Autorretrato a los ochenta años | Letras Libres
artículo no publicado
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Autorretrato a los ochenta años

Nunca pensé pasar mis ochenta años

en el año de la plaga y de la plebe gobernante.

Pero aquí estoy recluido en mi casa

de la ciudad de México, acompañado por Betty, 

mi esposa de toda la vida, 

y por tres gatos ferales que llegaron de la calle;

ah, y por una imagen de la Virgen del Apocalipsis

alumbrada día y noche en la pared de la escalera.   

 

Chloe y Eva, mis hijas, gemelas astrales, 

se han convertido en madres espirituales, 

y Josefina, mi nieta única, se ha vuelto una abuela lúdica. 

Están en Londres y Brooklyn, separadas de nosotros, 

detrás de ventanas viendo y oyendo 

pasar las ambulancias de la muerte.

 

Hay paraísos que no tienen país 

y mis soles son soles interiores,

y el amor, más que el sueño 

es una segunda vida, 

y lo viviré hasta el último momento

en la estupenda cotidianeidad del misterio. 

 

Rodeado de luz y de gorjeo de pájaros, 

vivo en un estado de poesía, 

porque para mí, ser y poetizar es lo mismo. 

Por eso quisiera, en estos días finales, 

como Tiziano, representar una vez más el cuerpo humano. 

Polvo seré mas polvo enamorado.   

 

                     ***

 

Self portrait at age eighty

 

I never thought I’d spend my eightieth

in a year of plague and populists.

But here I am, confined to my house

       in Mexico City, accompanied by Betty,

my wife — all life long,  

               and by three feral cats that came in off the street;

and oh, by the Virgin of the Apocalypse’s image

lit day and night on the stairway wall.

 

Astral twins, my daughters, Chloe and Eva

have turned into my spiritual mothers,

and Josephine, my only grandchild, into a playful grandma.

They are in London and Brooklyn, separated from us,

behind windows, seeing and hearing

the ambulances of death pass by.

 

Paradises there are that have no country

and my suns are interior suns,

and love — more so than dream —

is a second life,

and I will live it to the last moment

in the tremendous everydayness of the mystery.

 

Surrounded by light and the warbling of birds,

I live in a state of poetry,

because being, for me, and making poetry are the same.

For that I would want, in these final days,

like Titian, to depict the human body one more time,

Dust I shall be, but dust in love.

 

(Traducción de George McWhirter and Betty Ferber)