Si en otro mundo todavía | Letras Libres
artículo no publicado

Si en otro mundo todavía

Jorge Fernández Granados

Si en otro mundo todavía.

Antología personal

Oaxaca, Almadía,

2012, 232 pp.

De Jorge Fernández Granados hay, por lo menos, dos versiones. La primera se asume como una suerte de vehículo intemporal donde la poesía habla solo consigo misma. Otra, razonablemente introspectiva, refiere una experiencia y una evocación en las que la genealogía íntima exige mantener los pies en la tierra. Confieso que prefiero la segunda posibilidad: un poeta de inclinación emotiva ajeno a todo léxico quintaesenciado. Dicho lo anterior, no entiendo la razón de un libro como Si en otro mundo todavía.

Con frecuencia oímos que un autor no siempre es el mejor juez de su propia obra; sin embargo, también es común ver cómo alguien, tras el reconocimiento patente del medio, cede a su propio recuento. El resultado entra en la lógica de la crítica o, según el ejemplo, de la autocrítica. El asunto puede convertirse en problema no porque el autor haga de su antología otra forma de la creación sino porque, a veces, se limita al índice de lo más “ilustrativo”. En ese orden, más que un ejercicio de autocrítica, Si en otro mundo todavía es una selección cronológica, una antología representativa en la que el autor repara en sus primeras dos décadas de trayectoria, con seis títulos en el haber.

Su primer libro fue de 1990, La música de las esferas; a este le siguieron El arcángel ebrio (1992), Resurrección (1995),El cristal (2000), Los hábitos de la ceniza (2000) yPrincipio de incertidumbre (2007). Entre los cuatro volúmenes iniciales yLos hábitos de la ceniza el contraste es serio. Claro, no me refiero a diferencias de oficio que delaten una madurez paulatina, sino a poéticas radicalmente opuestas. En esos primeros títulos la poesía de Jorge Fernández Granados resultaba consecuentemente poética, es decir, daba por sentada una realidad donde solo determinados temas y léxico parecían consustanciales al poema. Dando pie a una suerte de sublimada elocuencia, la norma era aquí el fraseo eufónico y el vocablo de orfebre, la imagen estetizante y el precipitado de esencias (cf. “Alondras que mueren deslumbradas”). Sin embargo, con Los hábitos de la ceniza irrumpe una expresión donde la retórica trabaja en favor de una experiencia más bien personal. Si por razones insólitas el autor se había permitido rendir tributo a un pasado cátaro (“Montsalvat”), en los poemas de este libro encontramos personajes más familiares en lugares y fechas también concretos. Ya no se habla de la leyenda de una montaña sagrada en donde, dicen, se encuentra el Santo Grial o algo, sino del padre, la abuela o de aquellos seres cuya presencia marca la infancia. Toda una genealogía íntima transformada en mitología personal. Asimismo, los poemas se titulan “Xihualpa”, “Neme”, “Exilio” o “Genética”, etc. Principio de incertidumbre amplía los límites de una poesía entendida ahora como experiencia directa, individual o de época pero en tiempo real (“Mp3”, “Zonacero”). Ignoro en qué medida una lectura a fondo de José Emilio Pacheco incidió en esta nueva perspectiva. Más allá de que Jorge Fernández Granados es autor de una antología de Pacheco, las afinidades son obvias, sobre todo en el retrato lírico y el bestiario, aparte de una impaciencia moral característica que pone a flote las indigencias del presente. Significativamente, Los hábitos de la ceniza y Principio de incertidumbre tienen un mayor peso en las páginas de Si en otro mundo todavía. Ambos configuran una entidad aparte gracias a la cual, sin duda, Jorge Fernández Granados cuenta entre quienes han escrito un puñado de poemas identificados por sus contemporáneos. (“Non serviam” es, en efecto, uno de los momentos más desoladores de nuestra poesía.)

Insisto en lo que anoté al inicio. No veo la necesidad de colocar en un mismo plano de lectura dos concepciones totalmente opuestas. A la primera le corresponde una intemporalidad literaria, de motivos y figuras de lenguaje prestigiosos, cuando no afectados. Por su parte, el otro perfil revela a un poeta obsedido por la fugacidad del tiempo, tópico descaradamente literario también aunque, hay que señalarlo, el tempus fugit latino se cumple aquí dando forma a una historia y experiencia directas. El contraste solo hace evidente la contrariedad básica de Si en otro mundo todavía: ¿por qué no un balance que liquide lo prescindible?

Desde luego, uno puede echar de menos cierta conciencia que ponga en duda no solo la vigencia de ciertas poéticas sino a la poesía misma. Algunos de los experimentos más interesantes provienen de la intemperie de una práctica que ya no se la cree, cuando hace rato que la poesía no tiene un lugar indiscutible en el mundo. No me refiero, por supuesto, al menosprecio de la edad moderna por la figura del poeta, marginalidad congénita que explica el soberbio aislamiento de un Baudelaire –quien no escribía para un público sino en contra del público, precisamente–. En este caso, se trataba de una reserva significativa, la de quien escribe para unos cuantos, los de valía. Por el contrario, hablo de una especie cercada por usos que niegan a la poesía; los que desde una virtualidad multitarea, por ejemplo, clausuran las formas del poema como un fin en sí mismo y, al cabo, ponen en entredicho la pertinencia del género tal y como lo hemos conocido. En ese contexto, loshappy few de hoy encarnan más bien una subcultura, un nicho antes que una minoría decisiva. Por su parte, Jorge Fernández Granados es un autor al que jamás se le ocurriría descreer de su oficio. Para él hay un antes y un después: la tradición, es decir, una idea de tradición con la que dialoga, así se lo confirma. Aunque tratándose de arte lo único evidente es que ya nada es evidente, según decía un famoso. Por lo mismo, cada vez es más difícil no solo escribir sino leer esas formas de la poesía particularmente satisfecha. ~