González Pedrero, un priista en el debate por la democracia | Letras Libres
artículo no publicado

González Pedrero, un priista en el debate por la democracia

Enrique González Pedrero murió en la soledad política de un régimen distorsionado, pero sus reflexiones sobre la democracia quedaron en sus libros para ser leídas, debatidas y enriquecidas.

A la memoria de Luis Martínez Fernández del Campo, quien me acercó a González Pedrero

 

Pivote académico para introducir el estudio del teórico marxista italiano Antonio Gramsci en la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM durante su dirección (1965-1970), al abogado y politólogo Enrique González Pedrero (Villahermosa, 1930-2021) se le puede considerar como un intelectual orgánico, en el buen sentido del concepto: un pensador que pasó de la teoría de la praxis a la praxis de la teoría.

Político priista y luego lopezobradorista, dedicó buena parte de su vida a la reflexión intelectual y al estudio de la historia mexicana con su País de un solo hombre. El México de Santa Anna (FCE, 1993, 2003 y 2017), monumental obra en tres tomos sobre el general y presidente. En la acción fue senador, secretario general del PRI (con Jesús Reyes Heroles en la dirección del partido), gobernador de Tabasco (1982-1987), embajador de México en España (1989-1991) y diputado perredista (1997-2000). Trabajó para la candidatura presidencial de Carlos Salinas de Gortari en 1988 y luego para Andrés Manuel López Obrador en la disidencia perredista. En 2018 formó parte de un grupo asesor del candidato de Morena, pero no ocupó ningún cargo público. Los últimos años de su vida los pasó en su impresionante biblioteca en Coyoacán.

El itinerario de González Pedrero se movió en el espacio mixto de la teoría y la praxis, pero usando la teoría para potenciar comportamientos prácticos. Estudioso del marxismo, el tabasqueño quiso construir un modelo de interpretación de la realidad mexicana centrado en la dinámica de las ideas y del desarrollo económico. Su libro El gran viraje (Era, 1961) pavimentó ese tránsito: Tocqueville, la revolución norteamericana, la revolución mexicana y la revolución cubana. Su preocupación fue la de lograr una síntesis entre socialismo, desarrollo, bienestar, democracia y dinámica de las fuerzas sociales.

Su paso por el equipo político del candidato Salinas de Gortari en 1988 no se pudo concretar en una posición que le permitiera impulsar sus ideas sobre de una nueva política priista y la transición democrática, y lo llevó a cargos menores en efectividad política, pero importantes en sus preocupaciones personales: la dirección del Fondo de Cultura Económica (1988-1989) y la embajada de México en la España (1989-1991) de la transición democrática, durante el gobierno del socialista Felipe González.

González Pedrero fue un promotor de la democratización mexicana en clave de transición, aunque con espacios partidistas e institucionales reducidos. La ola democratizadora en México comenzó, de manera formal, primero con el ensayo Por una democracia sin adjetivos de Enrique Krauze (Vuelta, no. 86, enero de 1984) y luego con dos ensayos provocadores: Hora cumplida 1929-1985, de Octavio Paz y Escenarios sobre el fin del PRI, de Gabriel Zaid (ambos publicados en Vuelta, no. 103, junio de 1985). En 1987, González Pedrero publicó Una democracia de carne y hueso (Océano) para narrar sus experiencias en la selección democrática de candidatos a alcaldes en Tabasco durante su ejercicio como gobernador.

González Pedrero tuvo, por así decirlo, tres ciclos ideológicos: primero, como promotor del enfoque de nacionalismo revolucionario del PRI; luego, como impulsor de la transición mexicana a la democracia; finalmente, con su estudio monumental sobre Santa Anna, para advertir el modelo de gobierno personalista unitario en una sola persona, el vicio superior del ciclo señalado por Octavio Paz en Posdata: emperadores indígenas-virreyes-señores presidentes.

La de González Pedrero fue la última voz del pensamiento social de la revolución mexicana ante el desafío de la postergada democracia maderista. Le costó trabajo moverse con sus ideas sociales de izquierda nacionalista, cuando el PRI había perdido ya su impulso ideológico con el relevo de élites políticas en 1976 y luego con tecnócratas del neoliberalismo. Sus dos libros básicos de reflexión de teoría para la praxis siguen siendo de relectura refrescante: El gran viraje (Era, 1961) y La cuerda floja (FCE, 1982), un análisis de la política desde Maquiavelo, Tomás Moro, Vasco de Quiroga y Aristóteles.

Los tiempos políticos del PRI de 1988 en adelante –el gran viraje del pensamiento social de la Revolución mexicana a las exigencias pragmáticas del Tratado de Libre Comercio– no le dejaron espacio a González Pedrero para la acción directa. Pero usó su fuerza intelectual para estar presente en el debate sobre la democratización mexicana, con impactos personales de la transición española a la democracia que conoció de cerca. En dos libros recogió sus reflexiones públicas: La cuerda tensa. Apuntes obre la democracia en México, 1990-2005 (FCE, 2006), con ensayos publicados en publicaciones impresas, y Puntos de Referencia 1996-2003 (2012, FCE), con sus columnas publicadas en El Universal.

González Pedrero murió en la soledad política de un régimen distorsionado, pero sus reflexiones sobre la democracia quedaron en sus libros para ser leídas, debatidas y enriquecidas.