Clarice Lispector: la libertad | Letras Libres
artículo no publicado
Bisilliat, Maureen, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons

Clarice Lispector: la libertad

Clarice Lispector es una de las grandes escritoras del siglo XX porque en ella se condensan preguntas claves de la estética y la filosofía: sobre la libertad, el arte y el lugar de la mujer escritora, que desafía lo que se espera del pensar y escribir de las mujeres.

Cuántos escritores o escritoras veinteañeros quisieran darse el lujo de escribir en una primera novela una interrogante tan radical sobre la libertad como la que se hace Joana, la protagonista de Cerca del corazón salvaje (1944): “¿Qué sería si no aquella sensación de fuerza contenida, a punto de reventar con violencia, aquel ansia de emplearla a ojos cerrados, entera, con la seguridad irreflexiva de una fiera? ¿No era acaso solo en el mal donde alguien podía respirar sin miedo, aceptando el aire y los pulmones? Ni el placer me daría tanto placer como el mal, pensaba sorprendida. Sentía dentro de sí un animal perfecto, lleno de inconsecuencias, de egoísmo y de vitalidad.” En los años cuarenta, tiempo de una guerra cuyas consecuencias modelaron el planeta, Clarice Lispector (1920-1977) se pregunta, con espíritu nietzscheano, por los límites de la moral, esos límites que en el caso de la mujer implican su cuerpo y su albedrío. “¿Dónde están las mujeres solo hembras?”, cavila Joana cuando su propia entidad humana se le impone como obstáculo frente a sus parientes y frente a su matrimonio. La misma Joana que mira el mundo con la piel y la mente alertas no es capaz de integrarse sin padecer una mutilación. Tal como señala certeramente Linda Zerilli en El feminismo y el abismo de la libertad (2005), la libertad femenina tiene siempre que justificarse bajo el manto de su utilidad pública, del bien que su educación, contribución laboral y autonomía suponen para la sociedad. Joana, en cambio, solamente se pregunta por su condición humana en libertad. Esta novela de Lispector se enmarca en el pleno corazón del siglo XX, qué duda cabe al leerla.

En Todos sus cuentos (Siruela, 2018), encontramos una y otra vez a personajes con conductas imprevisibles que ponen en entredicho la placidez de la repetición inherente a la vida normal y sin sobresaltos, un tópico de la literatura de la pasada centuria perseguida por el mito de la autenticidad existencial. No en balde, Lispector es hija también de la Ilustración, las revoluciones, el romanticismo, la democracia y de la concepción del arte y la vida como ruptura con la convención. En “La fuga” (Primeros cuentos, 1952), una mujer huye y regresa sin que su marido se entere de su fútil intento de liberación y de su íntima derrota, en la línea de “Amor” (Lazos de familia, 1962). Aquí la protagonista se siente maravillada y abrumada al toparse en un rincón citadino con el latido de la vida natural indiferente al hacer humano, iluminación que ocurre durante una simple salida para hacer las compras que termina con un doméstico regreso a casa, sin consecuencias. “El huevo y la gallina” (La legión extranjera, 1964), irónica y genial historia del huevo y del destino de las gallinas como reproductoras, condensa las preguntas sobre el cuerpo femenino como instrumento de otros: qué tonta la gallina que se cree libre y no medio de la naturaleza y del alimento ajeno. En la novela La pasión según GH (1964), un miedo de tan poca monta como el asco que tantas mujeres compartimos hacia las cucarachas es explorado hasta el punto de que se pierde y la cucaracha es conexión misma con la materia del universo. Detrás de la vida de una escultora acomodada y elegante se abre el abismo sin moverse de su apartamento. Clarice Lispector es una de las grandes escritoras del siglo XX porque en ella se condensan preguntas claves de la estética y la filosofía: sobre la libertad, el arte y el lugar de la mujer artista, de la mujer escritora que desafía no los modos de vivir convencionales sino lo que se espera del pensar y escribir de las mujeres. La protagonista de la obra de Lispector no es la mujer, es la voluntad estética.

Tal como retrata su biógrafo Benjamin Moser en Por qué este mundo. Una biografía de Clarice Lispector (2009), Lispector, más que convertirse en una heroína contestataria –al estilo de Susan Sontag, también retratada por Moser en Sontag. Vida y obra (2019)–, fue una escritora consagrada a la palabra como oficio, que sorprendió a los y las grandes escritores brasileños por su talento, el cual le reconocieron. Igual, cumplió con el rol de esposa y madre. En Lispector se encarnan las paradojas de la mujer escritora que pudo vivir cómodamente, tal como se lo aseguraba su esposo diplomático, pero prefirió separarse de él porque amaba Brasil, refugio de su padre y de su madre parias que huyeron de Ucrania. Con problemas de dinero y, en ocasiones, con dificultades para publicar pero exigida por su vocación, Lispector no tuvo empacho en escribir sobre maquillaje y modas, cumpliendo las exigencias ineludibles de su espléndida belleza en la época que vivió, asunto difícil de entender desde una mirada actual. La tradujeron y publicaron, pero el cobro de los derechos de autor no funcionó siempre adecuadamente, así que había que aplicarse. Aquella elegante señora era en realidad una cumbre de la lengua portuguesa, pero quién iba a proclamarlo en toda su dimensión en la época de Jorge Amado y João Guimaraes Rosa. Cuando el reconocimiento fuera de Brasil llegó a su vida, lo aceptó con más sorpresa que alegría.

El legado literario de Clarice Lispector trasciende a sus personajes encerrados en un mundo convencional con el que apenas pueden romper y los trasciende, repito, por su expresa voluntad estética, por atreverse a expresar una mirada única sobre el mundo producto del trabajo con el lenguaje. El feminismo de Clarice fue su libertad como escritora y su legado es la palabra sin rienda, que sobrepuja la mirada convencional para recordarnos nuestra esencial conexión con el mundo, no solo como sociedad e historia sino como vivencia del cuerpo, la consciencia y los sentidos. Existió para la literatura con una valentía que ya quisiéramos tener tantas mujeres escritoras entrampadas con los retos de escribir hoy, cuando somos más libres pero nos tocó un período más apocado que el de Lispector en cuanto a aspiraciones artísticas y literarias. No hay texto de la brasileña en el que su genio no reluzca, y si fue llamada “salvaje” por la poeta estadounidense Elizabeth Bishop, con cierta condescendencia qué duda cabe, es porque la cualidad de su talento parecía una suerte de don natural e imperturbable que avanzó con tino desde sus primeros hasta sus últimos textos.