Desafíos a la libertad en el siglo XXI: una relatoría | Letras Libres
artículo no publicado

Desafíos a la libertad en el siglo XXI: una relatoría

Durante el foro Desafíos a la libertad en el siglo XXI, celebrado en la ciudad de Guadalajara el pasado 26 de mayo, Mario Vargas Llosa planteó una pregunta: ¿el nuevo gobierno profundizaría en los logros de nuestra joven democracia o los pondría en peligro?

No hemos dejado de evocar aquel famoso resuello de Mario Vargas Llosa en el encuentro La experiencia de la libertad, de 1990. “México” –dijo en televisión nacional– ha sido ‘la dictadura perfecta’, tan perfecta que no se le concibe como tal, pero que de hecho ha tenido todos los signos: la permanencia, la sujeción, los límites a la libertad. Aquella no era una sentencia definitiva sino una convocatoria a los intelectuales ahí presentes: Vargas Llosa los estaba llamando a no olvidar que esa dictadura había sido muy eficiente para reclutar “a la inteligencia”. Y lo había hecho “sobornándola, de una manera muy sutil, a través de trabajos, a través de nombramientos, a través de cargos públicos”. Inequívoca encomienda: si de veras México se proponía transitar hacia la democracia, los intelectuales debían ejercer la crítica, fuera de toda connivencia con el poder.

Casi tres décadas más tarde, Mario Vargas Llosa renovó ese llamado en un momento en el que los aires no son favorables para la democracia. El resquebrajamiento del sistema financiero global, la desmoralización de Estados Unidos, el uso pernicioso de las tecnologías de la información y la deslegitimación de la verdad y la ciencia han animado, a lo largo del mundo, a líderes políticos a ofrecer salidas emotivas y engañosas a los lentos y engorrosos mecanismos resolutivos de las democracias. México estaba viviendo su propia encrucijada después de una transición democrática que acaso no había alcanzado a consolidarse. Ese es el escenario político que el foro Desafíos a la libertad en el siglo XXI, celebrado en la ciudad de Guadalajara, puso a discusión. Vargas Llosa hizo una pregunta que fue más bien un desafío: ¿el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador profundizaría en los logros de nuestra joven democracia o los pondría en peligro? Lo que sigue es una selección de lo que algunos de los intelectuales mexicanos ahí reunidos expusieron.

Enrique Krauze
“Volvemos a reunirnos en un momento de no menor importancia. Ahora ya no es La experiencia de la libertad el título de nuestro encuentro, es Los desafíos a la libertad, y es que ahora, a diferencia de entonces, los vientos siempre veleidosos, siempre azarosos de la historia, no son favorables, y no lo han sido desde el año 2001, con la irrupción de los fundamentalismos religiosos, y luego lo han sido aún menos con la aparición –cada vez más generalizada– de regímenes populistas de izquierda y de derecha que utilizan la democracia para acabar con la democracia y las libertades.”

“Estamos en un momento delicado nuevamente en la relación entre la prensa y el poder [en México]. Es algo inusitado que el presidente de México se refiera a la prensa como el hampa periodística. Y quiero recordar alrededor de esto que existe una jurisprudencia en la Suprema Corte de Justicia del año 2010, que menciona en un laudo lo siguiente, y está inspirado en los grandes pensadores como Madison y los padres fundadores de la democracia americana: entre mayor sea la relevancia pública del personaje en cuestión, mayor debe ser la tolerancia de ese personaje con la crítica. Es un laudo de la Corte Suprema de Justicia de México, que debemos acatar todos los que tenemos una función pública o una visibilidad pública; de modo que si un periodista o intelectual es objeto de ataques, adelante, a defenderse con las armas de la libertad. Pero si un político es objeto de crítica, y si ese político es nada menos que el presidente de la república, de acuerdo con la jurisprudencia refrendada en México y vigente, tiene que exhibir la más alta tolerancia.”

José Woldenberg
“Lo que me preocupa es que como sociedad acabemos tirando el niño junto con el agua sucia. Es decir que lo que se ganó en términos democratizadores y de ampliación de las libertades, se pueda perder. Y me preocupa por varios de los resortes que yo veo instalados en el gobierno actual: primero, el discurso de claros tintes autoritarios del presidente de la república, que no responde a los argumentos con argumentos sino con descalificaciones. Cuando surge un punto de vista distinto, un análisis diferente, incluso unos datos distintos, el resorte que se activa es el de la descalificación. De esa manera es muy difícil construir un espacio de deliberación medianamente racional.”

Héctor Aguilar Camín
“Estamos en un estado avanzado, inminente, para que haya ciertos cambios irreversibles en la democracia mexicana que permitan hablar de que aquí hay un proceso de destrucción de la democracia, mediante procedimientos democráticos. Y esta paradoja, que es muy inquietante, es la que realmente recorre la conciencia de México preguntando hasta dónde va a llegar. Debemos ir midiendo el avance y la irreversibilidad de este proceso que, para mí, sin ninguna duda, está en marcha.”

