Unos policías leen a Octavio Paz | Letras Libres
artículo no publicado

Unos policías leen a Octavio Paz

En el expediente de Octavio Paz en el Archivo General de la Nación hay documentos interesantes, por ejemplo una serie de relatorias escritas por agentes de la Dirección Federal de Seguridad sobre las conferencias que Paz dictó en El Colegio Nacional en 1971.

Hay documentos interesantes en el expediente de Octavio Paz en el Archivo General de la Nación que ahora, finalmente, está disponible en línea gracias a la Northwestern University, a El Colegio de México (y en especial a Sergio Aguayo), a la ONG Artículo 19 y al Center for Research Libraries. En su artículo “En la mira de la Dirección Federal de Seguridad” de su libro Octavio Paz. El misterio de la vocación, Ángel Gilberto Adame ya aportó una primera mirada al asunto.

Entre las 99 páginas que tiene el expediente abierto ahora, hay una curiosa serie de relatorías escritas por agentes de la Dirección Federal de Seguridad, y aun por su director, el capitán Luis de la Barreda Moreno, que reportan a la superioridad (supongo que a Mario Moya Palencia, secretario de gobernación) las conferencias que el elemento subversivo Octavio Paz dictó en El Colegio Nacional a poco de su vuelta a México (en febrero de 1971), que irían a dar a Los hijos del limo (1974).

Anoto algunos datos de este singular encuentro entre los agentes de “inteligencia” y la literatura:

 

20 de agosto de 1971  

El agente “163”, Manuel Salinas Pérez, reporta la primera conferencia que, dice, se tituló “La Modernidad, La Literatura Moderna y la Poesía Moderna”. El agente Salinas –obviamente necesitado de reportar algo sabrosamente subversivo–  registra que Paz se refirió a “un dios que creó al hombre para el hombre y de la igualdad de derechos que otorgan esos dones”. Luego, casi lamentándose, escribe que “no hubo ningún incidente” y asesta su laboriosa rúbrica:     

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23 de agosto

Ahora es el turno del agente Ernesto Mijares Olvera, quien reporta la sesión dedicada a “REBELIÓN Y TRADICIÓN EN LA POESÍA MODERNA”. Según el agente Mijares, en esta conferencia “el personaje principal fue Jean Powl” (es decir, Jean- Paul Richter), un subversivo que andaba “tachando de ignorantes a los cristianos”. Al final, el agente Mijares larga este párrafo convulso:

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27 de agosto

A la siguiente sesión retorna Salinas Pérez. Con mayor estilacho, el Agente 163 reporta que el título también fue “REVELION (sic) Y TRADICION EN LA POESIA MODERNA” y que su tema fue “comparar la influencia que ha tenido la lengua sajona sobre la latina en la poesía, ya antigua, como moderna”. Lamentablemente, esa noche el orador “no habló de temas políticos.” 

 

3 de septiembre

El Agente 163 calcula que para esa conferencia hubo 300 asistentes. “Durante el desarrollo del tema se habló de los poetas Manuel González Prado, López Velarde, Juan Manuel Jiménez, Machado y otros”. No hubo, concluye, “comentarios políticos ni ataques al actual régimen”.

 

6 de septiembre

Esta vez acude en persona el director federal de seguridad, capitán Luis de la Barreda Moreno, quien se tuvo que soplar hora y media de “Poesías”. Registra que Paz dedicó su lectura “a la memoria del día 10 de junio pasado, y que todos estaban conscientes de los hechos sangrientos que enlutaron tantos hogares y de los culpables de los mismos, menos las autoridades”.

Luego, Paz “agregó que una de sus poesías la titulaba ‘Blanca’ y otra la dedicaba a las aves como el águila, los halcones, zopilotes y otras aves de rapiña que tanto perjuicio causan a la humanidad ‘y son engendro de nuestra política’”. (El capitán equivocó el género de Blanco, claro; la referencia a los zopilotes hace pensar que Paz leyó su poema “Vuelta”, donde aparecen águilas, jaguares y “los licenciados zopilotes”.)

Después, el capitán escuchó la “Canción mexicana” de Ladera este:

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Dudo que el capitán de la Barreda Moreno haya aplaudido (o quizás sí, para pasar desapercibido, como buen espía…)

Para terminar, Paz leyó la otra “intermitencia” del oeste en Ladera este, la que se titula “México: Olimpiada de 1968”, poema que el capitán filólogo glosó de manera breve, aunque no buena ni substanciosa: “La Olimpiada no es limpia, es amarilla y negra, si una nación se avergüenza de ella”.