Nuevos dichos | Letras Libres
artículo no publicado

Nuevos dichos

Estoy lejos del lugar hacia donde partí, pero a veces puedo ver que es el mismo donde siempre estoy.

A veces se hace presente la riqueza momentánea de dejar toda búsqueda.

Algo, lo fundamental, brilla por su ausencia.

Carecemos de suelo; pues el que tenemos es un fluir infinito.

Tal vez has llegado a considerar tu nombre solo necesario para que te llamen y para responder.

Confeccionamos una ficción necesaria, el yo, y después queremos salir de él: tarea ilusa. Solo podemos observarlo y tratar de sentir que más real y más legítima es la parte nuestra que lo observa.

Si crees que la rosa está lejos, aumentas la distancia.

No se oyen entre sí, pasan de largo hacia los altares donde están sus ídolos.

Verse con imparcialidad importa mucho: hace a un lado el ego. ¿No entraña esto un nuevo comenzar?

Si bien se mira, la alegría es más profunda que la tristeza.

Culparte es derramar tu vino.

Salgo en mi busca y solo encuentro huellas.

Tantea por la casa del idioma en busca de palabras que exoneran.

Son tantas las ideas arrasadas que solo debería quedar la realidad sin más.

Lo real maravilloso me suena a redundancia.

Los ojos reciben innombradas las cosas.

Haber herido a personas queridas le ha dejado cicatrices sobre las que ha tratado de formarse.

La realidad, esa desconocida inapelable.

Cierras los ojos para ver, y los abres dormido.

Si vives desde un nombre, nada resalta.

Las orillas abandonadas todavía acuden a sostenerte.

Nuestra idea del tiempo como línea infinita tal vez fue inventada para tener la ilusión de que siempre se avanza.

Saborea la andanza terrenal.

Protege tu sencilla camisa que aún está sobre la cuerda de los patios de la infancia.
El asombro, un risueño camarada de camino.

Poetas, girasoles del Ser, confíenme sus secretos.

Lo único que no termina nunca es el presente.

Días en los que está el corazón como el sol en el pan.

El condicionamiento que nos ha formado seguirá ahí, pero nos es dable tratar de que sea en segunda instancia.

Siempre espero palabras que toquen el cuerpo.

Según Mach la totalidad del universo está presente en cada uno de sus lugares y de sus momentos. Lo mismo nos dice el paradigma holográfico, en forma más breve: en cada parte está el todo. Esto nos lo informa Salvador Pániker. Lo anterior tal vez no nos consuele, pero ya es algo.

Se sirve de la ausencia para estar presente.

La sencillez quebranta el orden convencional.

Cree que escribe, pero solo hace huecos en las paredes de su celda.

Todo es dación de mano desconocida, y hay tantos que se viven como dueños.

No creas que tu energía es tuya.

Trata de que tu mirada sea libre.

Afirmar que Dios es amor no puede probarse; me parece más probable que el amor sea un dios. De eso sabían los griegos, y Dante, que confesó haber sido dominado por él.
Te instalas en el momento fugitivo.

Hay quienes no se permiten ser suaves por temor a disolverse.

Solo si no te juzgas, puedes hacer transacciones con tu sombra.

Los de veras vivientes no hacen revoluciones; la revolución son ellos.

Ser un intenso vividor del presente –frase de Antonio Machado– me parece lo máximo. De paso aclaro: vividor cobra un sentido inusual. Es el que vive el presente con entrega. El término es así redescubierto, dignificado, remozado.

Cuando recobramos nuestro no saber, las cosas refulgen.

Un extraño pan: sentirse vida.

Un poco de pensamiento nada más para que no enferme al poema.

El instante es el derrumbe del tiempo.

Esa quietud súbita no buscada es tu verdadero estado.

Si alguien actúa de determinada manera es porque solo puede hacerlo así. ¿Dónde está entonces su culpa? No existe, pero debe afrontar cualquier consecuencia.

Los tordos de la Ciudad Universitaria te atacan, no por cuidar su territorio, sino para que los veas.

Lecturas: avíos para pernoctar.

¿Dónde está el que se atreve a hablar de amor? –pregunta Rilke–.
Seguramente tendrá la audacia del que no se ha visto a sí mismo. Por eso no tardará en aparecer.

Ser esto o lo otro no supera a ser.

Siempre espero que las palabras se salven de nosotros.

Se da a buscar dentro de él al que quiere vivir, para entregarle la voz.

Haces el poema, y él también te hace.

¿Por qué hablamos de lo desconocido como algo separado de nosotros?

Los más andan, sin darse cuenta, entre escombros.

Se encamina con gran esfuerzo hacia el origen, lo más a la mano.

Aceptar menos de lo sumo, tan cerca que se confunde con nosotros, ¿a eso no llegamos todos de diferentes maneras?

Habla tanto de amor que corre el riesgo de no ver su monstruo.

Recuerda: tus haberes no son tuyos. Procura mirar y remirar tu pobreza, dice Teresa, la santa
–aunque ella no se tenía por tal–, pues todo nos ha sido dado, y con qué arrogancia se suele responder a lo dador.

La poesía puede apuntar hacia lo innombrable solo valiéndose de lo nombrable, pero no hay diferencia entre ambos.

La poesía no tiene residencia fija, por eso es difícil dar con ella.

La exactitud protege de la ilusión.

Todos los poemas que alguien escribe están entrelazados como en un
largo collar.

Yo soy mi único señor, dice no muy cristianamente Sancho, con quien se ha sido injusto, pues él es el hombre de la realidad corriente (que no es tampoco corriente), el que se la muestra al caballero, ese habitante del aire.

Aún no te veo encaminarte a donde hablarás sin alzar la voz.

El mal carácter persigue a Eros sin dar disculpas.

Ir al infierno es una forma de inmortalidad. Quienes lo inventaron tal vez solo querían defenderse de la nada. ¿Creería Dante en ese lugar?

–¿Hay un llegar a algún punto?
–Sí, donde se está.
–Gracias.
–No hay de qué. ~