando Fidel llegó al poder” dijo Sanders, “inició un admirable programa de alfabetización intensivo para subsanar el enorme analfabetismo en Cuba’’.

Lamentablemente, y como bien ha señalado Donna Shalalala, quien fuera secretaria de Salud en el gabinete de Bill Clinton, y ahora representa un distrito de Florida en la Cámara Baja, Sanders “está equivocado, mal informado, y lo dicho es ofensivo e inaceptable”. La verdad es que, “en 1959, Cuba ocupaba ya uno de los primeros lugares en salud y en educación del continente americano junto a Costa Rica y Argentina”, me dice en conversación telefónica Jorge Salazar Carrillo, director del Centro de Investigación Económica de la Universidad Internacional de Florida, y  autor de Cuba: From economic take-off to collapse under Castro.

También me preocupa el efecto negativo que su candidatura podría tener en la elección de candidatos demócratas al Congreso en distritos donde el electorado es mayoritariamente conservador o moderado. De los cuarenta Representantes que en 2018 ganaron una curul a la Cámara Baja, veintiuno la ganaron en distritos que Trump había ganado en la elección de 2016. Y así como los votantes le dieron la espalda a Trump para darle a los demócratas el control de la Cámara Baja, ahora me temo que su rechazo a Sanders les orille a votar por candidatos republicanos.

Me irrita la ambigüedad partidaria de Sanders. Aunque está registrado como candidato Demócrata a la presidencia en 2020, también está registrado como Independiente para el Senado en 2024; su populismo dogmático, polarizante y amargado, que le ha impedido trabajar al lado de quienes no pasan su prueba de pureza ideológica y su incompetencia. En los treinta años que ha estado en el Congreso, ha presentado siete proyectos de ley: dos fueron para cambiarle el nombre a oficinas de correos, y otro estableciendo el “Día del Bicentenario” en el estado de Vermont.

Por suerte, los demócratas todavía estamos a tiempo de escoger bien a nuestro candidato, votando con sensatez en las primarias que siguen.