Terapia intensiva | Letras Libres
artículo no publicado

Terapia intensiva

aunque uno sabe que los árboles lloran

y las nubes meditan sobre las copas desgarradas

qué puta contrición la de morirse

la de abandonar a los hijos

y hacerles creer que un milagro seco

nacido marchito aun con su corte de nardos

asomará su aridez en los vitrales

por eso sollozan cipreses y calendarios

y las garrafas ateridas cansadas de aguardar

a los labios mugrosos de la tristeza

los dientes afligidos tras la depresión

cenizos en invocaciones celestiales

ahora en la arrogante terapia intensiva

en cruces que asfixiaron al milagro

pues sólo se yergue la oferta indolente de tumbas

el antibiótico necio en la sonda negra

la sombra negra del credo estrellado en el muro

la hiedra negra del cuerpo arrumbado

pues aunque sabemos que las arboledas

y las madres cabizbajas los faroles en las plegarias

las blasfemias los escapularios y las ventanas

gimen inconsolables por la ardiente verdad

de hundirse y desamparar a los hijos

la vida en sanatorios y pasillos hastiados

se resume a esa gota de tosca sequedad

a drogarse con la podrida desesperación

y vomitar súplicas relámpagos y salmos

pues debemos alejarnos del sagrario

de la amada y el gesto roto del padre nuestro

no ver más aves en la risa de las botellas

al hermano enfrente con sondas y jeringas

hermano espejo agonizante con nosotros

porque morimos solos aunque nos abrasemos

aunque nos despedacemos en retratos tristes

por estar zafios y rasgados y vivos en la suciedad

nos morimos con el hermano enfrente

vestidos de liturgia en terapia intensiva

dispuestos al día muerto de mañana

sin responder a la caricia de la resolana

a los trinos albos de los noctívagos desgreñados

la escarcha que canta el porvenir y la añoranza

aunque sabemos que las florestas

las calles las plantas las navajas que meditan

y los ojos asustados de los niños lo advierten

esta miserable evidencia de morir es tan nublada

tan artera sinfonía de cuchillos metafísicos

y a pesar del sollozo la llovizna de zarpazos

la melodía del tiempo vuela para besar el quebranto

vuelve a arrodillarse despechada

frente a la exuberante convicción de las esferas

morder despacio lodo y morir siempre


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