Ana Laura Magaloni
“Si fuera joven, digamos de veinte o treinta años, de un barrio popular, ¿qué país veo? Veo un país que no tiene mucho futuro, en donde yo no quepo, en donde no está clara cuál va a ser mi capacidad de prosperar y mejorar con mi esfuerzo. También veo un país en donde solo he accedido a servicios públicos a través de clientelas, en donde estas administran la escasez y nunca hay para todos. Veo un país donde el Estado se retiró, donde la violencia y el deterioro suceden todos los días. También veo un país con muchos grupos violentos, en donde asociarme a uno de ellos es quizá mi mejor garantía. Ese es el país que están viendo muchos de los que votaron por Andrés Manuel López Obrador, un país en donde la democracia, los gobiernos anteriores, se retiraron, y dejaron a mucha gente sin una visión de porvenir. Y yo creo que ese orden social excluyente, vertical, en donde solo caben unos pocos, es el país que tenemos que discutir hoy, buscar soluciones a esos problemas.”

Valeria Moy
“¿Es el descontento con la democracia lo que está motivando estos cambios políticos y estos movimientos, o es sólo el descontento? No lo sé, pero tiendo a pensar que es el descontento; que esta es una cuestión muy visual, que se ve todos los días, y es un descontento con la forma de vida, con la vida del día a día. Más que con los ideales de la democracia, me parece que el descontento es a ras de tierra, con cómo vives, qué comes, cómo despiertas, ¿tienes una casa? Y al mismo tiempo ves que alguien sí la tiene, que alguien sí tiene dónde estudiar y una oportunidad de futuro, y tú no. Uno pensaría que las peticiones son ‘quiero libertad’… y no. Este descontento –que yo más bien ya veo como enojo–, surge de cuestiones relacionadas con desigualdad, corrupción, impunidad, y tenemos que entender que no hay recetas fáciles para terminarlas. Nos encanta pensar en recetas fáciles a problemas muy complejos. Y obviamente, cuando alguien te las [ofrece], casi lo agradeces. Y el problema es que nos la creemos.”

Roger Bartra
“Hay que reconocer que el populismo que hoy gobierna México es una criatura de la institucionalidad revolucionaria. Es un vástago que se desprendió del aparato gubernamental priista cuando se abandonó el populismo de Echeverría y López Portillo, para dar paso a una modernización llamada neoliberal. Ese populismo nacionalista se alió a algunas expresiones de izquierda, lo que le dio un semblante progresista e incluso radical en algunos momentos. En la oposición, especialmente desde la transición democrática, el populismo sufrió una lenta involución e inició un retorno a las tradiciones conservadoras originales propias de la cultura institucional revolucionaria; después de dos derrotas electorales, el populismo asentó su giro a la derecha, rompió claramente con el cascarón izquierdista y con ello logró ganar las elecciones del 2018, y así llegó al poder un populismo conservador e incluso reaccionario.”

Guillermo Sheridan
“La temprana desilusión con lo que está sucediendo ahora desde que entró al poder el gobierno del presidente López Obrador. Es inevitable sentir una enorme desilusión ante una persona capaz de declarar con toda seriedad, que México tiene unos depósitos de grandeza moral que no tienen comparación en el mundo. Es que no se puede funcionar así. La cabeza de una persona equilibrada no funciona de esa forma. Tenemos la experiencia terrible y brutal, de lo que ha sucedido con muchos otros anteriores líderes –presidentes, caciques, caudillos­– que supusieron que la grandeza moral de su patria estaba por encima de otras; bueno, ¡cuidado! Ante una cosa así, mi reacción es una especie de desilusión temprana, porque no solamente es un juicio temerario sino un aviso intimidatorio: que un presidente pueda decir con toda seguridad y aparente aplomo, que no es lo mismo la justicia que la ley; desde luego los conceptos son diferentes, pero lo que no se puede suponer es que la justicia está por encima de la ley.”

Christopher Domínguez Michael
“Yo creo que el momento es muy grave y que, en efecto, si los intelectuales no recuperamos el espacio colectivo en el cual la democracia política era una exigencia urgente, se va a hundir la conciencia crítica del país junto con el país entero. A mí me gusta la idea de que los clérigos nos fuéramos a refugiar a las universidades o a nuestros cafés literarios y dejáramos a la sociedad tranquila con su democracia. Pero resulta que otra vez somos necesarios y que otra vez somos necesarios juntos. Cuando me invitaron a venir a este foro me dio una inmensa amargura darme cuenta que los que hablamos aquí predicamos en el desierto.”