Nietzsche: figura y pensamiento | Letras Libres
artículo no publicado

Nietzsche: figura y pensamiento

"Desde el príncipe de Dinamarca nadie ha cautivado tanto la imaginación occidental como Friedrich Nietzsche", opinaba Thomas Mann. En cambio en una de las cartas que Moses Herzog, en la magistral novela de Saul Bellow, le dirige a Nietzsche en su rabioso intento de poner en duda la cultura de Occidente, lo descalifica diciendo que su filosofía no es válida para el hombre común.
La gregariedad frente al caso singular, diría cualquier estudioso de Nietzsche. Sin embargo, sabemos que Nietzsche terminó en el mutismo absoluto antes de morir víctima de una parálisis progresiva. Y al final de Herzog el narrador afirma: "Por el momento no tenía ningún mensaje para nadie. Nada. Ni una palabra". Un mutismo semejante al de Nietzsche. Y la novela se abre cuando Moses Herzog piensa: "Si estoy loco, por mi parte lo acepto". Para cualquiera que haya visto la fotografía de Nietzsche cuando era alumno de Jacob Burckhardt, esa bella imagen es ya la de un alucinado. Era entonces estudiante de filología clásica. Y en su último mensaje a Burckhardt, que tenemos que considerar como un reflejo de su locura, le dice: "Hubiese sido muy cómodo ser profesor en Basilea, ¿pero podía llevar mi egoísmo personal hasta el grado de renunciar a la creación del mundo?" Tenemos a la vez que preguntarnos si es Thomas Mann o Saul Bellow, novelistas los dos, el que tiene la razón. Al cumplirse el centenario de la muerte de Nietzsche, los estudios y libros sobre él se han multiplicado hasta hacer imposible la mera enumeración de ellos. Para colmo ahora sabemos, gracias a la edición de Coli y Montinari, que las ediciones anteriores contienen falsamente La voluntad de poder, un título que no fue elegido por Nietzsche sino por su hermana y demás cómplices en la voluntad de falsificarlo para que sirviese mejor a sus propósitos racistas y espurios. En esta nueva edición La voluntad de poder fue eliminada y sólo se publica como parte de los escritos póstumos para evitar cualquier posibilidad de falsificación. Y sin embargo, casi no existe comentarista de Nietzsche que no cite abundantemente aforismos de este libro. ¡Qué suprema labor de limpieza han realizado Coli y Montinari! Nos encontramos gracias a ellos frente al Nietzsche auténtico. Atrás queda toda ocasión de utilizarlo como expositor de ideas que nunca fueron suyas. Debemos recordar lo que él dice: "Yo vivo en mi propia casa, no he imitado jamás a nadie en nada y me río de todo maestro que no conlleva la risa en él mismo". La visión de la risa como parte del pensamiento es quizá la más importante aportación de Friedrich Nietzsche. Pero no debemos olvidarnos del Eterno Retorno ni de la Muerte de Dios, recordando que Nietzsche dice: "Dios ha muerto. Lo matamos nosotros que también lo habíamos creado". Y afirma asimismo: "Han pasado dos mil años y no ha nacido un solo dios". Nuestro camino es el ateísmo y en la vida ocupa un lugar principal la risa. Pero la Muerte de Dios no excluye la posibilidad de tener un espíritu religioso.
     Al seguir la biografía de Nietzsche, la dolorosa y difícil biografía de Nietzsche, se hace evidente la contradicción que él mismo encontraba entre el hecho de querer ser un filósofo positivo y los terribles sufrimientos que tuvo que vencer. Pierre Klossowski nos lo recuerda en su excelente estudio sobre el pensador. ¿Cómo puede desear y crear su doctrina del Eterno Retorno alguien para el que sería de hecho imposible querer pasar una y otra vez por los mismos sufrimientos? ¿Cómo puede elegir como solución para la vida la risa alguien cuya vida fue todo menos motivo de risa? En este terreno es en el que se debe repasar la biografía de Nietzsche. Después de su acercamiento a Wagner, y hasta su posible enamoramiento de Cosima, es de sobra conocido su rompimiento con él, el principio de su enfermedad, su seguro acercamiento a Lou Salomé, la temperamental huida de ella y la vida solitaria de Nietzsche en movimiento constante.
