¿Hizo bien Nancy Pelosi en romper el discurso de Trump? | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: Alex Wroblewski/CNP via ZUMA Wire

¿Hizo bien Nancy Pelosi en romper el discurso de Trump?

Si se concibe la política democrática como una confrontación entre bandos opuestos e irreconciliables, el desplante de Trump y la reacción de Pelosi cobran sentido como una afirmación de principios.

Más que un acto republicano de rendición de cuentas, o una pieza de oratoria digna de un jefe de Estado, el informe anual de Donald Trump ante el Congreso de Estados Unidos fue un reality show con villanos (los migrantes, Maduro, los demócratas); héroes (militares, agentes de la Patrulla Fronteriza, becarios, estudiantes destacados); sorpresas polémicas (anunciar a medio discurso que le daba la Medalla Presidencial de la Libertad al locutor ultraconservador Rush Limbaugh) y, desde luego, dramatismo.

Dado que la votación en el Senado para llevarlo a juicio político está a unos días, pensé que Trump usaría el podio para atacar a sus acusadores y defenderse de lo que él ha llamado “cacería de brujas, estafa y engaño”. Pero no. El drama no se expresó con palabras, sino por medio del lenguaje no verbal.

Al principio del evento, cuando Trump llegó al podio, Nancy Pelosi  –Presidenta de la Cámara de Representantes– le extendió la mano. Pero el presidente no le devolvió el saludo.

Pelosi ocupó su lugar detrás de Trump, junto al vicepresidente Pence, quien preside el Senado. Al igual que el año pasado, sus gestos eran captados por la cámara que enfocaba todo el tiempo al presidente. Durante la casi hora y media de discurso, Pelosi evitó hacer gestos, aún cuando Trump se deshacía en exageraciones, medias verdades y mentiras.

Pero cuando Trump terminó de hablar, Pelosi tomó lo que parecía ser su copia del discurso –la versión preparada que la Casa Blanca circula antes del evento– y ahí, ante las cámaras, lo rompió con un gesto de abierto desprecio.

Las opiniones al respecto se dividieron de inmediato.

De un lado, hay quienes afirman que Pelosi cometió un error. Por ejemplo, León Krauze dijo en Twitter que “No hay mejor artista de la confrontación histriónica que Trump” y que “en ese terreno no le gana nadie”. Desde ese punto de vista, comportarse con rudeza demerita a Pelosi, quien ha sido reconocida por su temple y sensatez aún en los momentos más difíciles.

Por otro lado, hay quienes celebraron el desplante. Jon Favreau, quien fuera redactor de discursos de Barack Obama, dijo que “Pelosi tomó una página del manual de estilo de Trump y le robó la noche”, y que gracias a su gesto “nadie está hablando del discurso [de Trump]”.

¿Hizo bien o hizo mal Nancy Pelosi? Pienso que la respuesta depende mucho de lo que uno considera que debe ser el rol ideal de un líder político. Cuando uno tiende a creer en la democracia como una forma de gobierno basada en el diálogo entre iguales, la tolerancia a quien piensa distinto, la deliberación racional y la búsqueda de las mejores decisiones colectivas, es claro que estos desplantes parecen innecesarios y contraproducentes. Pero si uno tiende a ver la política democrática como una confrontación entre bandos opuestos e irreconciliables por sus diferencias en valores y visiones del mundo, el desplante de Trump y la reacción de Pelosi cobran sentido como una afirmación de principios.

Hay otra explicación muy interesante. En su libro Disrespectful democracy: The psychology of political incivility, la  psicóloga política Emily Sydnor ha encontrado que las personas que evitan el conflicto reaccionan mal ante la incivilidad política, lo que las lleva a alejarse de las noticias y a no estar enteradas de los temas. Por el contrario, las personas a las que el conflicto no les molesta, o que incluso les genera interés, tienden a mantenerse más enteradas de los temas políticos y muestran mayor participación en la deliberación y el debate. Sydnor concluye que, dado que vivimos en una era en la que los políticos con malos modales tienen más oportunidades de llegar al poder, veremos cada vez más rudeza, por lo que es mejor adaptarnos y ser más abiertos al conflicto. Una piel más gruesa nos hará mejores ciudadanos en estos tiempos conflictivos.