Dos poemas | Letras Libres
artículo no publicado

Dos poemas

 

Punto medio

 

Todo el mar frente a mí:

tan muerta,

dislocada por la lengua,

pronunciando una respiración,

un alfabeto de ademanes.

Mi cuerpo es la única seña.

Se pronuncia desde lo que no,

desde el blanco roto de la espuma,

en el punto medio

donde nada pasa.

Contengo los gestos,

pero mis vértebras se anudan con la sal

y se sumergen.

Quieren el regreso:

habitar en el sitio donde todo se funde,

cuando las paredes abren sus ángulos

y las aguas vierten sus deseos.

El mar se desencaja,

se revuelca por lo múltiple en sus olas

y yo

en el fondo

sintiendo.

Me palpita el miedo adentro de tan vivo.

Convulsionan mis silencios,

las ganas de quererme en las posibilidades

de mi cuerpo.

 

 

Habito la hendidura de las aguas.

Frente a mí,

todos los alfabetos.

 

 

Y digo peces porque soy mil peces

 

Todo comienza con los ojos cerrados

con la mirada puesta en lo no vivo

en el vuelo inanimado de la palabra

de la mal dicha       de la que gime

y se desgaja en transparencias

para mirar lo otro:

lo dibujado en la rotura

en el encuentro de parpadeos

en la flama anterior

donde se conjuga la materia

donde asciende la exhalación

y el rugir de voces nacientes

de bocas enlazadas al silencio

al pulso vital en el canto de cuna

en el arrullo solar de la palabra

 

Todo comienza de qué lado

Inadvertida abro los ojos

y miro lo interno

lo que no aguarda al mundo

Veo nacer la palabra silábica:

niña      selva      nombre

La lengua puesta en la gravedad del hueco

Soy el hueco: lo subterráneo bajo el ojo:

la selva niña que juega sola

sin su nombre

sin saberse niña

sin pronunciar la selva

 

Miro más hondo

Clavo la palabra

en el filo del parpadeo

en el espacio del silencio

donde se tiñe el agua con la boca del río

 

Y digo peces porque soy mil peces

porque soy el color líquido     inquieto    escamoso

porque mi cuerpo se escurre entre mis manos

y salta de mí hacia la luz oceánica

hacia el cúmulo estelar de las aguas

Caída limpia       dardo puesto en el ojo de las arenas

 

Mis ojos secos enmudecen

Han perdido mi voz solar

 

Queda la palabra rota

la bifurcación del cuerpo

y los peces jugando

sobre una isla de niña

 

¿Cómo nombrar el comienzo?

 

¿Cómo saber que existo aquí o en dónde