El primer discurso de Claudia Sheinbaum como jefa de gobierno | Letras Libres
artículo no publicado

El primer discurso de Claudia Sheinbaum como jefa de gobierno

Algunos comentarios sobre el discurso que pronunció Claudia Sheinbaum ante el Congreso de la Ciudad de México.

Confieso que la llegada de Claudia Sheinbaum a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México me genera cierta esperanza. Después de los años de frivolidad e incompetencia del gobierno de Miguel Ángel Mancera, el cambio es bienvenido. Sheinbaum me parece mucho más preparada, seria y sensata que su antecesor.

En el arranque de su discurso, la nueva jefa de gobierno hace un recorrido por la historia de la Ciudad de México, con lo que apela al orgullo de quienes nacimos y vivimos aquí. Además, esta apelación a la historia y al pasado es adecuada para poner a la propia ciudad –no a la oradora– como la protagonista del mensaje.
Después, hace una referencia política halagadora al presidente López Obrador y su paso como jefe de gobierno (2000-2005), lo que habla de que para ella es un mentor y una guía. Esto seguramente le gustó mucho a los seguidores de AMLO, pero también puede ser una debilidad, ya que muchos perciben en Sheinbaum a una funcionaria dependiente, e incluso supeditada, a la voluntad del presidente. 

La oradora plantea en su mensaje un objetivo muy claro para su periodo al frente del gobierno local: construir y fortalecer una ciudad de derechos, innovadora, con esperanza. Su diagnóstico es demoledor: la ciudad está en problemas porque “el abandono del servicio público y la democracia” se tradujo en “un modelo de desarrollo urbano desigual que privilegió la ganancia inmobiliaria sobre el interés público y los derechos sociales, que usó la fuerza para reprimir y provocó el abandono de los servicios públicos y la inseguridad.” Para Sheinbaum, “se traicionó el camino de la democracia y se ignoró el sentimiento de los ciudadanos”.

La solución es, en este discurso, “acabar con los abusos”, que para la funcionaria significa acabar con la persecución política, la compra del voto, la privatización de los espacios públicos y el abuso en el incremento de cobros (multas e impuestos) por parte del gobierno. Desde luego, no puede faltar el sello de la casa, y Sheinbaum promete que con ella llega una era de “austeridad republicana” caracterizada por la “honestidad y la erradicación de corrupción y privilegios de altos funcionarios”.

La parte más clara del discurso fue aquella en la que Sheinbaum explica su postura respecto a la ciudad de derechos para “acabar con las desigualdades y promover oportunidades de desarrollo para todas y todos.” La lista de derechos es enorme (salud, vivienda, seguridad, agua, cultura, movilidad, democracia, minorías…), y uno se pregunta de dónde saldrán los recursos para garantizarlos todos. Aun así, como declaración de principios es positivo que la jefa de gobierno se comprometa con esa visión progresista de la ciudad.

A partir de ahí, el discurso cayó en el error de comenzar con el listado de promesas en forma de programa de gobierno, lo que le restó ritmo y efectividad. Yo hubiera preferido que se centrara en decirnos sus principales acciones para atacar tres problemas clave: seguridad, movilidad y servicios públicos. Pero no fue así, y por eso Sheinbaum comenzó a sonar más como secretaria de Bienestar federal que como alcalde de una ciudad lastimada por el crimen y esclerótica en sus avenidas.

Mi principal crítica al discurso es que quedó a deber en la parte de innovación. Durante su campaña, Sheinbaum apeló a su perfil tecnocrático como una científica inteligente que sabría resolver los problemas de la ciudad. Por eso, su anuncio central tenía que cumplir esa promesa y darnos algo que nos hiciera mirar al futuro con optimismo: nuevas tecnologías, nuevas ideas, nuevas soluciones científicas para nuestros graves problemas.

En vez de eso, a Sheinbaum le ganó la ideología y anunció la desaparición de la policía antimotines de la ciudad (Cuerpo de Granaderos) porque esa era una demanda…. del movimiento estudiantil de 1968. Más allá de la pertinencia de dejar a la ciudad sin cuerpo antimotines (no sé si haya alguna gran capital del mundo que haya tomado una medida así), poner este anuncio como la parte estelar del discurso inaugural habla de alguien que tiene la mirada puesta en los agravios del pasado, no en las oportunidades del futuro. Espero, por el bien de nuestra ciudad, que su gestión no cometa esta misma equivocación.