Restaurando espectros | Letras Libres
artículo no publicado

Restaurando espectros

En su novela, Ave Barrera hace un llamado de atención contra el machismo inserto en nuestra literatura y en nuestra sociedad contemporánea.

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Hay novelas que horrorizan por sus tramas perversas, plagadas de personajes diabólicos y de ultratumba. Pero quizá las más terroríficas de todas son las que nos devuelven un reflejo nítido y auténtico de nosotros mismos. Tal es el caso de Restauración de Ave Barrera, novela galardonada con el premio Lipp La Brasserie 2018. En esta, la joven autora jalisciense hace una clara llamada de atención contra el machismo incrustado en nuestra literatura y en nuestra sociedad contemporánea.

Aunque en primera instancia esta narración es una reescritura de Farabeuf, Restauración es una historia aislada y contraria que impulsa el protagonismo femenino inexistente y silenciado en la trama de Elizondo. Barrera cuenta la historia de Min, una joven restauradora que se desvive por mantener a flote su relación amorosa con Zuri, un fotógrafo atribulado e inmaduro. Cuando éste le encarga restaurar una antigua casona neocolonial que le heredó su tío abuelo, Min acepta con la esperanza de revivir su vínculo espectral.

¿Historia de terror? ¿Thriller psicológico? ¿Novela feminista? Es difícil encasillar una obra que nos hace experimentar una cantidad de emociones opuestas, porque leer Restauración es como escuchar una canción de The National –el conjunto norteamericano mencionado en alguna parte de la historia–, disfrutar con el arrullo de las entrecortadas guitarras y de pronto sentir una profunda tristeza, una saudade, una nostalgia de añorar lo que pudo haber sido pero que nunca será. La dualidad es un tema recurrente a lo largo de la historia. El ying y el yang, la violencia y la armonía, la masculinidad y la feminidad, el pasado y el presente, los espectros y los vivientes, el sueño y la vigilia.

Tras aceptar el encargo de su novio, la protagonista cruza el umbral de la mansión decadente con un aire de inocencia y expectativa. A través de un lenguaje lírico, preciso y magistral, Barrera describe los rincones maltrechos de la antigua casona neocolonial, el lector es transportado a sus rincones en ruinas y se convence de que en esos espacios podría ser realmente feliz. Pero esta ilusión acaba por derrumbarse con rapidez. Cuando Min comienza su labor de restauración, la película polvorienta, ese denso vaho que envolvía las habitaciones de la casa, se difumina y desvela el sórdido y violento pasado que se vivió ahí.

De pronto la historia de Min y Zuri se convierte también en la historia de Eligio y Gertrudis, los antiguos habitantes de la propiedad. La autora juega con los tiempos de manera dinámica e intercala las dos tramas como si se tratara de un diálogo fragmentado. El presente se vuelve un claro reflejo del ayer, y éste último parece ser una guía, un guion que debe ser respetado. La anagnórisis en la novela sucede a través de las constantes idas y venidas en el tiempo. Min acaba reconociéndose en la esposa del tío abuelo de Zuri y en el clímax decide zafarse del rol que debía seguir, rol que Ger no pudo incumplir. Al igual que Angela Carter en La cámara sangrienta, Ave Barrera reivindica a todos esos personajes femeninos que fueron víctimas de un destino violento y aparentemente indeleble.

“Era mejor no preguntarse qué había dentro, ya se sabe lo que le pasa en los cuentos a las mujeres que abren las puertas que los hombres les prohíben”.
Ave Barrera

 

Tanto en el relato de La cámara sangrienta, como en Restauración ambas protagonistas deciden desobedecer a sus amos y atenerse a las consecuencias que implica conocer la verdad. A pesar de los constantes maltratos sufridos por los personajes femeninos de la novela de Barrera, podemos ver en Min, Gertrudis y Oralia un ejemplo de resiliencia y sacrificio, en contraste con algunos de los personajes masculinos –Zuri, Eligio y Chava–, los cuales son en distintos niveles hombres misóginos y crueles que no sienten ningún tipo de culpa por sus acciones y que no están dispuestos a cambiar.

La trama de esta novela corta es trepidante y reveladora. Infidelidades, rituales, un aborto, una tétrica sesión fotográfica, reacomodos y limpiezas forman parte de la historia. La protagonista pasa de un profundo enamoramiento a una resignación total, marcando la evolución de su arco dramático. Tras dar por concluido el proceso de restauración, Min acaba por restaurarse a ella misma, a sabiendas de que se convertirá en un fantasma de lo que fue.

“Bien lograda, la restauración es ir en contra del avance natural del caos y el olvido, es contradecir a la muerte al reconocer su paso, abrir la puerta y dejar que atraviese, que cohabite con nosotros. Restaurar es fabricar un bello fantasma”.
Ave Barrera

 

Son urgentes y necesarias más propuestas como las de Ave Barrera, historias que cuestionen las ideas romantizadas que pueden ser nocivas y retrógradas.

 

Realizado para Bookmate por Paola Garza.