La insoportable levedad de la oposición | Letras Libres
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La insoportable levedad de la oposición

En medio de sus propias crisis políticas, los partidos que fueron gobierno –más los partidos pequeños– han sido anulados como oposición ante la figura centralizadora del presidente. Hace falta una oposición que construya, que proponga, que cuestione y que no solamente acote las voluntades del Ejecutivo.

El 23 de febrero, Javier Corral, gobernador de Chihuahua ofreció una entrevista al diario Reforma donde aseguraba que numerosos académicos, representantes de organizaciones de las sociedad civil, empresarios y políticos de diferentes corrientes deseaban conformar un grupo de oposición que ofreciera “alternativas para equilibrar el poder”, pero sin “descarrilar ni boicotear al gobierno federal”. De esta idea surgió un comunicado cuyo primer punto especificaba la preocupación de las personas firmantes: “Consideramos, como muchas otras personas en nuestro país, que la democracia necesita contrapesos.” Tras el anuncio, sin embargo, algunas de las personas mencionadas por Corral, como Enrique Alfaro o Gustavo de Hoyos, se deslindaron de la iniciativa ‘Yo sí quiero contrapesos’. Dentro del grupo se encuentran principalmente políticos que ya representan a la oposición en el Congreso, como Emilio Álvarez Icaza, Xóchitl Gálvez y Martha Tagle. Pero la falta de claridad en sus objetivos ha impedido que el proyecto pase, hasta el momento, de algunas declaraciones en la prensa y pronunciamientos de sus integrantes.

El primero en minimizar los esfuerzos de este grupo fue el propio presidente, quien al enterarse de la iniciativa, aconsejó a sus adversarios formar cuadros políticos antes de presentarse como un grupo. “¿Qué sucede? Que están atravesando una crisis y se están precipitando, pensando que de la noche a la mañana pueden crear un grupo. No. Tienen que formar cuadros y no sacar la nota de ‘Ya se reunieron y van a hacer contrapeso’. Eso es muy ficticio, pues es como para decirles ‘ternuritas’”. Antes de concluir su conferencia, el presidente afirmó que respeta su derecho a disentir, pero “nada más que no hagan el ridículo, que hagan bien las cosas”.

Días después, López Obrador y Javier Corral se reunieron en Chihuahua. En la entrega del programa Tandas del bienestar, el presidente declaró que la democracia es pluralidad y que “merecen más respeto los opositores que los abyectos”.

En ese mismo evento, el gobernador de Chihuahua fue objeto de abucheos y rechiflas, tras los cuales decidió comunicar su decisión de no volver a acompañar al presidente en sus futuras visitas al estado. Desde diciembre, catorce gobernadores de partidos de oposición han recibido gritos en su contra durante los mítines en los que acompañan al presidente para entregar apoyos o anunciar la creación de un programa. En enero, Héctor Astudillo, gobernador de Guerrero, fue interrumpido en su discurso, hasta que el presidente López Obrador intervino con una especie de regaño a los asistentes: “Hay que portarnos bien. Y tenemos que ser respetuosos de las autoridades”. Claudia Pavlovich, gobernadora de Sonora, también recibió abucheos, pero estos cesaron cuando le pidió al presidente que baje las tarifas de luz y ayude a las madres trabajadoras beneficiarias de las estancias infantiles. El último gobernador en encontrarse en esta situación fue el de Colima, Ignacio Peralta, quien confrontó los abucheos y permaneció en silencio durante varios minutos.

De acuerdo con el PRI, se trata de una estrategia orquestada por el partido en el poder para beneficiar la imagen del presidente, como se lee en un supuesto comunicado de Morena a sus militantes, el cual circula en redes sociales. También el PAN se pronunció en contra de las “expresiones de intolerancia” en los eventos públicos y externó su solidaridad a sus gobernadores afectados. Ante los señalamientos a su partido, el presidente López Obrador instó a investigar el origen de dicho documento y criticó que se le acuse de promover los abucheos. “Los abucheos no son bien vistos por nosotros, yo los repruebo, no creo que sea conveniente, es de mal gusto, hay que ser respetuoso de las autoridades y hacer a un lado el infantilismo político que tiene que ver con dirigentes, no con la gente”, concluyó.

Mientras los gobernadores de oposición intentan mantener el orden en sus estados, al interior de sus partidos siguen buscando la manera de resurgir de entre las cenizas.

