El discurso de Macron y su advertencia contra el fanatismo político | Letras Libres
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El discurso de Macron y su advertencia contra el fanatismo político

El discurso que pronunció el presidente francés con motivo del centenario del armisticio que dio fin a la Primera Guerra Mundial es un llamado a aprender de la historia de Europa para no repetir el error del siglo XX.

En días pasados se cumplieron los 100 años del armisticio que dio fin a la Primera Guerra Mundial. Con ese motivo, el Presidente de Francia, Emmanuel Macron pronunció bajo el Arco del Triunfo un discurso que contenía estas líneas:

Porque el patriotismo es exactamente lo opuesto al nacionalismo: el nacionalismo representa una traición al patriotismo. Al decir "¡Nuestros intereses primero! ¡Qué importan los demás!”, borramos lo más preciado que una nación tiene, lo que la hace vivir, lo que la hace grande, lo más importante: sus valores morales.

De inmediato, los medios de todo el mundo registraron estas palabras como un rechazo claro y directo a Donald Trump, quien desde su discurso inaugural dijo que con él “Estados Unidos es primero” y que, además, se ha definido orgullosamente como un nacionalista. Desde luego, que el líder de una nación tan importante como Francia haga contrapeso ideológico al populista más poderoso del mundo es una noticia que los medios críticos de Trump no pueden dejar de destacar.

Lo que esos medios tal vez no han registrado es que el mensaje de Macron es mucho más profundo que una bofetada política a Trump. El francés está llamando a aprender de la historia de Europa para no repetir el error del siglo XX: permitir que el fanatismo político se apodere de las sociedades y haga que aflore lo peor de ellas. Dice Macron en este mismo texto:

La lección de la Gran Guerra no puede ser la del rencor de un pueblo contra el otro [] Desde 1918, nuestros predecesores trataron de construir la paz, imaginaron las primeras formas de cooperación internacional, desmantelaron imperios, reconocieron nuevas naciones y rediseñaron las fronteras. Incluso soñaron con una Europa política. Pero la humillación, el espíritu de venganza, la crisis económica y moral alimentaron el auge del nacionalismo y el totalitarismo. La guerra de nuevo, veinte años después, llegó a arrasar los caminos de la paz.

Macron recuerda en su discurso que los políticos de 1918 creyeron que habían hecho todo lo que tenían que hacer para lograr una paz duradera, pero no fue así. Fracasaron en algo que a ellos no les parecía obvio, el ascenso del fanatismo político en su forma más perversa: el fascismo. Por eso, Macron advierte a los líderes de la Europa del 2018:

Sé que los viejos demonios resurgen, listos para cumplir su tarea de sembrar caos y muerte. Las nuevas ideologías manipulan las religiones y abogan por un oscurantismo contagioso. La historia a veces amenaza con retomar su trágico curso y comprometer nuestro legado de paz, que creíamos definitivamente sellado por la sangre de nuestros antepasados.

En un siguiente discurso ese mismo día, al inaugurar el Foro de París para la Paz, Macron usa el recurso retórico del “historiador del futuro” para preguntarse si la estabilidad internacional del 2018 será o no duradera:

De estas ceremonias del Centenario del Armisticio de 1918, la historia, sin duda, conservará una imagen: la de 84 jefes de estado y gobierno de naciones antes enemigas reunidos en París, bajo el Arco de Triunfo, en paz. Pero lo que es incierto es la forma en que se interpretará esta imagen. ¿Será el brillante símbolo de una paz duradera entre las naciones o, por el contrario, la fotografía de un último momento de unidad antes de que el mundo se hunda en un nuevo desorden? La respuesta depende solo de nosotros.

Más que una fuerza imparable del destino, la Historia está hecha de las pequeñas decisiones que líderes políticos van tomando en el día a día, creando realidades con discursos que movilizan a los pueblos y justifican sus acciones. Si esas palabras y acciones siembran el conflicto, tarde o temprano habrá conflicto. Si esas palabras y acciones se encaminan a la libertad, al respeto y a la colaboración, entonces habrá la oportunidad de lograr y mantener la paz. Conviene entonces que veamos más allá de nuestra aldeana realidad local y nos preguntemos: ¿Qué palabras están resonando más en el mundo? ¿Los discursos liberales, que llaman a defender las instituciones para la paz como el de Macron? ¿O los discursos populistas, que activan la llama del odio, la división y el resentimiento, como el de Trump?