El primer 8 de marzo de López Obrador | Letras Libres
artículo no publicado

El primer 8 de marzo de López Obrador

El presidente presume que tiene el primer gabinete paritario, pero sus acciones y propuestas dejan claro que, aunque la representación de las mujeres en política es relevante, el que ocupen esos espacios no siempre garantiza su participación en la toma de decisiones.

Año con año empiezan a llegar las invitaciones a los eventos públicos y privados para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, que fue institucionalizado en 1975 por Naciones Unidas como una fecha para visibilizar la discriminación contra las mujeres e impulsar que participen en igualdad de oportunidades en la sociedad en todos los ámbitos.

Será interesante ver lo que resulta este año, a poco menos de 100 días de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador. Hasta ahora sabemos que el presidente ha convocado, junto con la titular del Instituto Nacional de las Mujeres, Nadine Gasman, a un evento para conmemorar este día. Queda claro que la situación actual de las mujeres que viven en México no es resultado de su aún corta administración. Pero lo cierto es que ha dado mucho de qué hablar con anuncios recientes, como el recorte al Programa de Estancias Infantiles para Madres Trabajadoras, dependiente de la hoy Secretaría de Bienestar, así como de la desaparición de los apoyos a refugios para las mujeres que viven violencia. Todo esto refleja una falta de perspectiva de género y compromiso con los derechos de las mujeres.

Sobra decir que las estancias, así como los refugios, son medidas a las que el Estado está obligado. No son dádivas ni concesiones a las que las mujeres habían tenido la fortuna de acceder. Resulta muy desafortunado que los recortes a estos programas hayan sido anunciados como parte del combate a la corrupción, sin evidencia que nos permita determinar que dichos programas contaban con una mala evaluación o irregularidades graves que no pudieran solucionarse mediante supervisión por parte del Estado.

Debido a la falta de un esquema en que las labores domésticas y de cuidado sean redistribuidas, 76.7% de este trabajo recae en las mujeres. En este contexto, las estancias han sido un programa evaluado de forma exitosa por el CONEVAL, que permite que las mujeres puedan emprender actividades económicas, de estudio o de recreación, encaminadas a tener autonomía más allá de si tienen o no pareja, o de las labores de cuidado. Con la propuesta de AMLO de entregarles un recurso económico para cubrir las necesidades de cuidado, la responsabilidad del Estado se diluye y pone, nuevamente, dicha responsabilidad en las mujeres. Esta decisión afectará prioritariamente a las mujeres, pero también a los niños y niñas que no tendrán garantizado un cuidado profesional, de calidad y con seguridad. A pesar de que la Auditoría Superior de la Federación había hecho pocos señalamientos a este programa, de las positivas evaluaciones de Coneval y de los llamados de la Comisión Nacional de la Derechos Humanos, de la Asamblea Consultiva de Conapred y muchos otros más, el presidente se ha mantenido en su decisión de eliminar el programa, haciendo oídos sordos a los datos y argumentos.

A pesar de las numerosas críticas que recibió tras esta decisión, días después anunció la desaparición de apoyos a los refugios de mujeres que viven violencia, los cuales contaban con un monto asignado que corresponde a tan solo 5.77% de lo aprobado para el Tren Maya. Estos espacios, que han salvado vidas y que siempre han sido insuficientes en el país, ahora sufrirán un recorte más. Al ser interpelado sobre la responsabilidad del Estado en el tema de violencia en contra de las mujeres, López Obrador propuso, de nueva cuenta, entregar el dinero directamente a las mujeres. No es claro cómo dichos recursos podrían ser sustitutos de las medidas de seguridad, alimento, cobijo, asesoría médica y jurídica y toda una institucionalización que realizan los refugios. De paso, el mandatario se dedicó a desacreditar a las organizaciones que se han dedicado justamente a apoyar a estas mujeres, pues está convencido de que las organizaciones representan un mal en el país. Posteriormente se anunció que el financiamiento a los refugios no se suspenderá, pero a la fecha sigue sin ser claro cuál será su estrategia, aún después de la presentación de su Plan Emergente para garantizar la Integridad, la Seguridad y la Vida de las Mujeres y las Niñas en México.

Estas dos decisiones, que a mi parecer pueden denominarse como machistas, por no comprender las consecuencias negativas que tendrán para las mujeres, no pueden leerse de manera aislada. Lo cierto es que AMLO se refiere poco o nada a las mujeres del país. Cuando se refiere a la impunidad, a la corrupción o a la pobreza, pareciera que lo hace refiriéndose a situaciones que no consideran la perspectiva de género. La feminización de la pobreza es un fenómeno que va en crecimiento y requiere medidas concretas y diferenciadas. Lo mismo la impunidad, ya que los delitos por los que se acusa a mujeres y hombres son diferentes, lo mismo que las penas derivadas de sentencias por mencionar algunos ejemplos.

AMLO presume que tiene el primer gabinete paritario, pero sus acciones y propuestas dejan claro que, aunque la representación de las mujeres en política es relevante, el que ocupen esos espacios no siempre garantiza su participación en la toma de decisiones. ¿Y qué pensaran las mujeres de su gabinete cuando anuncia estas medidas? ¿O su privilegio las nubla de darse cuenta de la falta de perspectiva de género de sus decisiones?

Otro ejemplo cuestionable son las ternas que ha enviado AMLO para llenar vacantes en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Su primera terna, para sustituir al ministro José Ramón Cossío, incluía dos mujeres y un hombre. Todos con perfiles cuestionables y conflictos de interés y con un claro favorito. En esta segunda terna para sustituir a Margarita Luna Ramos, envía una terna con tres mujeres, como si esto fuera de avanzada y no una obligación, teniendo una Corte con una sola mujer de entre once puestos. Queda claro que son mujeres cercanas a él, en las que confía, sin importarle el conflicto de interés. Dos de estas mujeres, en las audiencias frente al Senado, evidenciaron su falta de conocimiento sobre los derechos humanos y su falta de representación y reconocimiento a tantas mujeres que se han esforzado y han logrado carreras destacadas en el ámbito jurídico.

No se ha visto ninguna señal de que, después de estos tropezones, las cosas puedan cambiar: que AMLO propondrá medidas que se traducirán en que las mujeres no tengan que dejar sus planes de vida; que tengan las mismas oportunidades de empleo y se les garanticen sueldos equitativos; inversión en la prevención de la violencia para que niñas, adolescentes y mujeres no sean violadas sexualmente, ejecutadas o desaparecidas; para evitar que las mujeres mueran en el parto o se conviertan en madres de manera involuntaria; y la lista es enorme. Por momentos, pareciera sacar su parte solidaria con el PES que tanto está en contra del avance de los derechos de las mujeres. Por momentos, vemos algunas propuestas positivas como la adopción de un Código Penal Único en el que se despenalice el aborto hasta las doce semanas en todo el país.

Será interesante ver el mensaje que da este 8 de marzo. En él debería reconocer su poca visión, esfuerzo y contribución para priorizar la perspectiva de género en sus políticas y comprometiéndose con los derechos de las mujeres hacia el futuro. Pero, recorriendo la historia, es capaz de felicitarnos en “nuestro día”.