Vanguardias de salón | Letras Libres
artículo no publicado

Vanguardias de salón

Varios autores

Perros habitados por las voces del desierto. Poesía infrarrealista entre dos siglos

Introducción, selección y notas de Rubén Medina

México, Aldus, 2014, 430 pp.

Como toda vanguardia que se respete, el infrarrealismo tuvo una vida breve y, según José Vicente Anaya, murió de muerte natural hacia finales de los años setenta. Sin embargo, para Rubén Medina, responsable de esta antología, el infrarrealismo no es una vanguardia cualquiera sino un fenómeno heterodoxo, una suerte de revolución permanente destinada a poner de cabeza el panorama de la poesía tal y como se concibe en nuestro medio local-global contemporáneo. Contra la realidad endémica y atávica de una tradición excluyente, mafiosa y oficiosa que durante décadas y décadas ha contado con “todos los recursos de una nación” (sí, señor) y que, en esa medida, se reparte puestos y canonjías perpetuándose dentro de las intrincada redes del poder en México, el infrarrealismo se ha propuesto, desde su fundación en 1975, como “la aventura, el callejón sin salida, una nueva ética del escritor, el nomadismo, el constante movimiento entre los márgenes y los centros, la crítica y la autocrítica; experiencias todas ellas que deben definir más profundamente a los poetas y la poesía en la época contemporánea”. Todo un plan de acción maestro, como se ve, lo suficientemente espeso como para que cualquiera entienda lo que sea; entre otras cosas que el infrarrealismo no-está-de-vuelta porque, para ser honestos, nunca se fue.

En efecto, la intención principal –si no es que única– de Perros habitados por las voces del desierto es llamar la atención sobre cómo el infrarrealismo es capaz de reinventarse y reaparecer hoy bajo un carácter de neovanguardia post. Según Rubén Medina la revuelta de los ismos históricos (dadaísmo, futurismo, surrealismo, etcétera) nunca sobrepasó los márgenes de la página; las vanguardias sesenteras y setenteras, en cambio, pusieron todo su empeño en fundir vida y poesía. Las casi sesenta páginas del prólogo reclaman para sí esa herencia y, siguiendo en más de un sentido los ejemplos de la Internacional Situacionista, aspiran a reconstituir el infrarrealismo actualizando, en pleno siglo XXI, ya no una insurrección utópica a la vieja usanza sino un arte pro, experimental y multidisciplinario, como quizá habría querido Guy Debord. De este modo, la antología reúne a diecinueve infras con obras tan tempranas como Reinventar el amor (Martín Pescador, 1976), de Roberto Bolaño, hasta el recientísimo Mapas de bolsillo (Tajamar Editores, 2014), de Bruno Montané. En el arco que va del invisible Bolaño a Montané, Rubén Medina recurre a algunos libros marginales –de cartoneras e incluso inéditos– lo mismo que a un gran número de títulos publicados con presupuestos universitarios y del Estado y, en un solo caso, el de Bolaño, bajo sellos globales como Random House (Lumen) o independientes y trasatlánticos como Anagrama y Acantilado. En este contexto, la probable vigencia del infrarrealismo estaría en relación directa con su inquebrantable vocación nómada, la que le ha permitido no solo atravesar el siglo sino adoptar y adaptarse a los previsibles tópicos de la posestética. Qué importa si, en su momento, Bolaño y Papasquiaro hablaron del infrarrealismo como un episodio fechado y dejado atrás.

El proyecto de un infrarrealismo activo es una posibilidad tentadora. Sin embargo, apenas si resiste la prueba de un sentido común mínimo. En efecto, Rubén Medina hace hincapié en una “nueva radicalidad”, determinada por una fuerte conciencia de la realidad y del papel del “productor de cultura” en la sociedad, lo que conduciría a una “ética de la vida diaria” que, supongo, también es nueva. De acuerdo con esto, el poeta infra se definiría por “una vida precaria pero no como precondición de su verdadera identidad y búsqueda (no estamos en tiempos de san Juan de la Cruz, ni tampoco se puede entender el infrarrealismo solamente a través de un esquema de clase social), sino como resultado de mantener una ética en la impositiva economía del mundo moderno global”. Dicho de otro modo, no tenemos por qué vivir como Darío Galicia, el infra de quien corrían leyendas sobre su trepanación (por lo demás cierta, hay poema de Bolaño al respecto), y al que solo Huberto Batis tenía la extravagancia de publicar en el suplemento Sábado de los años ochenta. Al parecer, Darío quiso fundar el primer partido comunista homosexual mexicano y alcanzó a publicar un solo libro, La ciencia de la tristeza, antes de apagarse en el anonimato, según testimonio del también infra Uriel Martínez. ¿Podríamos imaginar a Darío Galicia como autor de Perros habitados por las voces del desierto. Poesía infrarrealista entre dos siglos? Esto o algo parecido sería lo lógico. Pero no nos engañemos, en su nueva versión el infarrealismo no exige una marginalidad patética y patente. Quizá por ello, Darío ni siquiera aparece en esta antología, pese a que Bolaño lo consideraba el mejor poeta entre los infrarrealistas, junto con Mario Santiago. Aunque ya sabemos, Bolaño dijo tantas cosas, contradictorias entre sí muchas veces. La cuestión es que Rubén Medina es un PhD adscrito al área internacional de la Universidad de Wisconsin, en donde asiste como director del Global Cultures Certificate Program. Ejerciendo una ley no escrita característica de la academia en general y de la norteamericana en particular, desde ahí puede suscribir el discurso de la marginalidad y hasta manifestarse como antisistémico, siempre y cuando sea gracias al mismo sistema. ¿Hace falta decirlo? Si al igual que las vanguardias de principios del siglo XX el infrarrealismo “histórico” emergió espontáneamente, las neovanguardias de hoy parecen inconcebibles fuera del claustro universitario, las fundaciones y demás circuitos institucionales encargados de la “producción de cultura”. Para algunos de los fans del infrarrealismo la antología de Rubén Medina es todo un acontecimiento. Heriberto Yépez ha celebrado el volumen como una de las “obras literarias más importantes publicadas en México en esta época”, junto con su prólogo, “uno de los ensayos más completos que haya escrito un poeta mexicano en los últimos cuarenta años. […] Sospecho que vienen en camino otros ovnis”. Sin embargo, ahí donde Yépez ha comenzado a presentir ovnis yo apenas si puedo ver algo más que los despropósitos de una vanguardia de salón.

José Vicente Anaya dejó atrás el infrarrealismo y siguió escribiendo ya solo como José Vicente Anaya. Por simple lógica no cupo en esta antología. A Darío Galicia, acaso igual que a otros infras excluidos por Rubén Medina, lo condenó su propia radicalidad extenuada hasta el anonimato. Con Roberto Bolaño sucedió lo contrario: la demasiada fama nos privó de verlo aparecer en esta antología y de sus poemas aparecen solo los títulos seleccionados pero no el texto. Tales ausencias me parecen un tropo estupendo: el infrarrealismo se hace a un lado..., viva el infrarrealismo. ~