Escribir para saber qué hay bajo la superficie | Letras Libres
artículo no publicado

Escribir para saber qué hay bajo la superficie

En sus novelas y cuentos, la escritora argentina Patricia Ratto explora desde un episodio alucinante de la guerra de Malvinas hasta la relación que el ser humano establece con los animales en las sociedades modernas.

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Hacia finales de la primera década de este siglo, la escritora argentina Patricia Ratto ya había publicado dos novelas: Pequeños hombres blancos, en 2006, la historia de una chica que en plena dictadura militar se muda para dar clases en un pequeño pueblo de la Patagonia, y Nudos, en 2008, tramas cruzadas de personajes que padecen las heridas y las secuelas de esa dictadura. Y estaba escribiendo la tercera cuando un episodio le cambió la vida.

En la escuela en que ella da clases de lengua y literatura, como sucede en todas las escuelas argentinas cada 2 de abril, se realizaba un acto para recordar la guerra de Malvinas, ocurrida en 1982. En este caso, estuvo presente un veterano de esa guerra, quien contó su experiencia: tenía 19 años cuando formó parte de la tripulación de un submarino que fue enviado a custodiar las islas.

Patricia Ratto –nacida en Tandil, provincia de Buenos Aires, en 1962, y por lo tanto parte de la misma generación que la gran mayoría de los soldados argentinos que combatieron en Malvinas… cayó en la cuenta no solo de que ella también era una chica de 19 años cuando estalló la guerra, sino que además en ese momento, mientras escuchaba el testimonio de ese veterano de guerra, su hijo tenía precisamente la misma edad.

La coincidencia, más la increíble historia del ARA San Luis –ese submarino con el motor defectuoso, al que ni siquiera le funcionaban los torpedos, y que allí, sumergido en las heladas aguas del Atlántico Sur, debía esperar un posible enfrentamiento contra la poderosa armada británica–, hicieron que todo el asunto se tornara para ella en una especie de obsesión.

“Me parecía que ahí estaba resumido todo el absurdo de Malvinas”, me dijo la autora. Entonces abandonó la novela que estaba escribiendo y se lanzó a buscar más información sobre aquello. Habló con catorce de los 35 tripulantes de aquella misión, se documentó todo lo que pudo y, tras más de tres años de trabajo, publicó en 2012 su tercera novela, Trasfondo, con la que completó lo que ella considera una trilogía sobre la última dictadura que asoló su país.

 

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La imagen del submarino es muy buena para graficar la trayectoria literaria de Patricia Ratto. Como si se moviera por debajo de la superficie, su obra ha hecho un recorrido silencioso pero sólido. Publicada en italiano hace ya unos años, a finales de enero llegó a las librerías de Estados Unidos, traducida al inglés por Andrea G. Labinger. La historia de esta edición también tiene su dosis de curiosidad.

Labinger –traductora neoyorkina de prestigio y varios premios en su haber– se “enamoró” de Trasfondo y fue ella quien, además de traducirla, buscó editor en su país. Alguno le dijo que, bueno, le podía interesar siempre y cuando la autora añadiera “algo más de acción y de sangre”. Es decir: querían publicar otro libro.

Porque la mayor virtud de la novela de Ratto pasa precisamente por otro lado. Aquellos hombres navegaron durante 39 días, casi sin comunicación con el resto del mundo, y la prosa de la autora tandilense captura con maestría la atmósfera opresiva, claustrofóbica, asfixiante de ese inframundo. En palabras de Martín Kohan, Trasfondo es “una perfecta novela de guerra. Perfecta en la dosificación de la acción y la inacción, perfecta en la narración de lo más difícil de narrar, que es la espera”.

El caso es que por fin aparecieron los editores apropiados, los de Schaffner Press, un sello independiente con sede en Tucson, Arizona, dispuestos a publicar la novela. Más aún: decidieron editar un volumen con la novela y algunos cuentos de Ratto. Y aunque en un principio lo iban a titular Submerged and other stories, decidieron cambiarlo por el de uno de los relatos breves: Proceed with caution (en castellano, “Cuidado al entrar”). Les pareció que ese tono de advertencia tenía que ver con la manera en que hay que leer estos textos, incluidos por The New York Times en su listado de traducciones recomendadas para 2021. Como si hubiera que proceder con precaución para poder apreciar lo que, bajo una superficie aparentemente simple, esconde mucha complejidad.

