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El peligroso hazmerreír del mundo

La insensata postura de Trump en la reunión del G7 bien podría anunciar el comienzo de una guerra comercial y el colapso de la Alianza Occidental.

“No es solamente poco ortodoxo. Es ineficaz y vergonzoso que un presidente estadounidense actúe de esta manera,” dijo Nicholas Burns, diplomático de alto rango en el gobierno de George W. Bush comentando el berrinche de Donald Trump en la reunión del G7 en Canadá. “No quiero que nuestro presidente sea el hazmerreír del mundo.”

Y Burns no fue el único estadounidense que lamentó el sainete de Trump. El senador republicano John McCain envió un tuit a los líderes de los países  aliados de Estados Unidos recordándoles que “la mayoría de los americanos de ambos partidos, siguen favoreciendo el libre comercio, la globalización y los valores compartidos con los aliados por más de 70 años. Los americanos estamos con ustedes aún cuando nuestro presidente no nos acompañe”.

La última telecomedia de Trump empezó cuando sospechosamente mencionó la idea de reincorporar a Rusia al G7 sabiendo que el consenso estaba en contra. El PIB de Rusia no justifica su presencia en el G7 y su aventurerismo apropiándose de Ucrania lo descalifica ante los gobiernos democráticos de Europa. Su propuesta motivó una airada protesta no solo de los europeos sino de senadores republicanos como Marco Rubio, Ben Sasse, Lindsey Graham y Jeff Flake, entre otros.

Haciendo gala de su acostumbrada majadería y prepotencia, Trump llegó tarde a la primera sesión en la que se discutía la igualdad de género, un asunto que a Trump, acostumbrado a tratar a las mujeres como objetos sexuales, evidentemente le cuesta trabajo digerir.

Sin embargo, y a pesar de los desencuentros iniciales, el ánimo conciliador del resto de los países les condujo a emitir un comunicado acordado por todos que resaltaba la necesidad de mantener un comercio “libre, justo, y mutuamente benéfico y desechar el proteccionismo”.

En su papel de anfitrión al Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau le tocó leerlo para después y a título personal expresar su desacuerdo con las exigencias de Trump. “Los canadienses’, dijo, “somos amables y razonables pero no nos van a avasallar”. Para los canadienses es un insulto que Trump utilice el pretexto del peligro a la seguridad nacional para imponerle aranceles al que ha sido históricamente su mejor aliado.

Esto bastó para desatar la ira de Trump y sus sicofantes que volvieron a insultar a Trudeau y se retractaron del acuerdo porque, el desacuerdo de Trudeau debilitaba la imagen de fortaleza que Trump necesitaba vis-a-vis la reunión con Kim Jong Un en Singapur. 

Para el conservador diario canadiense The Globe and Mail, “la decisión de Donald Trump de retractarse de su firma en el comunicado de la cumbre Charlevoix G7 es una de las crisis manufacturadas más flagrantes jamás perpetradas por una administración estadounidense contra un aliado…. Las relaciones entre dos de los aliados más cercanos del mundo están ahora en un peligroso punto bajo. Y la culpa recae totalmente en el Sr. Trump y sus asesores… (Trump) debe entender que cuando llegamos al límite no nos arrodillamos frente al bully que nos insulta, no importa que tan grande sea”.

Para el Premio Nobel en economía, profesor y columnista del New York Times, el estadounidense Paul Krugman la postura de Trump en la reunión del G7 “bien podría anunciar el comienzo de una guerra comercial, tal vez incluso el colapso de la Alianza Occidental”. Trump, escribe Krugman, “fue a Canadá a exigir que nuestros aliados dejen de hacer lo que no están haciendo y eso no es defender con fuerza los intereses estadounidenses. Eso es una declaración de ignorancia y una política insensata…. Lo sucedido en Canadá fue una humillante debacle total”.

Desde mi punto de vista, a los países agredidos por Trump solo les queda explorar dos vías. Entablar un diálogo constructivo con los empresarios estadounidenses para evitar, en la medida de lo posible, involucrar al gobierno federal en sus negocios, y forjar una alianza unificada de los países agraviados de la Unión Europea, más Canadá, Japón, Gran Bretaña, India, Brasil y México para combatir el proteccionismo trumpiano.