Una visita a Marius de Zayas, de Antonio Saborit y David Maawad | Letras Libres
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Una visita a Marius de Zayas, de Antonio Saborit y David Maawad

Desde 1982, cuando la institucionalidad cultural programaba una retrospectiva –que se canceló– para conmemorar el centenario de Marius de Zayas (Veracruz, 1880-Connecticut, 1961), mucho se ha aclarado en la percepción de esta figura titánica. Celebrado como artista plástico, gracias a la publicación de su obra escrita en esta última década hemos conocido al teórico y al crítico de arte que a través del oficio galerístico difundió su credo estético y vital. A la publicación de La evolución del arte moderno (Breve Fondo Editorial, 1998), manuscrito inédito de 1928 que buscaba presentar al público estadounidense la idea del arte moderno, siguió un texto fundamental para la historia del arte moderno en Estados Unidos. Cómo, cuándo y por qué el arte moderno llegó a Nueva York (DGE|Equilibrista/UNAM/Conaculta, 2005) revela, además de la fidelidad a una estética –el evolucionismo aplicado al arte y la idea de que el arte es expresión de su época, del Zeitgeist–, la repercusión que los trabajos de De Zayas tuvieron en Nueva York.

En las crónicas que De Zayas escribió para las diversas revistas en que colaboró y que se reúnen en Crónicas y ensayos (DGE|Equilibrista/UNAM/Conaculta, 2008) aquilatamos a un elegante cronista, a ratos influido por la prosa modernista de sus contemporáneos y de su propio padre, el escritor, político, periodista e ideólogo Rafael de Zayas Enríquez; o disfrutamos con fruición el humor y la ironía imbuida de wit que debió practicarse en aquel Gigante tendido, como Paul Morand llamó a Manhattan. Y así, al ilustrador, al caricaturista de vanguardia, al educador en el credo de la forma, al galerista y divulgador del arte moderno sucedió en nuestra apreciación el escritor, el cronista ingenioso y capaz de emprender un reportaje en el mejor estilo del periodismo moderno (“Los apaches de París”) mientras no dejaba de soslayar como las más auténticas cualidades suyas el don de la observación.

Antonio Saborit parte en Una visita a Marius de Zayas –libro que funge como un firme acercamiento biográfico a la vez que de panorama de la obra de De Zayas– de la idea de los mapas de Walter Benjamin. En un primer movimiento narra las guerras de la política y las ideas en el México finisecular. Comprende desde el necesario contexto que dilucida el carácter del padre –cuyo credo sociológico y su teoría de la raza serían decisivos en la conformación del punto de vista evolucionista de Marius– y las vicisitudes que su pasión política le causó, signando el derrotero del clan De Zayas, hasta la presentación de Marius como retratista en la prensa escrita.

En un segundo mapa situamos al cronista y caricaturista “mundano y teatral”, según fórmula de José Juan Tablada, trabando amistad con el fotógrafo e introductor del arte moderno en Nueva York y por extensión en Estados Unidos, Alfred Stieglitz, y convirtiéndose en una figura de la vida social neoyorquina.

Aún ahora cuesta pensar que un veracruzano cuya pluma preservaba figuras retóricas como el epíteto y cuya construcción favorita era la alegoría y el engarzamiento de metáforas, más un modernista que un moderno, fuera decisivo en la transformación del gusto en la posterior capital del arte: Nueva York. La faceta del intermediario cultural es el tercer mapa que ubica las andanzas de este moderno Mercurio uniendo literalmente ambos mundos.

Concluye Saborit su visita con un mapa donde vemos a De Zayas como un teórico de la estética del Modernism. Esta teoría que proponía una reconsideración desde el punto de vista formal de la historia del arte se expresó igualmente en la vertiente de De Zayas como marchand. Rotas las relaciones con su socio parisino, De Zayas abandonó la escena pública. Emigró a París y se aisló en su castillo de Rivoiranche, al sur de Grenoble. Complementa al bello libro preparado por el fotógrafo y diseñador David Maawad y Alberto Tovalín –responsables respectivamente del diseño y de la coordinación– una abundante y bien presentada muestra de la obra plástica de De Zayas.

Escribía Saborit en el prólogo a Cómo, cuándo y por qué... que la relación de De Zayas con la recepción del arte moderno en Nueva York preparaba el camino para estudios posteriores sobre Alfred Stieglitz, las revistas que él fundó y la propia galería de De Zayas. Y afirmaba: “La vida y la obra de De Zayas, en cambio, no tuvieron un cronista a la altura de su propia generosidad y desapego ni de su interés por fijar algunos de los acontecimientos en la creación de públicos para el llamado arte moderno en Nueva York.”

Me gustaría imaginar a Saborit escribiendo estas líneas y sintiendo un ligero cosquilleo, la excitación intelectual que indica que hay una veta ahí en esa superficie inextricable. Hoy podemos aclararle que su afirmación ha dejado de ser cabal. La vida y la obra de De Zayas han tenido en Saborit un cronista a la altura del veracruzano excéntrico. Y nosotros, mexicanos de otro comienzo de siglo, estamos recuperando a una figura que situó a México en el escenario de la vanguardia mundial. Ciertamente aún quedan muchas facetas por descubrir y estudios por venir pero la tarea de Saborit ha sido fundamental para la recuperación de un mexicano que nunca renunció, pese a los empeños de sus enemigos políticos, a su patria, a la patria de sus antepasados, dijera Rafael de Zayas. ~