 

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El inconsciente, lo sabemos, opera de maneras misteriosas. A menudo necesitamos que otra persona venga a mostrarnos lo que está ahí, frente a nuestros propios ojos, y sin embargo no podemos ver. Algo así le sucedió a Patricia Ratto hace algunos años, cuando viajó a España para presentar Trasfondo. Un lector que había leído también sus novelas anteriores le dijo: “Estaba esperando a ver cómo se las ingeniaba para meter animales en un submarino”.

Sucede que los animales son una presencia constante y central en todos los libros de Patricia Ratto. Perros, pájaros, zorros y ñandúes pueblan las páginas de Pequeños hombres blancos y Nudos. Y hay animales también en Trasfondo, explica Ratto, pero animales literarios, simbólicos, escondidos en los sueños o en el comportamiento de los personajes: el caballo de Viaje al fin de la noche de Céline, el albatros de la Canción del viejo marinero de Coleridge, el roedor de La madriguera de Kafka.

Lo curioso es que, hasta ese momento, la escritora no lo había advertido. Un lector tuvo que señalarle ese dato, durante la presentación de un libro, para que fuera consciente de ello. Entonces se propuso “conjurar” esa otra obsesión que acababa de descubrir. “Lo tendrá que resolver un psicólogo o la literatura”, se dijo. Por supuesto, eligió la segunda opción. Ese es el origen de Faunas, su cuarto y por ahora último libro, publicado (igual que los tres anteriores) por la editorial Adriana Hidalgo en 2017. Se compone de trece cuentos, en todos los cuales los animales desempeñan un papel central.

“A mí lo que me resulta fascinante del mundo animal es todo lo que compartimos, todo lo animal de nosotros”, me cuenta Ratto por videollamada desde su casa de Tandil, mientras en mi pantalla aparece Vitta, su perra, como si quiera saludar. Y dice que en sus cuentos (no solo en los de Faunas, sino también en otros aún inéditos en el libro en castellano, aunque publicados en el diario Página/12 como “Quintay” y el ya citado “Cuidado al entrar”, que da título al volumen en inglés) ha buscado explorar “el papel de los animales en las sociedades urbanas contemporáneas”.

“Descubrí –agrega– que mirar lo que hacemos con los animales, las cosas por las que los hacemos pasar, cómo los tratamos, los comemos, todo eso habla de nosotros, de lo que pensamos acerca de la vida, del valor de la vida, y es también una manera de ver hacia dónde vamos los seres humanos”.

 

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Salvo algún periodo en que por motivos laborales (como la joven protagonista de Pequeños hombres blancos) se trasladó a la Patagonia, Ratto ha vivido siempre en Tandil. Su casa actual tiene un enorme jardín con una quincena de árboles, lo que le permite estar muy cerca de la naturaleza y del diversísimo mundo animal que la habita. El lado negativo es que se encuentra a 375 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Y en un país tan centralizado como la Argentina, donde a veces pareciera que lo que no pasa por la capital no existe, esa distancia puede ser un problema.

“Todo está pensado desde Buenos Aires”, confirma ella: presentaciones, charlas, entrevistas, viajes, etc. Si la invitan a representar al país en una feria del libro en otro país, como le ha sucedido, le pagan el vuelo hasta el extranjero, pero el traslado hasta Buenos Aires corre por su cuenta. Si la convocan para algún programa de televisión, como también le sucedió, debe hacerse cargo de la ida y la vuelta, y además tiene que pedir, al menos un día, licencia en la escuela en la que trabaja o suspender alguno de sus talleres de escritura. Todo es más complicado.

Pero ella tiene claro que “son elecciones, decisiones que uno toma, que tienen que ver con lo que uno quiere para su vida. Y en mi caso –enfatiza– elegí quedarme a vivir en Tandil, con sus pros y sus contras”. De alguna manera, su lugar de residencia también contribuye con la sensación de que Patricia Ratto se mueve por debajo de la superficie, explorando la complejidad, en el borde de lo fantástico y lo sobrenatural, que anida más allá de lo que se aprecia a simple vista.

Ahora la escritora espera que la pandemia dé respiro, entre otras cosas, para que el cineasta argentino Pablo Giorgelli pueda retomar su ya encaminado proyecto de llevar Trasfondo a la pantalla grande: el submarino continúa su marcha, que parece imparable. Y mientras, trabaja en una nueva novela, de la que no puede adelantar nada salvo que también hay presencia animal. “No fue buscado, porque me dije ya basta de animales… Pero no pude. Estaba escribiendo y lo encontré, y ya no lo pude dejar. Quedó adentro de la novela y va tomando cada vez más protagonismo, ¿y qué vamos a hacer? ¿Por qué resistirse a eso?”