Michael Kimball, Médium | Letras Libres
artículo no publicado

Michael Kimball, Médium

El bullicio que hoy día campea en el orbe literario, y sobre todo en la esfera novelística, no puede silenciar una voz como la de Michael Kimball, que con tres breves pero sustanciosos libros editados en un lapso de ocho años se ubica ya entre los auténticos renovadores de la narrativa contemporánea en lengua inglesa. Dije voz pero más bien debería decir voces, ya que Kimball es dueño de un oído sensible y privilegiado que le permite fungir como una especie de médium de los seres disfuncionales que pueblan su obra, similar a una sesión espiritista en la que se invoca la presencia de Raymond Carver y otros cirujanos que auscultan el corazón de las tinieblas humanas con la levedad, la rapidez, la exactitud y la multiplicidad preconizadas por Italo Calvino. El propio Kimball admite esta condición mediúmnica en una entrevista concedida a raíz de la aparición de su segunda novela, How Much of Us There Was (2005), un logrado melting pot publicado entre The Way the Family Got Away (2000) y Dear Everybody (2008) que fusiona no sólo la ficción, las memorias y la autobiografía sino el duelo, la historia familiar e incluso el contacto con el más allá: “Luego de oírme leer un fragmento de The Way the Family Got Away, un amigo pintor me preguntó si estaba canalizando voces. No lo había pensado así, pero a veces me siento poseído por mis personajes: no de una forma disparatada, sino quizá como le ocurre a un actor cuando interpreta un papel. Escucho dentro de mí las voces de mis personajes, vivo con ellas por un tiempo y las acallo al ponerlas por escrito.” Esta suerte de nuevo coro griego que canta las tragedias más íntimas de la Gran Familia Americana ha empujado al autor a involucrarse en un par de proyectos alternativos que dan voz a los que por lo general no la tienen. Michael Kimball Writes Your Life Story (on a postcard), pieza interactiva diseñada para Transmodern, el festival anual de performance celebrado en Baltimore, acabó por extenderse gracias al teléfono y el correo electrónico; como el título indica, el escritor redactó la biografía de gente común y corriente en postales que ahora se encuentran en postcardlifestories.blogspot.com: las Vidas imaginarias de Schwob traducidas a la realidad de la era cibernética. Por su parte, I Will Smash You, documental en colaboración con Luca Dipierro que se estrenará este otoño, se gestó al cabo de una convocatoria lanzada en internet en la que Kimball invitaba a los residentes de Baltimore –y a todos aquellos dispuestos a acudir a esa región– a ser filmados entre el 29 y el 30 de marzo de 2008 mientras destruían un objeto con un significado personal: “Puede ser cualquier objeto y cualquier razón por la que quieres destruirlo (positiva, negativa, ambivalente, etc.).” La canalización de voces vuelta canalización de emociones insondables.

Con todo, no hay que perder de vista que el principal filón de Kimball es el literario: “Mi familia explica el que yo sea escritor diciendo que heredé de mi abuelo el llamado para contar historias.” Es justo la figura del abuelo materno del autor la que sobrevuela con mayor intensidad sus dos primeras novelas, una presencia patriarcal que consigue opacar al padre. The Way the Family Got Away, traducida por Tusquets como Y la familia se fue, nace de hecho de una anécdota referida por el abuelo de Kimball y reformula la road novel merced a la odisea que una parentela sacudida por la muerte reciente del benjamín –un bebé cuyo cadáver embalsamado viaja en el auto junto con las escasas pertenencias familiares– emprende a través de una Norteamérica profunda que parece pintada por un Edward Hopper que hubiera cambiado los tonos pastel por una paleta sombría, luctuosa. How Much of Us There Was, mientras tanto, abreva en la relación de los abuelos maternos del escritor –que se incluye como voz narrativa a modo de contrapunto– para hacer una estremecedora radiografía de la enfermedad y la vejez, la agonía y la pena: en pocas ocasiones las luces de hospitales, asilos de ancianos y funerarias han brillado con tan descarnado vigor en la literatura. El uso de elementos autobiográficos es patente también en Dear Everybody: Jonathon Bender, el memorable protagonista, meteorólogo de un canal de televisión de Jefferson City que se suicida inhalando monóxido de carbono en el garaje de su casa, comparte lugar y año de nacimiento con Kimball (Lansing, Michigan, 1967); y aún más: ambos, creador y criatura, llegan al mundo durante una ventisca feroz, por lo que sus padres deben ser escoltados hasta el sanatorio por una máquina quitanieves. Dear Everybody es precisamente el grado más alto de la experimentación mediúmnica realizada por el autor: si The Way the Family Got Away divide la batuta narrativa entre el hermano y la hermana del bebé muerto y How Much of Us There Was plantea una carambola a tres bandas entre el abuelo, la abuela difunta y el nieto, aquí las voces proliferan en un verdadero ensamble coral que explora la disfunción doméstica, el abuso infantil, la alienación social y las fracturas mentales. A las cartas de disculpa o gratitud, rabia o tristeza, odio o ternura, que Jonathon Bender dirige pero nunca envía a una pléyade de destinatarios disímiles se suman extractos del diario de su madre y de anuarios escolares, recortes de periódicos y enciclopedias, anotaciones y listas extravagantes hechas en cuadernos, charlas de diversos personajes con Robert –el hermano menor de Jonathon que sirve como editor del material que se nos ofrece– y un extenso etcétera que permite armar el rompecabezas de una vida y una voz agrietada por la esquizofrenia y la paranoia. “A veces creo que lo que hago es canalizar voces. Escucho cosas que me dice gente que no está aquí y las pongo por escrito”, confiesa el Michael Kimball de How Much of Us There Was: palabras que hallan eco en el Michael Kimball de carne y hueso, el médium que ya está captando el futuro de la novela. ~