     Para mitigar la enfermedad y las fuertes migrañas que le produce, se receta a sí mismo un riguroso régimen de dietas y durante los más agudos periodos de éstas se la pasa a oscuras y no escribe nada. En cambio es extraordinariamente productivo apenas puede retomar su obra. Se retira de todo contacto social y escribe en la alta montaña y mediante aforismos lo que ya ha pensado en sus largas caminatas. Sin embargo, Nietzsche nos dice que todo pensamiento es fortuito. Vaga hasta nosotros y por tanto se debe estar abierto a toda posibilidad. La suya es una filosofía en movimiento que se propone "partir en dos la historia de la humanidad". En Sils-Maria concibe la teoría del Eterno Retorno. Hablando casi en susurros se la cuenta a Lou Salomé. Algunos de sus amigos a los que se las comunica por carta opinan que no es más que una variante de la antigua concepción de Platón. Pero no es así. El Eterno Retorno de Nietzsche implica que a él le ha tocado vivir el momento en que todo recomienza. Del mismo modo que su voluntad de poder, en tanto teoría suya, no pone el acento sobre el "poder" sino sobre la "voluntad". ¿Cuál poder puede tener un filósofo que no cuenta ni con la atención del público alemán? Ese poder se impondrá muy posteriormente al tiempo de vida de Nietzsche. Su prueba es la atención que se le ha prestado como el filósofo que efectivamente parte en dos la historia de la filosofía en tanto pensamiento vivo. Nietzsche llamaba burlonamente a Kant "la araña de Königsberg". Con ello implicaba su intención de no escribir "Tratados" sino realizar una filosofía en continuo movimiento. El pensamiento de Nietzsche está directamente relacionado con el agente Nietzsche. Como señala Klossowski, en él cuentan los estados valetudinarios, mediante los cuales se crea una semiótica pulsional, un lenguaje basado en los momentos de rechazo o aceptación, de pulsión o repulsión tanto como el final del agente Nietzsche, en lo que Klossowski llama el incendiado de Turín, cuando antes de perderse en la locura Nietzsche es tanto Dionisios como el crucificado, es tanto un criminal como un santo y luego, como nos recuerda hermosamente Klossowski, sólo puede afirmarse: "Incendio y consumación, eso debe ser nuestra vida, oh ustedes defensores de la verdad. ¡Y más allá de la víctima vivirán los vapores y el incienso del sacrificio!"
     Y así ha sido en efecto. El sujeto Nietzsche se pierde en la locura, donde se es todos, en el sentido de que los locos no tienen un pensamiento coherente y para la "razón" debe considerarse que no tienen pensamiento, pero es precisamente el pensamiento el que ahora hace existir al sujeto Nietzsche, ya no como sujeto, si hemos de escuchar lo que ese pensamiento nos dice, sino como el pensamiento que destruye todas las identidades y es por tanto el equivalente preciso a un pensamiento de nadie en tanto que ese nadie es también todos. Dionisios y el crucificado. Nietzsche ha señalado, antes que nada, que Dios ha muerto. ¿Cuál puede ser el sentido de considerarse a sí mismo como el crucificado? No la redención por el dolor, sino la aceptación del dolor. Esa es la auténtica voluntad por medio de la cual se tiene el Poder. Nietzsche la practica, podemos decir que religiosamente, sólo que su religión es el pensamiento. Éste es capaz hasta de inventar un nuevo dios y darle los símbolos del lenguaje debidos: Zaratustra. Sin embargo, nos atrevemos a considerar que su más convincente poder no se encuentra en el lenguaje otorgado por él a Zaratustra sino en el lenguaje de su propio pensamiento. Ahí están expuestos con una precisión única tanto El origen de la tragedia como El ocaso de los ídolos, tanto Consideraciones intempestivas como La gaya ciencia. Libros definitivos. Con palabras de Klossowski, en ellos hallamos el "complot" contra la cultura establecida. Todo desaparece y con ello, lo que es muy importante, el principio de identidad. Nietzsche renuncia a ser Nietzsche. Nietzsche está loco. ¿Es peyorativa esta palabra? Ya Dostoievski, uno de los psicólogos supremos en opinión de Nietzsche, decía: "Tengo un plan: volverme loco". Tal vez la locura de Nietzsche no es buscada, pero es un hecho y sí puede ponerse como origen de su pensamiento o viceversa. En ese espacio los extremos se tocan para formar "el círculo vicioso", mediante el cual se nombra al Eterno Retorno en el libro de Klossowski sobre Nietzsche. El retorno consiste en haber olvidado la vida anterior y así el olvido avanza sustituyendo al recuerdo. Suponer que hemos olvidado se convierte en la nueva verdad. La justificación científica del Eterno Retorno que Nietzsche trató de buscar inscribiéndose en una universidad para estudiar ciencia, y de cuyo proyecto lo disuadió Lou Salomé, es meramente imposible. Por eso podemos decir que no se trata de saber sino de creer. Los vapores y el incienso del sacrificio señalando la presencia del sacrificado a partir de su ocultamiento, son el pensamiento de Nietzsche. Pero éste es el producto de un alto estado del alma gracias al cual el agente Nietzsche decide ponerse a su servicio en vez de tener una identidad dada por el pensamiento. La risa no es voluntaria y para Nietzsche es ella la que anula todo centro al ocupar el centro. Una pura contradicción. Sí, Nietzsche se encuentra en este espacio. Su pérdida puede no ser voluntaria. Es simplemente un hecho. Por algo las imágenes —las fotografías— de Nietzsche, con excepción de latomada cuando era estudiante con Burckhardt, adquieren su auténtica dimensión cuando nos muestran a Nietzsche, loco, al cuidado de su madre primero y a la muerte de ésta, desafortunadamente, de su hermana.
