¿Trabajar con los ojos rojos? | Letras Libres
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¿Trabajar con los ojos rojos?

El cannabis recreativo ya es legal en Canadá. Los reglamentos establecen dónde y cuánto se puede comprar y en qué lugares está permitido consumirlo. Pero hay un punto que sigue generando dudas: cómo se regulará su consumo en el trabajo.

Desde hoy, la marihuana recreativa es legal en todo el territorio canadiense. Canadá es la primera economía de peso en el mundo que pone en marcha una medida de tal calibre en cuanto a producción, venta y consumo, solo comparable con la que aplicó Uruguay en julio de 2017. El país boreal prohibió la hierba en 1923, aunque su uso medicinal fue autorizado en 2001. De acuerdo a un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen, los canadienses figuraron en 2017 en la cuarta posición de la lista de mayores consumidores del orbe (12.7% de la población), únicamente superados por Islandia, Estados Unidos y Nigeria. 

Los liberales del primer ministro Justin Trudeau presentaron el proyecto de ley (conocido como C-45) en el Parlamento en abril de 2017. Posteriormente, el Senado lo recibió en junio de ese año y dio su visto bueno doce meses después. “Sabemos que actualmente es más fácil para los jóvenes comprar un cigarrillo de marihuana que una botella de cerveza. No es lo correcto. Pensamos que reglamentar y controlar la sustancia permitirá retirar las ganancias de los bolsillos de los criminales e inyectarlos en un sistema donde podamos asignar impuestos y apoyar a las personas que enfrenten desafíos relacionados con el uso de la droga”, expresó Trudeau el año pasado para aclarar los motivos de la legalización.

Al día de hoy han quedado resueltas casi todas las grandes líneas contempladas en la ley. Las personas pueden comprar la hierba en tiendas y páginas web gubernamentales o privadas, dependiendo de la provincia. La posesión máxima autorizada es de 30 gramos. Ottawa obtendrá 25% de las regalías por gravámenes y 75% quedará en manos de los gobiernos provinciales. El cannabis proviene de firmas privadas que obtuvieron licencias federales para cultivarlo.

Para determinar en dónde  se puede consumir la planta, algunas provincias, ciudades y distritos metropolitanos han decidido aplicar la misma política del tabaco: por ejemplo, permitir fumar en parques y aceras, pero prohibirlo en terrazas y áreas cercanas a escuelas. Otros más han optado por la línea dura: no se tolerará el consumo en sitios públicos y punto. De esta forma, uno podría caminar con el canuto en la boca y, al cruzar una calle, ganarse una multa.

En toda esta madeja de disposiciones, existe un tema que ha levantado muchas dudas en el país: la regulación del cannabis en el trabajo. Según la agencia The Canadian Press, los liberales tuvieron en mente efectuar cambios de envergadura en el código laboral, pero finalmente optaron por permitir a cada empresa establecer su propia política respecto a la marihuana, invitando a tomar en cuenta los criterios establecidos para el tabaco y el alcohol en asuntos como la salud y la seguridad.

Un neurocirujano no puede llegar al quirófano apestando a ron, al igual que una profesora de economía tiene prohibido encender un cigarrillo de tabaco en el salón de clases. Así, las autoridades llamaron a las compañías a utilizar el sentido común y, sobre todo, a determinar el tiempo que debe transcurrir entre el consumo de la marihuana y el inicio de la actividad laboral. La tarea sería menos engorrosa de haber existido más apoyo por parte de Trudeau y sus ministros, pero ganó el deseo de legalizar la hierba antes de 2019, año de las próximas elecciones federales.   

Varias son las empresas e instituciones que ya han hecho públicas las políticas que adoptarán. Algunas han presentado reglamentos sensatos y coherentes, pero otras más han optado por medidas que pueden considerarse como contradictorias, radicales e, incluso, risibles. No son pocos los abogados que festejan por el alto número de causas que podría llegar a tribunales.

De entrada, en Canadá están prohibidos los controles aleatorios de sustancias en lugares de trabajo, con base en la Carta canadiense de derechos y libertades. Una excepción sobre estas pruebas por sorpresa se da en las fuerzas armadas. “Los controles se realizan cuando hay motivos razonables para pensar que la persona está intoxicada, en el caso de un accidente laboral o si el trabajador vuelve a sus actividades tras un tratamiento contra alguna dependencia”, marca el código laboral. A este respecto, la Asociación de guarderías de Quebec ya anunció que establecerá estas pruebas entre los educadores bajo sospecha. “El objetivo es velar por la seguridad de los niños”, declaró su directora, Isabelle Palardy, a la radio de Montreal.

 

El problema, tanto en las guarderías de Quebec como entre otros centros laborales, es que las pruebas que recurren a la saliva –las más accesibles– detectan si alguna persona consumió la hierba, pero no brindan información confiable sobre la dosis utilizada ni sobre el tiempo transcurrido desde el consumo. Lo mismo ocurre con las pruebas al volante. Quien conduzca un taxi o un camión de carga (o un vehículo familiar) podría ser interrogado por la policía. Si hay sospechas por consumo de marihuana, la persona deberá pasar una prueba de saliva. El gobierno federal aprobó el uso del Drug Test 5000, un instrumento fabricado en Alemania. Sin embargo, varios expertos han puesto en duda su fiabilidad. Además, en caso de intoxicaciones elevadas, es necesario realizar un examen de sangre para presentar cargos, cuando aún son pocas las comandancias de policía que cuentan con el equipo necesario para efectuarlo.

 

A propósito de las fuerzas policiales, en Calgary no podrán consumir marihuana en ningún momento. Sin embargo, en Vancouver, Montreal, Regina y Ottawa podrán hacerlo cuando estén de vacaciones o en sus horas de descanso. “Los empleados que trabajen en áreas críticas para la seguridad, incluidas las operaciones de vuelo y el mantenimiento de las aeronaves, tendrán prohibido usar cannabis en todo momento, tanto en servicio como fuera del mismo”, informó por su parte Air Canada.

 

Según la firma Deloitte, en los próximos años el cannabis recreativo empleará legalmente en Canadá a unas 150 mil personas. A mediados de septiembre, varios medios internacionales publicaron que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos amenazaba con un veto de entrada vitalicio a estos trabajadores canadienses. No resultaba difícil imaginar la escena en la frontera: “¿En qué trabaja usted?”. Vendo marihuana”. Sin embargo, las autoridades estadounidenses aclararon  el pasado 11 de octubre que “Un ciudadano canadiense que trabaje o participe en la industria legal del cannabis en su país y que visite Estados Unidos por motivos no asociados con la marihuana podrá generalmente ingresar a territorio estadounidense”.

Los gobiernos federales, provinciales y municipales han subrayado que es necesario dejar pasar un periodo de tiempo razonable para estudiar el impacto de la legalización en la vida cotidiana de los canadienses. En el plano laboral, no han cerrado la puerta a nuevas disposiciones para una regulación más efectiva. Mientras tanto, cada vez más empresas e instituciones informan a su personal sobre los códigos a seguir. A su vez, cámaras patronales y sindicatos buscan conciliar la salud pública y la seguridad con las libertades individuales de los trabajadores. Mayores directrices gubernamentales habrían facilitado la tarea, es cierto, pero ahora toca actuar con lo que hay. Después de todo, la marihuana llegó para quedarse en Canadá.