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artículo no publicado

La seguridad y el Estado

Garantizar la seguridad de la población no es uno de los servicios del Estado, es su razón de ser. Si no hay seguridad, no hay Estado.

Garantizar la seguridad de la población no es uno de los servicios del Estado, es su razón de ser. Si no hay seguridad, no hay Estado. Su jefatura resulta simbólica.

Para Thomas Hobbes (Leviatán, 1651), los súbditos renuncian a la violencia a cambio de seguridad, y esta garantía es el contrato social fundador del Estado.

Para Max Weber (La política como vocación, 1919), el Estado es la institución que logra imponer el monopolio de la violencia legítima en todo su territorio. No puede tolerar la intervención de potencias extranjeras ni el desacato interno. En la medida en que comparte el poder con la violencia ilegítima, es un Estado fallido.

El Fund for Peace produce anualmente un Fragile States Index. En 2019, Finlandia obtuvo el mejor lugar (178); Yemen el peor (1). Del continente americano, Canadá el mejor (172), Venezuela el peor (32), después de Haití. México quedó en el lugar 98, por debajo de 80 países.

México ha vivido situaciones hobbesianas (de inseguridad general y guerra de todos contra todos) en dos transiciones históricas: la Independencia y la Revolución. Hoy, la transición democrática vive en ese peligro. En diciembre de 2019, el 73% de la población urbana consideraba que "vivir en su ciudad es inseguro" (INEGI).

Tanto Porfirio Díaz como Plutarco Elías Calles sumaron a su monopolio de la violencia legítima la ilegítima, para acabar con la violencia no centralizada. Asesinaban tranquilamente a sus opositores.

Esto no cabe en una democracia. Ya no existe el Capo Máximo que controlaba a los capos del crimen. Operaban sumisos al temido capo di tutti capi que podía destruirlos. Hoy andan sueltos haciendo de las suyas, y no es tan fácil someterlos únicamente con violencia legítima.

Los capos buscan autoridades locales que se pongan a sus órdenes o se hagan de la vista gorda. Su máxima ambición es convertirse en Estados dentro del Estado: cobrar impuestos como gobernantes y dueños exclusivos de la violencia en el territorio que dominan.

La inseguridad proviene de las disputas territoriales de estos delincuentes y del Estado omiso o delincuente. Ahí está la dificultad democrática. ¿Cómo imponer derechamente un Estado de derecho? Por partes.

1. Las cárceles federales son el mejor lugar para empezar. Su territorio es microscópico, aislado y controlado por las armas. Si ahí no se logra un Estado de derecho, ¿cómo se va a lograr en dos millones de kilómetros cuadrados?

En las cárceles hay inseguridad, asaltos, golpizas, robos, tortura, violaciones, asesinatos, motines y fugas. Son centros de extorsión telefónica a la población, escuelas del crimen y agencias de reclutamiento para la delincuencia organizada.

La Guardia Nacional debería tomarlas por un tiempo, sanearlas y entregarlas, sin llevarse al personal que tomó el control: volviéndolo civil. Derechos Humanos vigilaría la intervención.

2. La transparencia del sector público y la libertad de expresión son fundamentales. Antes, las autoridades robaban, secuestraban y mataban, aunque no se sabía. Hoy se sabe, pero no se castiga. La gran aportación de la prensa es exhibir la impunidad.

3. El poder judicial aumenta la inseguridad condenando a inocentes y dejando libres a criminales. No basta con que, supuestamente, se depure a sí mismo. Hay que construir un foro virtual que publique las sentencias sobre delincuencia organizada y las someta a penalistas que opinen sobre la calidad de cada una. Es común que la parte acusadora y la juzgadora se culpen mutuamente de los malos resultados. Hace falta un examen por terceros calificados, en un foro público sin consecuencias judiciales, pero sí mediáticas.

4. El arresto fallido de un hijo del Chapo no sólo es sospechoso, ignoró una advertencia de Clausewitz (De la guerra, 1832): No busques éxitos con los cuales no sabrás que hacer.

5. El fracaso de la Plataforma México, que supuestamente concentra la información delictiva, es elocuente. Concentrar la información es concentrar el poder. Todas las autoridades quieren retener su propia información para usarla o venderla. Hay que negociar el intercambio informativo en un contrato público que articule las acciones federales, estatales y municipales. Y definir la estrategia conjunta que hoy no existe.

6. La opinión mundial sobre Trump daría resonancia a una campaña mexicana para que su muro detenga la exportación de armas a la delincuencia en México.

7. Las calles sin alumbrado son inseguras.

 

Publicado en Reforma el 23/II/20.