Mandelstam (fragmento) | Letras Libres
artículo no publicado
Nórdica Libros

Mandelstam (fragmento)

Por cortesía de Nórdica libros, publicamos un fragmento de Mandelstam, un volumen que reúne a dos de las voces más representativas de la literatura rusa del siglo XX.
Mandelstam

Mandelstam, volumen publicado por la editorial Nórdica Libros, es un homenaje a Anna Ajmátova (1889-1961) y Ósip Mandelstam (1891-1938), dos de los más grandes poetas y escritores rusos del siglo XX. Las voces de estos dos amigos, quienes sufrieron la persecución del estalinismo, se reencuentran a través de una serie de poemas y de cartas que intercambiaron en el tiempo.

El libro también recopila el texto que Ajmátova escribió en memoria de Mandelstam, denunciado, arrestado y condenado al destierro tras haber escrito un epigrama en contra de la figura de Stalin, en 1934. Cuatro años más tarde, el poeta falleció en un campo de tránsito soviético. 

… 28 de julio de 1957

y la muerte de Lozinski de alguna forma cortó el hilo de mis recuerdos. No me atrevo a recordar algo que él ya no puede confirmar (sobre el Taller de los Poetas, el acmeísmo, la revista El Hiperbóreo, etc.). A causa de su enfermedad, los últimos años nos vimos muy poco, y no me dio tiempo a terminar de hablar con él de algo muy importante y a leerle mis versos de los años treinta (es decir, Réquiem). Es muy probable que por eso él, en cierta medida, continuara viendo en mí a aquella a la que una vez conoció en Tsárskoie Seló. Algo que averigüé en 1940, mientras mirábamos juntos las correcciones de la antología De seis libros.

Algo parecido me sucedió con Mandelstam (quien, claro está, conocía todos mis versos), pero de una manera diferente. No sabía recordar, más bien para él recordar era un proceso —al que no voy a poner nombre ahora—, uno que no cabe duda de que estaba cercano a la creación. (Un ejemplo: San Petersburgo en El ruido del tiempo visto con los ojos resplandecientes de un niño de cinco años).

Mandelstam era uno de los interlocutores más brillantes: se escuchaba no solo a sí mismo y respondía no solo a sí mismo, tal como hacen ahora casi todos. Al hablar era cortés, agudo e infinitamente variado. Nunca oí que se repitiera o que hablara con temas manidos. Ósip Mandelstam aprendía idiomas con increíble facilidad. Recitaba de memoria en italiano páginas y páginas de La divina comedia. Poco antes de morir le pidió a Nadia que le enseñara inglés, del que no sabía nada. De poesía hablaba deslumbrando, con pasión y, a veces, era extraordinariamente injusto, como con Alexander Blok, por ejemplo. De Pasternak decía: «Pienso tanto en él que estoy hasta cansado» y «Estoy seguro de que no ha leído ni una sola de mis líneas». De Marina: «Soy anti-Tsvietáieva».