AMLO: De dogmático a pragmático | Letras Libres
artículo no publicado
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AMLO: De dogmático a pragmático

Es un error creer que el candidato de Morena es el mismo demagogo obstinado de hace doce años. Su decisión pragmática de abrirle las puertas del partido a antiguos rivales políticos, como Gabriela Cuevas, así lo señala.

Los apoyos declarados hacia López Obrador de Lino Korrodi, Esteban Moctezuma Barragán, Marcelo Ebrard, Miguel Barbosa, Víctor Romo, René Fujiwara y, más recientemente, de Gabriela Cuevas y Cuauhtémoc Blanco han generado un escozor moral que vale la pena discutir. Quienes ahora apoyan a ya saben quién son acusados de traidores y vendidos y a López Obrador le recriminan que le abra la puerta a la mafia del poder.

Pero en todos estos reproches se pierde de vista que estamos hablando de políticos y de carreras políticas y que la intención de cualquier político que se precie de serlo es ganar, alcanzar un puesto de decisión desde el cual pueda hacerse del poder y ejercerlo. Y lo que están haciendo López Obrador y todos los políticos que ahora se le suman es un cálculo completamente pragmático. ¡Y lo sabemos! Pero no queremos escucharlo, porque todavía pensamos, incomprensiblemente, que los políticos son bolsas de ideales andantes y que les da lo mismo estar en un puesto de decisión que sellando oficios en la oficialía de partes, siempre y cuando sea el lugar en el que por “convicción” quieren estar.

Sigamos el caso de Gabriela Cuevas. Renunció al PAN el domingo pasado y a la hora siguiente ya circulaba en los portales de noticias online el artículo que escribió hace seis años en contra de ya saben quién. En estos días Cuevas ha declarado que se va porque busca “una democracia más justa” y porque en los capítulos de política exterior de los libros del candidato presidencial de Morena se destaca que se necesita un México fuerte y ella está de acuerdo con estas ideas. El PAN respondió con un comunicado de prensa“detrás de esta determinación está el hecho de que no se le garantizó a la Senadora una diputación federal plurinominal que exigía al Partido, al no ser aún los tiempos de definición para ello”– y López Obrador recitó la conocida cantaleta de que “estamos con una actitud de apertura, son bienvenidos mujeres y hombres de buena voluntad que se proponen ayudar, para transformar al país necesitamos la unidad de todos los mexicanos, porque la Patria es primero”. ¿Qué es lo que veríamos en un upside down pragmático? Me imagino a Cuevas diciendo, más allá de que sea cierto o no: He hecho bien mi trabajo como legisladora, he trabajado por México, desde esta curul he logrado cambios importantes. En la alianza que hizo el PAN con PRD y MC se comprometieron demasiadas curules y no hay futuro para mí ni para mi trabajo legislativo, así que buscaré hacerlo desde otras trincheras. El PAN rabiaría por igual pero la insidia de su comunicado de prensa no tendría ningún sentido porque Cuevas les hubiera ganado esa narrativa. López Obrador diría: He aprendido algunas lecciones en estos doce años, me he rodeado de gente menos radical, he moderado mis mensajes y me he moderado a mí mismo. Prueba de ello es que he invitado a participar –y ha aceptado– a una de mis más antiguas y aguerridas detractoras, a quien por cierto, ¡le debo una fianza!

Hace unos días Jorge Volpi escribió un editorial muy interesante y, aunque no comparto su conclusión (no creo que AMLO, de ganar, esté más cerca de Humala que de Hugo Chávez), sí estoy de acuerdo en que el error desde el que nos empeñamos en juzgar a AMLO es creer que no ha cambiado. Creemos que es el mismo demagogo obstinado de hace doce años y que 144 meses en campaña permanente solo lo han entrenado en enquistar su necedad. Nos equivocamos. No es el mismo. El Fitzcarraldo de la política mexicana todavía quiere construir un teatro en la selva, pero hace meses que dejó de insistir en atravesar la montaña con un barco. Ya va siendo tiempo de que nos enteremos.