Veracruz, mar adentro | Letras Libres
artículo no publicado

Veracruz, mar adentro

 

Tierra adentro, mar en fuera.  El puerto de Veracruz y su litoral a Sotavento, 1519-1821

México, FCE/Gobierno del Estado de Veracruz/Universidad Veracruzana, 

2011, 958 pp.

 

Esta historia encierra una paradoja. A lo largo de casi ocho décadas (entre 1519 y 1597), un puerto fue de lugar en lugar para ser fundado una y otra vez hasta, finalmente, encontrar su asiento definitivo. Su errancia pudo haber durado más tiempo, y su búsqueda haber comprendido más de los cuatro sitios que ensayó como escenario. El resultado habría sido el mismo: la limitada franja geográfica en la que finalmente se estableció no le ofrecía, con todo, las características idóneas para funcionar como puerto. (Esto debieron sopesarlo los indígenas, pues nunca se instalaron ahí.) Le ofrecía, en cambio, el azote que representaban los constantes “nortes” provenientes del Golfo de México, los “sures”, las trombas tropicales, “una naturaleza desbordada que a ratos amenazaba con borrar la exigua obra de los hombres”. El encuentro de los distintos pueblos que le dieron vida (españoles, portugueses, griegos, negros traídos de África como esclavos, etnias originarias de  la región) trajo consigo la plaga  de las enfermedades, que diezmó de manera significativa al conjunto de la población que originalmente se asentó alrededor de esa franja. Todavía en 1802 (es decir, 283 años después de haber sido fundado por primera vez y cinco años antes de que se iniciara la guerra de Independencia), Humboldt señalaba que en su vida había experimentado un clima más insano. Durante buena parte de su vida como elemento bisagra entre la metrópoli y la colonia, este puerto existió y no existió: habilitaba sus muelles cuando una remesa de mercancías salía de la colonia o llegaba del imperio, cumplía sus funciones de desembarcadero y embarcadero, cerraba sus muelles, desaparecía del mapa geográfico, se despoblaba y volvía a aparecer y a habitarse hasta que una nueva carga/descarga de mercancías así lo exigía.

Pese a todo ello, Veracruz jugó un papel estratégico como “la precisa garganta y paso” del comercio marítimo y terrestre de la Nueva España, como “la llave del Reino” que le permitió a la metrópoli abrir su comercio (legal e ilegal) con el resto de Europa (en particular con Amberes, Ámsterdam y Londres), con Filipinas, Perú, América Central, Florida, el Caribe insular y Venezuela. Veracruz fue, al lado de La Habana, Cartagena y Portobelo, uno de los cuatro puertos clave en la colonización española de América. Reconstruir su historia es, en buena medida, reconstruir la historia del proceso de colonización de nuestro país.

A esta tarea se entrega Antonio García de León en Tierra adentro, mar en fuera. El puerto de Veracruz y su litoral a Sotavento, 1519-1821. Para hacer frente a la misma, García de León consultó el Archivo General de la Nación y 81 de sus principales Ramos, el Archivo General de Indias (de Sevilla) y otros archivos españoles, los de Cartagena de Indias (Colombia), San Salvador de Bahía (Brasil), Torre de Tombo (Portugal) y Londres, así como archivos regionales de Puebla y el estado de Veracruz. Adicionalmente se apoyó en una amplia bibliografía que enlista a más de quinientos autores y que va de De Alva Ixtlilxóchitl a Marx, pasando por fray Toribio de Benavente, Quevedo, Alonso de Sandoval, Cervantes y Saavedra, Adam Smith y Braudel, por mencionar apenas unos cuantos.

