Las falsas emergencias de Trump | Letras Libres
artículo no publicado
Imagen: Evan Guest/Flickr

Las falsas emergencias de Trump

No es que Trump esté mal informado, es su perversa costumbre de tergiversar los hechos para lograr objetivos personales.

La gente normal, como usted, por ejemplo, sabe que una emergencia es una situación imprevista que requiere atención especial e inmediata. Para Donald Trump, sin embargo, hay emergencias que podrían esperar años y otras que son urgentes. También inventa emergencias para cumplir sus caprichos.

Trump le prometió a sus votantes que construiría un muro en la frontera sur y que México pagaría por él. Cuando México le dijo que no pagaría un centavo, Trump apeló al Congreso estadounidense. Y cuando este le negó los fondos, inventó una crisis para justificar una declaración de emergencia nacional.

La urgencia de la emergencia quedó en entredicho cuando él mismo dijo: “Yo no necesitaba hacer esto, solo quería hacerlo lo más rápidamente posible”. Según Trump hay emergencias de resolución retardada, y hay “emergencias urgentes”.

Es urgente, dijo, porque “hoy hay mucha más gente que nunca antes intentando ingresar al país”. No es cierto. El número de personas detenidas al cruzar la frontera ilegalmente ha disminuido drásticamente de 1.6 millones en el año 2000 a menos de 400,000 en 2018. Hoy hay menos que nunca antes.

También dijo que por la frontera sur han entrado “terroristas reconocidos” a Estados Unidos. Falso también. El Departamento de Estado ha asegurado que “no existe evidencia creíble de que haya grupos terroristas en México o que hayan enviado operativos desde México a EE UU.”

Para él, “el problema de la criminalidad y las drogas en El Paso, Texas, ha mejorado un 100% desde que se construyó el muro fronterizo”. Falso, hace mucho tiempo que el índice de criminalidad en El Paso es más bajo que en otras ciudades del país.

Según Trump, “la prisiones federales están llenas de inmigrantes ilegales”. Falso, los migrantes indocumentados son una porción ínfima de la población en una prisión federal”.

¿Estará mal informado o será su perversa costumbre de tergiversar los hechos para lograr sus objetivos personales?

Según Politifact, una publicación del afamado Poynter Institute dedicada a verificar en los hechos las declaraciones de los políticos mediante un “verdadómetro” (Truth-O-Meter), Trump ha sido el mentiroso del año dos veces, en 2015 y 2017.

Según el Washington Post, durante 2018 Trump mintió en promedio 15 veces al día, y desde el inició de su mandato presidencial en enero de 2017, ha dicho 7,600 mentiras comprobables.

Hace poco declaró que algunos de sus predecesores le habían confiado que ellos deberían haber construido el muro. Político entrevistó a Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama y Jimmy Carter y les preguntó si habían hablado del muro con Trump. Todos contestaron que jamás habían tenido ni esa ni ninguna otra conversación con él desde su toma de posesión.

Trump miente porque está pensando en su reelección en 2020 y sabe que el tema tiene resonancia en su base. Poco le importa que según encuestas recientes el 66% de los estadounidenses piensa que no debería declarar una emergencia.

En el Congreso hay republicanos que temen que esto sentaría un precedente peligroso. Otros lo ven como una violación al principio constitucional de separación de poderes; una de las atribuciones del poder legislativo es repartir el dinero que se recauda. Otros más recuerdan verdaderas emergencias nacionales como el atentado del 11 de septiembre o la captura de diplomáticos estadounidenses en Irán en 1979 y cuestionan la validez de esta.

Hoy, el desenlace de esta nueva y temeraria aventura de Trump es incierto. El Congreso podría terminar con la “emergencia” si un puñado de senadores republicanos tuvieran el valor de enfrentársele. Si no lo hacen tendremos que esperar a que los tribunales declaren inconstitucional el insensato impulso de Trump.