Adiós a Hafiz al-Assad | Letras Libres
artículo no publicado

Adiós a Hafiz al-Assad

Hafiz al-Assad era el ministro de Defensa sirio en 1967. Fue uno de los arquitectos de la desastrosa guerra que cambió la historia del Medio Oriente, en donde perdieron todos: agresores y agredido. Siria fue justamente despojada por Israel de uno de los territorios estratégicos más valiosos del planeta: las fértiles colinas del Golán, que daban a Damasco acceso a uno de los recursos más escasos del Medio Oriente, agua. El Golán había sido, por decenios, el refugio de francotiradores
     de francotiradores sirios que tenían como blanco a los habitantes de los kibbutzim que poblaban las orillas del lago Tiberíades. El dominio del Golán le dio a Israel paz y acceso indisputado a los recursos acuíferos del lago. Para Al-Assad, las célebres colinas se convirtieron en la base del irredentismo sirio y en el sustento ideológico de su régimen.
     Al-Assad acabaría por encabezar una presidencia autoritaria, cuasimonárquica, que gobernó a Siria hasta su muerte el 11 de junio del año 2000. Como presidente, se convirtió en el obstáculo principal para negociar la paz entre los árabes e Israel y el protector de todos aquellos radicales opuestos a llegar a un acuerdo con "la entidad sionista". A partir de 1967, blandió una diplomacia que abogaba por una solución multilateral del conflicto entre Israel y los países árabes, que se opuso a cualquier negociación bilateral y albergó en Damasco a las facciones palestinas más extremistas. Su objetivo explícito era arrojar a los judíos al mar y recuperar la tierra palestina, una Waqf —o sea, un territorio consagrado por la divinidad para fines religiosos— que Alá había reservado para la eternidad a los musulmanes.
     Al-Assad fue testigo impasible de la firma de acuerdos bilaterales entre Israel y Egipto, Jordania y la OLP de Arafat. Con el apoyo soviético movió sus piezas con habilidad y prosiguió su inacabable guerra con Israel desde Líbano, donde treinta mil soldados sirios apoyaron los ataques de la guerrilla Hizbollah, primero sobre el territorio y, luego, sobre el ejército israelí. La desaparición de la Unión Soviética lo obligó, sin embargo, a flexibilizar su posición. A fines de 1999 envió a su secretario de relaciones exteriores, Farouk al-Shara, a negociar con el gobierno del nuevo primer ministro israelí Ehud Barak. La condición de Damasco para llegar a un acuerdo era la devolución incondicional del territorio del Golán hasta las márgenes del lago Tiberíades. Ni siquiera el retiro de los israelíes de Líbano pudo vulnerar su intransigencia. Las pláticas fueron un fracaso y Al-Assad murió aferrado al territorio que él mismo perdió en 1967 y que no pudo recuperar jamás. -