En medio de una crisis financiera y situado como la tercera fuerza política en el país –solo cuenta con 12 gobernadores, 14 senadores y 47 diputados federales– , el PRI cumplió 90 años. Puesto en una situación de debilidad política tras sexenios plenos de escándalos de corrupción y un aumento vertiginoso de la violencia, el PRI se esfuerza por no desaparecer. Para lograrlo necesitará renovar su imagen y recuperar la confianza de los ciudadanos a través de algún tipo de rendición de cuentas, además de asumir un papel opositor coherente. En la ceremonia de aniversario, Claudia Ruiz Massieu destacó que en “un ambiente polarizado entre quienes planean desmantelar las instituciones y aquellos que tienen una visión conservadora de la realidad apegada a sus principios religiosos, el PRI se presenta como la alternativa del equilibrio y la gobernabilidad”. Sobre su papel ante el gobierno que ha desechado las reformas estructurales que el sexenio pasado impulsaron, la dirigente enfatizó “Como oposición debemos hacer crítica con propuesta, defender las instituciones que le han dado estabilidad y progreso a la república, al sistema federal, la soberanía de la nación y el régimen democrático de derechos y libertades que hemos construido”.

El PRI realizará una elección interna para nombrar a su próximo dirigente nacional. Entre los aspirantes se encuentran, hasta el momento, José Narro, Ulises Ruiz y Alejandro Moreno. Se espera que sea la militancia quien decida al presidente en una elección organizada por el INE. Pero las diferencias al interior del partido podrían abonar a su debilitamiento. La corriente Democracia Interna, encabezada por Ulises Ruiz, solicitó al actual CEN no nombrar al expresidente Peña Nieto consejero político y expulsarlo del partido “por el inmenso daño que le causó, llevándolo del triunfo del 2012 a la peor derrota de su historia en el 2018”.

Por su parte, el PAN también intenta proyectar una imagen fuerte, pero los fantasmas de la elección pasada siguen acechando. Un año después de que Ricardo Anaya fuera acusado de posible lavado de dinero, acusación que él describió como una persecución política del gobierno peñista encaminada a favorecer a López Obrador, se reveló que dos días antes de que terminara la administración priista, fue absuelto de las acusaciones. “No existen datos de prueba suficientes aún de manera circunstancial que permitan acreditar el hecho con apariencia de delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita”, se lee en el expediente firmado por el subprocurador especializado en Investigación de Delincuencia Organizada, Alonso Israel Lira Salas. En respuesta a esto, Marko Cortés, dirigente del PAN tuiteó “Siempre lo dijimos y el tiempo nos da la razón: en el proceso electoral hubo una perversa estrategia para atacar y desprestigiar a @RicardoAnayaC”.

El poder del PAN será puesto a prueba en la elección extraordinaria en el estado de Puebla. Tras el accidente donde perdieron la vida Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle, el PAN perdió sus liderazgos locales y apuesta por Enrique Cárdenas, un candidato proveniente de la academia, para evitar que Morena se quede con una gubernatura que en julio pasado fue extremadamente disputada.

Como explicó Carlos Bravo Regidor en su columna en Reforma, aunque parecen términos similares, la oposición no necesariamente significa contrapeso. Las oposiciones son las fuerzas políticas alternativas frente al partido en el gobierno, mientras que los contrapesos son instituciones que desempeñan funciones de vigilancia o control. “Se puede ejercer un contrapeso sin ser oposición; por ejemplo, desde la Suprema Corte, un órgano autónomo, la sociedad civil o la prensa. Y se puede ser oposición sin ejercer como contrapeso: por estar en minoría en el Congreso, carecer de cohesión interna o no tener propuestas relevantes ni liderazgos fuertes”, acota Bravo Regidor.

El problema es que actualmente la oposición ha sido anulada ante la figura centralizadora del presidente, la cual se refuerza con sus altos niveles de aprobación y su presencia constante en los medios de comunicación. Frente a él, la oposición se nota débil y sin rumbo. En opinión de Jesús Silva-Herzog Márquez, más allá del surgimiento de un gobierno mayoritario nos enfrentamos a “un vacío de la oposición”.

En estos meses de mandato de López Obrador, el único momento en que la oposición ha logrado hacerse escuchar fue en la modificación al dictamen para la creación de la Guardia Nacional. Los intentos posteriores por mostrarse como un bloque con una agenda política que equilibre el poder han sido irrelevantes. Hace falta una oposición que construya, que proponga, que cuestione y que no solamente acote las voluntades del Ejecutivo. Para Luis Carlos Ugalde, “México requiere una oposición articulada, moderna y sólida que genere moderación, reflexión y contrapeso. A México le conviene un PRI vigoroso (como también un PAN fuerte y otros partidos alternativos al hegemónico); de la misma manera que fue muy saludable que una izquierda emergente se plantara frente al PRI en los años ochenta y noventa”.

Con investigación de Karla Sánchez.