Relación de la lluvia | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: Gilberto Guirao [CC BY-SA (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)]

Relación de la lluvia

Es el olvido el corazón

inagotable de las cosas.

En ellas mueve su sangre

como si de viejos tranvías subterráneos se tratara.

Basta el silencio para escuchar su irrigación de rostros

o el extravío nocturno de los cuerpos

al hundirse en el profundo trinar de nuestra lluvia.

Gota a gota le habremos de perder

el rastro a las cosas de este mundo

–la gente, los ríos, las ciudades–.

Será por fin nuestra memoria

el recinto sagrado de la ausencia.

Y ya en el centro de ese lugar oscuro,

sentiremos entonces la certeza primigenia:

vivir es avanzar también hacia la muerte,

unirse al mundo atado

también por el cordón umbilical

de este imperio de cosas que fenecen.

*

Sea ésta acaso la misión

de la luz sobre la tierra:

Llenar de cuerpos

los nombres que van poblando

nuestra lengua;

dar a la noche un rostro

con que reconocer la compañía;

medir con precisión el tiempo,

su forma de arrebatar las cosas

una a una

con lentitud inexorable

como oruga que devora de raíz

nuestros jardines

y luego sigue con las hojas

hasta acabar con todo

cuanto crea que es suyo

y le alimente.

*

 

El tiempo no destruye a la memoria, la pule hasta reducirla a su forma mínima de punto, para que luego brille intermitente en el silencio como la luz muerta de los astros.