Y aquí radica, creo, el primer gran mérito de García de León: el atinado manejo que hace de la vasta in- formación de la que parte, el destacable equilibrio que logra entre descripción e interpretación, la rigurosidad con que arriba a numerosas y renovadoras conclusiones. En el primer caso, el certero manejo de la información le permite deshacerse de las verdades aceptadas, los mitos y los lugares comunes y, en cierta medida, rehacer una buena parte de la historia de la región, lo que en este caso quiere decir: de la historia de tres siglos clave en la conformación de la economía capitalista mundial. En el segundo caso, el destacable equilibrio entre descripción e interpretación le abre al lector la posibilidad de una lectura ágil y ligera de las casi mil páginas que dan forma a esta historia que por momentos adquiere los matices y las sutilezas de una narración de largo aliento. En el tercer caso, la rigurosidad con que llega a conclusiones (luego de “una lectura desapasionada de las fuentes”, dice en un momento dado) nos planta de lleno frente a una gran aportación a la historia, en primera instancia, de una región en particular, pero, en un segundo plano, de la historia mundial.

El segundo gran mérito de García de León está estrechamente ligado al primero. Si García de León aspira –y creo que lo consigue– a una “historia total”, lo logra a través de lo que bien podemos llamar una literatura total. A lo largo y ancho de ese verdadero cruce de vías que es Tierra adentro...la literatura está presente, y de significativa manera. Por momentos, incluso, ofrece elevados registros poéticos. No creo, sin embargo, que esta presencia se deba, única y exclusivamente, a la buena mano, a la educada prosa o  a la amplia formación literaria de García de León. Veo algo más: el propósito claro y decidido de hacer de la literatura un elemento clave de la estructura de Tierra adentro...

Con admirable maestría, García de León monta un escenario monumental en el que el gran telón de fondo son la historia mundial, las grandes estructuras económicas, los amplios periodos sociales, las coyunturas históricas decisivas. Al amparo de ese telón de fondo, García de León reconstruye la historia de un puerto insignificante por su tamaño pero decisivo por su papel, y la de su región de influencia a Sotavento. Y al amparo de esta historia regional nos ofrece infinidad de microhistorias que nos hablan de concepciones del mundo, ideologías, imaginarios sociales, prácticas culturales, sincretismos, en fin, historias de vida (o casi) que le confieren a Tierra adentro...el lado humano que la diversifica y enriquece.

Como en círculos concéntricos, García de León va de lo local a lo regional... a lo nacional... a lo mundial... para volver de nuevo a lo local. Pasando de planos horizontales a planos verticales, García de León maneja con excepcional habilidad disciplinas tan diversas y encontradas como la geografía, la antropología, la administración, la sociología, la economía, la historia misma y la tradición oral de esta extensa región. Todo parece estar ahí: la violenta desestructuración de las culturas originarias y su incorporación y sumisión al andamiaje colonial, los esfuerzos por posicionar al puerto como espacio “estratégico y vital” para la metrópoli (finalmente, las dificultades geográficas parecieron “incidir en su valorización política y económica definitiva”), el papel de la raza negra en el abigarrado mundo sotaventino (para García de León, esta raza constituye la segunda raíz de los veracruzanos), las luchas regionales, nacionales e internacionales por hacerse del control y la explotación de la región, la combinación de situaciones e intereses que terminan por incidir en la lucha por la independencia de España.

María Zambrano afirma que una catástrofe histórica deja de serlo si de ella nace una nueva realidad que la redime. La conquista española de México fue, sin lugar a dudas, una catástrofe histórica; de ella surgió, sin embargo, una realidad que la redimió: un universo excepcional, un mundo único e irrepetible, un cruce de culturas que dio pie a una nueva cultura, una herencia para el mundo entero que ahora García de León se encarga de recrear para entregarla al mundo entero en otra variada y rica dimensión.

María Zambrano afirma, igualmente, que solo permanecen las victorias que salvan el pasado, lo purifican y lo liberan. Tierra adentro, mar en fueraes una victoria que permanecerá: una victoria que salva el pasado, lo purifica y lo libera; historia total, literatura total, cartografía total; el primer gran clásico de la historia del puerto de Veracruz y su litoral a Sotavento a lo largo de los tres siglos que duró la colonización de México. Con esta monumental obra, García de León parece recordarnos: Navigare necesse est... tierra adentro, mar en fuera. ~