George H. W. Bush: nostalgia de la decencia | Letras Libres
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George H. W. Bush: nostalgia de la decencia

De Bush padre lo que más extrañaremos será la prudencia con la que se condujo en política exterior. Esa virtud tan celebrada por Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, y que hoy tanto extrañamos.

La muerte del ex presidente de Estados Unidos George H. W. Bush ha generado una revalorización de su manejo de la política exterior del país. Sin duda, esta reivindicación de la estatura de Bush, un hombre de decencia probada, surge al compararla con la caótica, vulgar, soez e improvisada gestión del presidente actual. Aunque valerse de esa óptica sería mezquino e injusto para Bush porque reduciría su trayectoria a una prosaica comparación entre la luz y la sombra. Su diligencia y su destreza conduciendo a la diplomacia estadounidense en un momento de turbulencia mundial fue brillante.

Bush asume la presidencia en 1989, el año que marca el inicio del desmoronamiento de los regímenes comunistas en Alemania oriental, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía, Estonia, Letonia y Lituania. En Afganistán, Gorbachev ordena el retiro de tropas rusas y en China, el gobierno de Li Peng reprime salvajemente una manifestación de protesta en la Plaza Tian an Men en la que mueren cientos de estudiantes que pedían reformas democráticas.

Lejos de celebrar en público el fracaso de los regímenes comunistas dictatoriales y adjudicárselos como triunfos personales, Bush logró establecer un difícil equilibrio entre su apoyo a la causa de los disidentes y a líderes reformistas como Gorbachev, cuidándose de no provocar la reacción y la ira de la vieja guardia.

Un año después, cuando Saddam Hussein invade Kuwait, pensando equivocadamente que Estados Unidos no intervendría, la respuesta de Bush a la agresión iraquí fue impecable. A diferencia de su hijo, George W., quien mal aconsejado por sus nefastos vicepresidente Dick Cheney y Secretario de la Defensa Donald Rumsfeld, metió al país en una guerra que formalmente duró 8 años pero desencadenó otra que no tiene cuando acabar, Bush padre dio cátedra de cómo organizar una coalición militar multinacional auspiciada por Naciones Unidas que liberó a Kuwait y destruyó al ejército iraquí en menos de siete meses.

También en Europa se sintió la mano templada de Bush cuando llegó el momento de gestionar la reunificación de las dos alemanias. “Fue un golpe de suerte en la historia alemana que George H.W. Bush fuera presidente de Estados Unidos cuando la Guerra Fría terminó y la reunificación de Alemania se hizo posible”, dijo la Canciller Angela Merkel al enterarse de la muerte del ex presidente.

En efecto, fue la habilidad política de Bush la que allanó el camino para vencer la oposición de la Unión Soviética, Gran Bretaña, Francia y Polonia a la reunificación, y posibilitarla convenciéndoles que esta no significaría un resurgimiento del nacionalismo militarista alemán.

El elogio no implica ocultar tropiezos como por ejemplo el haber ordenado la invasión a Panamá que ocasionó un número indeterminado de civiles muertos, para aprehender a un bribón como Manuel Noriega. El fracaso de su reelección en 1992 fue fiel reflejo del fiasco de su política interna, y de su inhabilidad para lidiar efectivamente con la extrema derecha de su partido encabezada por Newt Gingrich. El encomio resalta sus logros en política exterior y sobre todo, su manera elegante, prudente, y efectiva con la que se condujo en momentos de enorme tensión.

En un momento histórico en el que el presidente de Francia George Pompidou declaraba que los instrumentos de la política exterior de un país eran los ejércitos y el dinero, Bush nos mostró en la práctica que la prudencia podía ser la herramienta central para lograr entendimientos entre naciones que se habían perdido la confianza.

Y por ello, de todas sus virtudes destaco la prudencia con la que se condujo tanto en su vida privada como en la pública. Esa virtud que tanto ensalzaron Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, y que hoy tanto se extraña.

Termino con una aclaración no pedida. Yo no voté por Bush en las dos elecciones presidenciales a las que se presentó como candidato pero eso no me impide reconocerle sus virtudes.