Podcast: una carta de amor | Letras Libres
artículo no publicado

Podcast: una carta de amor

Paso más tiempo con los audífonos puestos que sin ellos. Lo hacen todos. Ustedes lo hacen, así lo certifica una mirada al transporte público, al cubículo, a la habitación de la compañera de casa a media noche. Para esta carta de amor, los audífonos son cruciales. Los audífonos y los reproductores digitales portátiles. Sin ellos nada de esto sería posible. Y esto, en este caso, es una fascinación por los programas de audio serializados y de descarga gratuita, por los podcasts, pues. Qué es una carta de amor sino un ejercicio de confesión: soy de esos que dicen “podcast” a cualquier archivo de audio. Imprecisión de no nativo: lo mismo sucede con los padres que intentan ir al parejo de sus hijos diciendo: “hace unos días me mandaron un Facebook” o “mi hijo es un gran escritor de Twitters”. Podcast es, stricto sensu, una palabra que, entre otros, el periodista Ben Hammersley propuso como nomenclatura alternativa a esos programas de radio amateur que aprovechaban las ventajas de internet y se multiplicaban hacia 2004.1 Podcast ahora, en términos generales y masivos, significa, quién no los conoce, algunos programas emblema como, por ejemplo, Serial.

Qué es una carta de amor sino una posibilidad de objetivar el afecto. Según estimados confiables, 57 millones de estadounidenses escuchan podcasts con regularidad. No sé si haya datos así de contundentes para México pero, según estadísticas de 2015, casi el 70% de los usuarios consultados en el país acceden a internet a través de un teléfono inteligente.2 Y hay audífonos de menos de cien pesos en los mostradores de las tiendas de conveniencia. La barrera de entrada es alta pero no lo es tanto. Es decir, los podcasts son excluyentes por defecto pero no por convicción. Todo lo contrario: son casi tan gregarios y desprendidos como puede serlo la radio. No falta quien los confunda con programas de radio, quien diga que son casi lo mismo. Y es que muchos sí lo son, archivos idénticos liberados simplemente de la tiranía de la transmisión en vivo. Y otros que casi lo son. Pero tampoco: la libertad frente al reloj programador, a la infraestructura corporativa, al anunciante y el rating permite innovaciones, experimentos y errores colosales. La radio ofrecía su reino a cambio de un momento de cochera, esos instantes míticos en los que la sucesión de pendientes cotidianos perdía frente a la voz en las bocinas –“no importa que el auto esté apagado, de aquí no salimos hasta que termine este programa”–. Los podcasts, por su parte, niegan esta quietud. Donde la radio ralentiza, los podcasts movilizan. Podcast, conceptualmente, significa desprendimiento, ambulación: el audífono y el dispositivo. En todo caso, el momento de cochera, diría, se transformó en algo similar en ánimo pero distinto en manifestación: el momento yo podría hacer esto. No se trata de un reproche pueril, al estilo “mi hijo podría haber pintado ese Rothko”, sino de un paroxismo admirado. Bien yo podría hacer esto porque lo que hace este podcast sugiere cercanía, acercamiento, economía de recursos, una línea directa entre la ocurrencia y el producto final. Esos, para mí, son los mejores. Qué es una carta de amor sino una posibilidad de ahogarse en subjetividad.

El acto de suscribirse a un podcast es, a estas altura del momento tecnológico, elemental, casi inconsciente. Dos movimientos del índice, unos cuantos tecleos con los pulgares y listo: uno está enlazado a ese programa. La facilidad de suscripción, claro, tiene sus desventajas: uno termina asediado por episodios de programas irreconocibles. Pero, insisto, qué es sino una posibilidad de objetivar el afecto una carta de amor. Al momento son 84 las suscripciones a programas a los que he jurado fidelidad. Pero eso es subjetivo. El índice de podcasts que usted carga en su bolsillo opera como una especie de carta astral. De alguna manera determina inclinaciones de carácter, propensiones y secretos. Es menos postura política y más revelación ontológica:

[...] Home of the brave

This American life

(A pesar de que ya no

saldrá más) Wiretap

UnFictional

Varios de Convoy

99% invisible

The kitchen sisters

Otros de Puentes

Love and radio

Song exploder

Sobre todo Home of the brave [...]

Estos son algunos de los que componen mi carta astral. Faltan muchos más, y cualquier lista es una traición, pero qué es una carta de amor sin riesgo. Querido podcast, en términos afectivos, eres la última represa contra la melancolía. Así sucede, en mi caso. ~

 

 

 

 


1 Su frase, stricto sensu, fue esta: “Con el beneficio que da la mirada retrospectiva, todo parece obvio. Los reproductores de mp3, como el iPod de Apple, en los bolsillos, con los programas de producción de audio baratos o incluso gratis, y con los blogs como un componente bien establecido de internet; todos los ingredientes están presentes para un nuevo boom del radio amateur. Pero ¿cómo llamarlo? ¿Audioblogging? ¿Podcasting? ¿Radio Guerrilla?”

2 Las cifras estadounidenses vienen de un estudio de Edison Research; las mexicanas de otro de la Asociación Mexicana de Internet.