     Bataille en su Suma ateológica hace que el tercer volumen de esta obra se llame Sobre Nietzsche. Nietzsche es mencionado directamente muy pocas veces en este libro. Su influencia, como Bataille, con su excepcional sentido crítico, supo ver, está en el aire, como decimos comúnmente cuando alguien está presente aun en su ausencia. Pero en Documents, Bataille nos muestra cómo tan sólo la moda hace ver ridículas muchas fotografías con el paso del tiempo. Nietzsche con un sable que le queda grande durante su servicio militar (él, que ya loco dice que el kaiser va a ser fusilado por orden suya) se ve por lo menos grotesco. Se ve asimismo grotesco en la fotografía de grupo, teniendo en cuenta a todo el conjunto, tomada en Leipzig. La fotografía de cuerpo entero, sin bigote y con una mano en el pecho como Napoleón, también es grotesca. Tiene una especial dignidad en las fotografías en las que está solo, especialmente en la de 1887, un año antes de la pérdida oficial de la razón en Turín, adonde va por él su amigo Franz Overbeck y ya sólo dice unas palabras incoherentes antes de sumirse en el mutismo total. La fotografía con su madre, en la que tiene en la mano el sombrero, muestra que el paso de los tiempos también puede devolver una cierta dignidad a las modas; pero sobre todo por la mirada amorosa de Nietzsche y el orgullo con el que la madre agarra su brazo revela una quizá excesiva posesión. En su aspecto exterior Nietzsche tiene ya los grandes y poblados bigotes que lo caracterizarán para siempre. Esa fotografía nos obliga a preguntarnos si Klossowski tiene razón cuando afirma que Nietzsche se pone bajo la protección de la figura de su padre muerto. Tal vez esta afirmación descansa en su profundo conocimiento de la obra de Nietzsche y la originalidad de sus afirmaciones; después de todo Klossowski es Klossowski. Pero durante la vida consciente de Nietzsche la fotografía psicológicamente más significativa es aquella en la que aparece tirando de un coche con Paul Reé y Lou Salomé está sobre ese coche fustigando simbólicamente a los dos "caballos". Paul Reé trata de parecer ajeno a esa locura y conservar su dignidad de profesor; en cambio, Nietzsche tiene una actitud de éxtasis total. Sabemos que la idea de aparecer así fue suya; también sabemos que Lou Salomé terminó yéndose con Paul Reé, pero muchos años después diría con total orgullo: "Creo que alguna vez Nietzsche me rozó los labios", y aunque la madre de Nietzsche trató de separarlos siempre considerándola nociva para su hijo, el recuerdo de ella es definitivo para ese hijo. Lou Salomé, tan bella siempre que está más allá de las modas, nos recuerda a su vez a nosotros a la figura de Hedda Gabler en la obra de Ibsen. Y siempre hay que apuntar que además de la fascinación de Nietzsche por ella, fue amante de Rilke y después sostuvo una nutrida correspondencia con Freud. Nada más. Por algo los nazis opinaron que no había que meterse con esa bruja. Pero la verdadera imagen de Nietzsche es la del incendiado de Turín. Después de estar un año en un sanatorio para alienados, su madre se ocupa hasta su muerte de él. Luego, nefastamente, como ya sabemos, su hermana ocupa ese lugar. Sin embargo, ahí está Nietzsche extremadamente bello, dueño de una figura excepcional desde su locura, con sus enormes bigotes y sus pobladas cejas. Se sobrevivirá a sí mismo sin ser dueño de sí mismo, dentro de un mutismo total, varios años. No sabemos si pensaba algo este loco; sus pensamientos, en el caso de existir, eran hacia adentro. Hacia afuera su nutrida obra en la que permanecerá siempre dueño de sí mismo Friedrich Nietzsche. Uno de sus visitantes, cuando estaba sumido en el mutismo, dice que sentado en el fondo de la habitación se veía como un águila. Ese puede ser uno de los símbolos de Zaratustra. Es sin lugar a dudas una definición de la filosofía de Nietzsche: realizada desde la soledad y las alturas y dueña de una soledad y una altura para siempre propias. -