Testarudo | Letras Libres
artículo no publicado
Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, CC BY-SA 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0>, via Wikimedia Commons.

Testarudo

El mundo siempre ha tenido un gran elenco de gente que se sienta y siente tan a gusto en una silla grande, que luego no quiere bajarse.

El mundo siempre ha tenido un gran elenco de gente que se sienta y siente tan a gusto en una silla grande, que luego no quiere bajarse. Bien lo sabía Cervantes; por eso cuando a Sancho se le nombra gobernador de la ínsula Barataria, don Quijote le advierte: “Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse al buey”.

Sancho tenía cierto conocimiento de sí mismo, pero se trata precisamente del conocimiento que justifica el defecto: “Yo soy del linaje de los Panzas, que todos son testarudos, y si una vez dicen nones, nones han de ser, aunque sean pares, a pesar de todo el mundo”. Expresa sus ganas de gobernar: “Yo imagino que es bueno mandar, aunque sea a un hato de ganado”. Donde tal hato de ganado sirve de metáfora para pueblo, plebe o populacho. Y se cree que gobernar es cosa de la buena voluntad. “Letras pocas tengo, porque aún no sé el abecé, pero bástame tener el Christus en la memoria para ser buen gobernador”.

En cambio, mal se conoce a sí mismo cuando dice “al buen callar llaman Sancho”. Mejor lo conoce don Quijote, que le responde: “No solo no eres buen callar, sino mal hablar y mal porfiar”. Y así comienza el escudero su gobierno imaginario.

Calderón de la Barca pone la fantasía de gobernar en los famosos versos de Segismundo:

Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando,

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe,

y en cenizas le convierte

la muerte (¡desdicha fuerte!):

¡que hay quien intente reinar,

viendo que ha de despertar

en el sueño de la muerte!

La historia de La vida es sueño ocurre en Polonia, pues los dramaturgos debían buscarse escenarios lejos de casa para que ni por asomo se pensara que el rey de la comedia fuese el Rey. A pesar de eso, tanto Cervantes como Calderón escribieron con mayor libertad de la que tendrían los españoles doscientos años después, ya que las libertades van y vienen según van y vienen las ideas, las agallas y la voz.

Quizá por eso, en una edición de las obras de Calderón, publicadas en época del absolutista y represivo Fernando VII, el editor se vio impelido a agregar ciertas notas. En Gustos y disgustos no son más que imaginación, uno de los personajes es Don Pedro, rey de Aragón. El tal rey no siempre actúa con acierto y llega a aceptar sus errores. “Yo lo erré”, dice en uno de sus parlamentos. El editor anota: “El confesar su propio error, lejos de degradar la majestad de un príncipe, realza más y más su dignidad, pues prueba que para él la moral y la justicia no son palabras vanas. La obstinación en persistir en sus errores y caprichos, conociéndolos, denota la perversidad del corazón: y no puede nunca servir de excusa el dicho de Medea: Video meliora, proboque, deteriora sequor.”

Las palabras de Medea vienen de las Metamorfosis, de Ovidio. “Distingo lo mejor y lo apruebo, pero practico lo peor” o “Noto el mejor camino y lo apruebo, pero sigo el peor”.

Sancho se acepta como testarudo, y esto es muy raro, pues la testarudez es algo que sobre uno aprecian los demás. El antiguo diccionario de la RAE define testarudo como: “Porfiado, terco y tenaz, que con empeño disputa las cosas, manteniéndose en una aprehensión, inflexible a la razón”.

Mas al final, Sancho no lo fue tanto y reconoce su flaqueza. “Yo no nací para ser gobernador… Mejor se me entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de defender provincias y reinos… Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador”.

Entonces deja el gobierno, pero el sabio Cervantes nos dice: “Sancho, aunque aborrecía el ser gobernador, como queda dicho, todavía deseaba volver a mandar y a ser obedecido; que esta mala ventura trae consigo el mando”.

“Quien lo probó, lo sabe”, diría Lope de Vega. “Quien lo sufrió, lo sabe”, podría decir más de una patria, sì bella e perduta.