Dos poemas | Letras Libres
artículo no publicado

Dos poemas

En nuestro espacio quincenal de poesía, dos piezas del peruano Carlos Llaza.

Sonido virgen

 

The vacant text glows white on pages that are black.

Peter Redgrove

 

Arrojo la Biblia al río y

desde la altura del puente

veo que el lomo azul

 

ondea como espinazo

de criatura viva. Intrigado

no pierdo de vista el recorrido;

 

cuando ella navega, el agua

se agita y babea espuma.

El libro tras darse vuelta

 

pasa las hojas como quien

se lee a sí mismo y

memoriza los versos,

 

luego las letras se abren

y elevan cual remolino

de cenizas. El texto es ahora

 

terreno baldío, pluma de cuervo.

Desde su sitio, las estrellas—

todas en primera fila—

 

se emocionan ante el ascenso

de las invitadas. Un perro aúlla.

Una rata con visible apuro

 

pasa a mi costado y desciende a

la ribera. A medida que la

noche avanza mi libro se debilita.

 

Como aluvión de agua negra

el cielo desborda el cauce.

De pronto un hombre con ropa raída

 

surge del río. Lleva en las manos

lo que ahora es un cuaderno

abierto en la primera página.

 

Me mira entonces a los ojos,

pronuncia mi nombre y en

taquigrafía documenta el himno

 

que brota de estos labios:

rumor en lengua nunca antes vista.

 

 

Combustión espontánea

 

La urgencia súbita de reparar,

de atender el dolor de corazón,

de enunciar un propósito de enmienda.

La rehabilitación de mordeduras

 

que, desde el techo y las paredes, brillan;

donde las cámaras y los ladridos

cuelgan de redes de alambre de púas.

Tus manos resemblan un cernícalo—

 

tigre como todo pájaro—cuyos

nudillos de piedra, enardecidos

por las plumas, buscan alzar vuelo:

la combustión espontánea que surge

 

de los latidos de cada promesa.

Tus rodillas se clavan en el lodo

con elegancia digna de escultura,

no obstante, nada permanece donde

 

nosotros queremos—los platos rotos

pegados con saliva. El apetito

por el sol se extiende: la rebelión

de nuestros días bajo luz de vela.