La nominación a la Suprema Corte que dividió a Estados Unidos | Letras Libres
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La nominación a la Suprema Corte que dividió a Estados Unidos

El 27 de septiembre en Estados Unidos, el tiempo se detuvo. El país y el mundo fue testigo de un testimonio histórico, y no obstante el resultado final de la votación en el Senado, las repercusiones del testimonio de la Dra. Blasey Ford continuarán reverberando durante mucho tiempo.

El 27 de septiembre en Estados Unidos, el tiempo se detuvo. Aquel día, la Dra. Christine Blasey Ford contó su historia ante el Senado –y, por supuesto, ante el mundo entero. Blasey Ford, profesora de psicología acusó al entonces nominado a juez de la Suprema Corte, Brett Kavanaugh, de haberla atacado sexualmente cuando ambos estaban en preparatoria. Su historia tuvo un impacto profundo tanto en la política como en la sociedad, y detonó una controversia al tiempo que empoderó a las sobrevivientes de abuso sexual a compartir sus propias historias.

La escena que la Dra. Blasey Ford describió en su testimonio era ya conocido por muchos: tenía 15 años y acudió a una pequeña fiesta; se bebía cerveza en la sala. Pero lo que sucedió en esa fiesta, dijo Blasey Ford, “alteró drásticamente” su vida, la marcó con un trauma que ha tenido que cargar, mucho tiempo en silencio, a diario. Contó que en la fiesta la empujaron a una habitación, en la que Kavanaugh y su amigo, Mark Judge, aseguraron la puerta y la tiraron sobre la cama. Ahí, Kavanaugh se le echó encima, la manoseó e intentó quitarle la ropa. Cuando Blasey Ford intentó gritar para pedir ayuda, Kavanaugh le tapó la boca. Eventualmente contó que logró escapar de Kavanaugh, de la habitación y de la casa. Sin embargo, el trama de su experiencia ha resultado inescapable.

Blasey Ford contó que durante los siguientes 36 años hizo lo que pudo para “suprimir sus recuerdos del ataque” para evitar revivir el trauma. Pero cuando se enteró que Kavanaugh estaba siendo considerado como juez de la Suprema Corte –uno de los puestos más poderosos dentro del gobierno estadounidense–, consideró que era su “deber civil” dar un paso al frente.

Cuando testificó ante el comité del Senado, inmediatamente después de Blasey Ford, Kavanaugh “inequívoca y categóricamente” negó las acusaciones. Reconoció que Blasey Ford pudo haber sido atacada sexualmente por alguien, pero juró no haber sido él.

Los dos testimonios opuestos dividieron profundamente al país. Por un lado, muchas personas entendieron que se trataba de una profunda injusticia considerar a alguien sobre quien pesa una acusación creíble de agresión sexual para ocupar un puesto en la corte suprema de la nación. Hubo incluso otras mujeres que alzaron la voz y acusaron también a Kavanaugh de acoso o agresiones sexuales. Una de ellas dijo que Kavanaugh le mostró el pene en una fiesta, y otra mujer dijo que había sido visto a Kavanaugh “comportarse de manera abusiva y físicamente agresiva con mujeres” después de haber bebido. Por otro lado, otras personas creyeron que Kavanaugh era inocente, y argumentaban que los incidentes habían sucedido hace mucho, y que los recuerdos y la evidencia también ya eran muy nebulosas para ser tomadas en serio. “Es un momento terrible para los jóvenes en Estados Unidos”, dijo el presidente Trump al hablar de las posibles acusaciones falsas.

Después de escuchar los testimonios contrastantes, algunos senadores solicitaron al FBI una investigación antes de que los 100 miembros del Senado votaran sobre la nominación. La investigación, limitada en alcance, duró menos de una semana, y sus resultados, aunque no están disponibles para el público, parecieron convencer a algunos senadores indecisos de tomar una postura a favor de Kavanaugh. El sábado, 50 senadores votaron a favor de confirmar a Kavanaugh. Y aunque 48 votaron en contra de la nominación y dos se abstuvieron, los 50 votos eran suficientes para confirmar al juez, quien ahora forma parte de los nueve magistrados en la corte más poderosa de los Estados Unidos. Como escribió el New York Times, el voto terminó pasando por “uno de los márgenes más estrechos en la historia estadounidense”, y refleja la profundidad de las divisiones partidarias tanto en el Congreso como en el país entero.

Los jueces de la Suprema Corte permanecen en funciones hasta el día de su muerte o cuando elijan retirarse; Kavanaugh, de 53 años, será entonces quien forme parte de la toma de decisiones durante los próximos, digamos, treinta años sobre temas tan controvertidos como el aborto, la pena de muerte, la inmigración y la investigación sobre la colusión entre Trump y Rusia. Reemplazará al Juez Anthony Kennedy, quien se retira y a quien se le conocía por fungir como el “voto bisagra” en la Corte y como el punto de equilibrio entre los ocho jueces –cuatro de ellos considerados liberales y cuatro de ellos considerados conservadores. Los jueces por lo general reflejan las inclinaciones políticas de los presidentes que lo designan, y de Kavanaugh se espera que ayude a mover a la Corte en una dirección más conservadora.

Hay que observar la experiencia de Blasey Ford y la nominación de Kavanaugh no como eventos singulares, sino como parte de un todo mucho mayor que incluye al movimiento #MeToo, que ha envuelto a Estados Unidos desde hace un año. El movimiento comenzó en redes sociales, cuando las personas compartían sus testimonios de acoso y agresión sexual. Desde entonces, el movimiento se transformó en conversaciones, foros y discusiones sobre la omnipresencia y las consecuencias de estas agresiones sexuales. No obstante que el proceso de nominación terminó y Kavanaugh tiene ya su asiento, las conversaciones siguen sucediendo y seguirán reverberando, sin duda unos decibeles más altas a partir de ahora.

Al dirigirse a la Dra. Blasey Ford durante su testimonio, el senador Patrick Leahy resumió la situación así: “La valentía es contagiosa. Sin duda es la fuerza que impulsa al movimiento #MeToo. Y que usted comparta su historia tendrá un impacto positivo y duradero para muchas sobrevivientes en nuestro país. Tenemos una deuda de gratitud con usted por ello, Doctora”.