Olvidadas entre los olvidados: las mujeres del Archivo Negro de la Poesía Mexicana | Letras Libres
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Olvidadas entre los olvidados: las mujeres del Archivo Negro de la Poesía Mexicana

Desde su primera edición, publicada por Malpaís Ediciones en 2015, el Archivo Negro de la Poesía Mexicana se ha dado a la tarea de visibilizar la obra de poetas que han permanecido en la marginalidad.

Desde su primera edición, publicada por Malpaís Ediciones en 2015, el Archivo Negro de la Poesía Mexicana se ha dado a la tarea de visibilizar la obra de poetas que han permanecido en la marginalidad. En palabras de sus editores, el archivo “busca forjar una lectura horizontal y crítica de la poesía escrita en México”, lo cual significa sacar del olvido a autores a los que el canon no ha privilegiado pero que no por eso son menos significativos en la literatura mexicana. Y olvidadas entre los olvidados están las mujeres poetas (jamás poetisas) que han sufrido un silenciamiento sistemático a lo largo de la historia; mujeres que no aparecieron en aquella primera edición del Archivo pero sí en la segunda, publicada hace algunos meses.

Las poetas seleccionadas para esta segunda entrega del Archivo son Alaíde Foppa (“Las palabras y El Tiempo”), Aurora Reyes (“Espiral en retorno”), Concha Urquiza (“El Corazón Preso”) y Margarita Paz Paredes (“Memoria de hospital” y “Presagio”), todas nacidas en la primera mitad del siglo XX y dueñas de una visión poética singular; algunas con énfasis en lo político como Foppa, en lo histórico como Reyes, en lo místico como Urquiza o la corporal como Paz Paredes. De acuerdo con la nota de los editores, el libro que se ha elegido de cada una responde a la intención de mostrar no lo más valioso de su obra (¿cómo definir “lo más valioso”, para empezar?), sino un fragmento representativo de ésta.  Y para permitirle al lector tener un acercamiento lo más completo posible, cada libro está acompañado, a manera de introducción, de un breve estudio que pone en perspectiva la vida de cada poeta. En tres de los cuatro libros, esta nota crítica también está escrita por mujeres.

Los temas que se tocan en los tres libros son, como mencioné antes, variopintos. Y aunque cada libro es un universo aparte, también resulta provechoso leerlos a través de los canales por los que se comunican, como tejiendo un delicado diálogo entre ellas.

Aurora Reyes, por ejemplo, tiene varios poemas sobre temas patrióticos frente a los cuales se muestra exaltada, casi con afán de enaltecimiento en algunos casos:

Madre Revolución, te estoy mirando

desde mi pequeñez de pueblo triste.

¡Colosal estatura estremecida

que contiene a la Patria y la define!

O bien:

Tierra sureña, tierra

entregada al terror de la verdad;

Emiliano Zapata, hombre de clorofila,

pronunció dos poemas para México:

“Tierra y Libertad”.

Alaíde Foppa, en cambio, cuestiona la idea de pertenencia desde su propia experiencia como migrante. Nacida en Barcelona, donde su padre argentino fungía como cónsul, su patria nunca fue tierra firme: creció entre España, Suiza, Bélgica e Italia para luego instalarse en Guatemala, de donde era su madre y desde donde salió rumbo a México en 1958 huyendo de la dictadura que unos años después habría de asesinarla. En su poema Destierro, escribe:    

Mi vida

es un destierro sin retorno.

No tuvo casa  

mi errante infancia perdida,

no tiene tierra

mi destierro.

Otro ejemplo de un tema que extiende lazos entre los libros del Archivo es el dolor. Por un lado, el que emana del sentimiento místico, en el caso de Concha Urquiza, cuyos poemas se mecen entre las reflexiones religiosas, la sensualidad y el terror que muchas veces van de la mano:

Allá abajo en el seno de la tierra

está aprendiendo a sonreír la muerte.

Por otro lado está el dolor mucho más terrenal, más corpóreo, de las “Memorias de hospital” de Margarita Paz Paredes, que escribe desde la despersonalización que supone estar internada en un sanatorio donde las personas abandonan su identidad para convertirse en un número más:

No soy dueña de mí, ni tengo voz ni voto.

Me empujan, viran, se detienen.

Me introducen a un túnel de miedo.

Un “clic” y una luz verde, mortecina

como espiral enferma que me chupa un instante

y luego me rechaza y me lanza hacia fuera.

En el caso de los cuatro libros, se trata de poetas cuya obra escapa del tono intimista normalmente asociado a la escritura de mujeres. Sin embargo, si bien no escriben desde lo tradicionalmente considerado femenino, sí lo hacen desde el espacio que su género les ha designado con todas las tensiones que esto significa.

Para dejar de encasillar el trabajo de las poetas mexicanas del sigo XX, un buen primer paso es leerlas en toda su complejidad, fuera de idealizaciones sobre su vida personal y estereotipos de sus motivaciones. La labor que Malpaís Ediciones ha iniciado con el segundo volumen de este proyecto, si bien es un paso adelante que debe celebrarse, da testimonio de la gran cantidad de volúmenes de un archivo así que harían falta para hacer justicia a las muchas mujeres que se han quedado sin el espacio que les corresponde en el panorama poético de nuestro país. Mujeres que escriben y sienten y viven por derecho propio y no, como dice Alaíde Foppa, las que viven sólo porque las dejan vivir.