Dos poemas | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: Vince Alongi / flickr.com/photos/vincealongi/2925769150

Dos poemas

En el espacio quincenal de poesía presentamos poemas de la reciente producción de la autora de libros como "un cordero degollado" (2009) y "peces anaranjados" (2016).

vestido de flores 

fotografía personal 

san cristóbal de las casas, 1994

 

 

(canción que se repite) 

ahí está el hombre acostado en el campo

ahí está el hombre con los ojos abiertos 

ahí      el hombre con los ojos del campo

 

en la mirada como en esas fotografías de la tierra 

vista desde arriba

él casi nos pudo contener

o nos daba la sensación de un territorio habitable

 

no fuimos suyas

nosotras no le pertenecemos a nadie

sin embargo había una fracción nuestra 

un poco de verdor que no sólo son sus ojos 

pero sí

también en sus ojos cabíamos 

mi madre y yo hasta que anochecía

 

ahí está el hombre acostado en el campo

ahí está el hombre con los ojos abiertos 

ahí      el hombre con los ojos del campo

 

las capas de una cebolla

—la hondura y el escozor—

frente a nosotras 

el llanto de una niña que limpia la cebolla 

sentada en la tierra 

 

ahí está el hombre sentado en el campo

 

la niña se quita las lágrimas 

tararea la canción / se enloda la cara

otra vez está a punto de llover

 

ahí está el hombre con los ojos abiertos

 

a su lado

hay una mancha de abedules

hortensias con las brácteas expandidas

girasoles / margaritas

 

los ojos del campo en el hombre 

 

azucenas / lavanda / hueledenoche 

el olor de aquel vestido 

en un sólo gesto de abrirse

 

la niña muerde la cebolla 

la cosecha de la tierra

su movimiento 

 

ahí está el hombre sentado en el campo

a su lado 

mi madre en su vestido de flores

yo frente a ellos          tomo la fotografía.

 

***

 

asma

 

acechas desde la ventana: 

tendría que aparecer en algún momento

si se escucha es porque existe y si existe es porque puede ser vista

tomada con ambas manos: salvada

 

ahí está: la escuchaste de nuevo 

un silbido que exige tu presencia 

una señal de auxilio

atrapada 

bronquial y estrecha 

en el ramaje constipado del árbol

 

sales a buscar: sigues el sonido

probablemente no sea nada malo

recuerdas que las aves 

—no sólo nosotros—

fingen la muerte y atraen

 

imitas el silbido 

dices: todo va estar bien si me dejas ayudarte

esperas

no hay ninguna respuesta

 

te diriges hacia la casa 

te limpias las botas en el tapete de la entrada 

al abrir la puerta confundes

el chirrido de la bisagra con su voz 

 

¿todo bien? 

no hay respuesta 

 

entras

azotas la puerta sin entender 

toda esa rabia de pronto tirando hacia adentro

en la boca:

un grito de humo que se seca en la garganta 

¿es contagioso esto                de ahogarse?

 

de nuevo el gorjeo        si abres la puerta

se ocultará otra vez —sabes más

de lo que quisieras sobre la enfermedad—

 

un sonido crispa la madera 

traspasa el espacio estrecho 

entre la puerta y el tapete

 

le pones una toalla a esa hendidura: 

es difícil hacerla entrar ahí

sabes que el aire debe ser 

espeso a esta hora de la tarde

 

el pájaro sigue avisando su condición 

de extravío  / de orfandad del aire

pero tú estás dispuesta a ignorarlo:

no pasa nada, nunca pasa nada

es sólo cosa de dejar que el tiempo pase

 

abres el libro que dejaste en la mesa: 

the birds of america

buscas la imagen de unos pulmones 

tiene que haber una aquí  

a lápiz y con detalles de acuarela 

disnea emplumada sobre la rama de un fresno 

 

la tetera chilla            no corres a apagarla

disfrutas el escozor del agua mientras hierve

observas el vapor cuando sale de la boquilla 

alargas la espera.


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